
La banda de gira

Publicado por Christian 6 comentarios
Marilina en el microestadio de Atlanta
Al día siguiente, el presidente electo Raúl Ricardo Alfonsín asumiría en su cargo y los argentinos pondrían fin a la dictadura militar. Además, Marilina dejaría de estar prohibida en los medios de comunicación y eso marcaba un reencuentro y un nuevo punto de inflexión en su carrera. Entonces, junto con su público, cantaron sus esperanzas y encendieron sus soles para que la noche se disipe. Y nuestra tierra, que amanecía y despertaba, sólo podría crecer, si se asumían esas "tantas cosas que hacer en el mundo". El proyecto de país era una responsabilidad colectiva que sólo se lograría desde lo mejor que pudiera aportar cada uno.
Publicado por Christian 2 comentarios
Etiquetas: 1983, A MIS QUERIDOS SERES, Marilina en Atlanta, VIDEOS
Publicidad de Marilina en Atlanta
Publicado por Christian 0 comentarios
Etiquetas: 1983, A MIS QUERIDOS SERES, IMAGENES, Marilina en Atlanta
Marilina parece de 20, pero cantó los 40
Marilina parece de 20, pero "cantó" los 40

Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!
Publicado por Christian 0 comentarios
Marilina dice que continúa prohibida
La conocida actriz y cantante duda sobre su futuro en el país.
Marilina dice que continúa prohibida

Poco después de finalizada la actuación, compartimos una copa con Marilina y entablamos un diálogo en el que la actriz y cantante aclaró algunos aspectos referidos a la prohibición que pesa sobre ella.
"No sé a qué atribuirlo -dijo- pues no he cometido delito alguno para que se me hiciera esto. Mucho me gustaría que alguien me dijera la razón de esta medida".
"No me considero una persona de izquierda" y estimó que la prohibición de su aparición en medios de comunicación en manos del gobierno puede deberse a su "vinculación con el peronismo".
Sostuvo Marilina Ross que el peronismo "encuadra mi ideología política".
"Hablo en tiempo pasado, puesto que hoy estoy muy confundida. Lo mismo que el peronismo y en razón que me encuentro retirada de la política en general -explicó la actriz y cantante- mi alejamiento obedece a que considero que en la actualidad es impracticable la tercera posición que sustentara el general Juan Perón".
"La doctrina justicialista -dijo- es muy difícil ponerla en práctica en el mundo en este momento. Ahora no se puede ser independiente, no se puede aislar la situación interna del país del contexto mundial, el mundo está repartido ya y esto es inamovible, solo la sangre puede cambiarlo y creo que la sangre no vale la pena para un cambio así. No quiero que muera nadie más".
"Este momento político por el que atraviesa el país lo veo muy confuso, muy caótico, no lo tengo nada claro, pero debo decir que tampoco me interesa demasiado. Mi estancia en Europa me clarificó mucho las cosas, y es así que puedo estimar que no es el proceso argentino, es el universo, la humanidad, que está mal, como lo digo en una de mis canciones".
"Sobre mi prohibición en los medios masivos de comunicación del Estado, quizás se deba a que viajé en el charter que iba a buscar a Perón, no existe otra explicación plausible, será porque fui peronista, y en la vidriera. El 80 por ciento del pueblo votó por Cámpora, pero yo lo dije por televisión".
"Que yo sepa, no se han caído las vallas erigidas para impedir mi actuación. Ello, pese al proceso que se vive de manifestada búsqueda de la democracia, ahora, y aquí, sigo estando prohibida".
Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!
Publicado por Christian 0 comentarios
Las listas negras
Marilina Ross - Las listas negras

Prácticamente el día del golpe militar del ´76 aunque yo me enteré poco después. Me fui enterando de a poco, porque en realidad nunca hubo una comunicación oficial respecto de mi prohibición. Yo estaba haciendo en teatro "El gran soñador" con Luis Fisher Quintana, era una obra muda, basada en danzas y mímica.
Había arreglado con Andrés Percivale ir a su programa de "Canal 13". Me llamó entonces Andrés para decirme que lamentablemente no iba a poder ser porque en el canal le habían comunicado que yo no podía aparecer. Esto debe haber sido por abril del ´76. Entonces Andrés me dijo: "dejame que yo voy a tratar de arreglarlo". Y realmente lo intentó y pudo, pero a medias. La negociación fue ésta: que yo fuera al programa pero que no hablara. Como la escena que teníamos que hacer era muda no hubo ningún inconveniente para llevarla a cabo. Después me sentaron en un sillón junto a los demás invitados y todos hablaban menos yo. Simplemente me reí todo el tiempo. La cámara pasaba por delante de mí y yo me reía. Nadie me preguntó nada, estaba ahí como una convidada de piedra. Fue algo absurdo y ridículo.
Después, varias notas de distintos canales que estaban programadas con antelación se iban suspendiendo misteriosamente. "Se rompió el orticón" me decían a veces, "ya te vamos a llamar", "se suspendió el reportaje", "no va la nota". Esas eran las excusas. Hubo una persona de "Canal 7" que me iba a hacer un reportaje. Un día me dijo que no podía hacerlo, "te llamo y te explico después". Me llamó, efectivamente, y nos encontramos fuera del canal. Allí me explicó que yo estaba prohibida. Seguí haciendo teatro pero obviamente sin poder promocionar la obra. Mi compañero, Luis Fischer Quintana, quien no estaba prohibido, iba a las radios y hablaba de la pieza pero sin poder mencionarme a mí, y éramos solamente dos personajes. O sea que ni siquiera me podían nombrar. Continué con "El gran soñador" todo ese tiempo hasta agosto del ´76 en que todo el malestar de aquí coincidió con el éxito que en España estaba logrando "La Raulito" y con los contratos que empezaron a llegarme desde allá. Entonces me fui a España a hacer dos películas. O sea que coincidieron mis dificultades aquí con el mercado que casi mágicamente se me abría en España.
¿A usted nadie le puso una pistola en la cabeza diciéndole "o se va o la matamos"?
No en el ´76. Eso me pasó antes, en 1974, cuando formé parte de una lista de amenazados de muerte. Pero no me fui, me quedé y filmé "La Raulito". En el ´76 no tuve amenazas de muerte, se dieron las dos circunstancias que plantee antes. De no haber surgido la posibilidad de España tal vez me hubiese quedado aquí.
¿Cómo fue su vida en España?
Fue muy dolorosa, porque yo tengo una personalidad, estoy atada a mi tierra, mis afectos. Como soy hija de españoles pensé que podría encontrar mis raíces allá, pero no, evidentemente uno es de donde se cría o donde pasa su infancia. Y a pesar de haber sido recibida allá con todos los honores y todo el reconocimiento y el respeto del público español y de los profesionales españoles ("La Raulito" estuvo un año y medio en la sala del estreno) sentía que estaba en una tierra que no era la mía aunque fuera la de mis ancestros. En España hice siete películas pero yo no estaba bien, entonces mi rendimiento era a media máquina. De los trabajos que hice allá, poniéndome rigurosa apenas si puedo rescatar alguna que otra escena. Tuve muchos altibajos, no fueron buenos trabajos porque yo estaba mal. Los dos primeros años fueron realmente muy difíciles y ahí quedó bien en claro para mí que mis objetivos no eran ni el dinero ni la fama. Las dos cosas tuve en España y sin embargo andaba llorando por los rincones. En lo concerniente a la música, tampoco pude componer intensamente. La canción "Soles" empecé a escribirla en España y allá no logré terminarla. Pude llegar hasta un punto y ahí me frené. Comencé a escribir así: "El sol de mi guitarra huyó/desolada quedé y sola sin el sol/en mi traté de descubrir adónde el sol se fue/y el mi se fue con él/el fa no pudo contestar/la soledad tal vez vivía entre los dos/ el si por fin dijo no sé/ni el do ni el la ni el re pudieron responder". Hasta allí la compuse en España porque era la desolación realmente, la ausencia de sol. De ahí en adelante me puse a escribir la música, sabía que el sol tenía que entrar pero no lo encontraba, no estaba dentro de mí. Cuando volví a mi país lo encontré y compuse el resto de la canción, que me llevó tres años terminarla: "De repente una mañana/ de mi pecho se escapó/una voz que me decía/por aquí está el sol/Y empezamos a andar/entre telarañas de un viejo disfraz/y rostros de amores que ya no están/Siento que remonto vuelo y voy planeando en espiral/ sobre muertos no olvidados/sobre el bien y el mal/y la niña que fui/se alegra de verme llegar al final/donde el sol va a dar a luz el amor/y canta/aunque no lo veamos el sol siempre está".
¿Todo eso la impulsa a volver?
Me fui a España con pasaje de ida y vuelta. Creí que iba a filmar dos películas y que retornaría inmediatamente. Y estando allá me fui enterando mucho mucho más que si estuviera aquí de lo que estaba pasando en mi país, del despropósito, de la incoherencia, de las injusticias, de las desapariciones de personas que yo conocía muy bien y sabía positivamente que no tenían nada que ver. Y allá todos me decían que tenía que seguir en España y desde acá me escribían y me decían "quedate". Y el miedo se apoderó también de mí con lo cual mi situación se hacía cada vez más insostenible. A mediados del ´80 me vine hasta el Uruguay con pasaje de ida y vuelta a España y volví a perder la vuelta. Crucé el charco y me dije: "bueno, vamos a enfrentar esos miedos, vamos a ver qué pasa en mi tierra". Y un poco arrastrada por el amor, otro poco empujada por la muerte de Luis Politti en España, decidí quedarme aquí. Porque Luis allá se murió de tristeza, no quería saber nada con la vida, se dejó morir. Yo pensé que me podía llegar a pasar lo mismo, por eso me vine, por eso me quedé. Y no fue nada fácil para mí, porque el miedo no lo tenía yo solamente, lo tenía mucha gente.
Entonces hubo gente que me rehuyó la mirada, amigos míos que se hacían los que no me veían, tal vez para no comprometerse. Yo con todo esto aprendí mucho, aprendí que a los miedos no hay que guardárselos, hay que enfrentarlos, darles la cara. En la noche, cuando se siente un ruido, uno puede taparse con la frazada y hacer de cuenta que no oyó nada o puede levantarse y averiguar de dónde vino ese ruido. Esto último es lo que hay que hacer, enfrentarlo, la mayoría de las veces el ruido desaparece en el aire como un fantasma.
Usted en España a pesar de su nostalgia tuvo un digno pasar, ¿conoció gente que las pasó realmente muy mal?
Eso era espantoso. Además lo viví muy de cerca, con gente a la que admiro profundamente y que se vio obligada a hacer pequeños papeles en alguna película, sin ningún tipo de reconocimiento. Tuvieron que empezar de nuevo allá después de haber conseguido éxito aquí, tras muchos años de sacrificio. Eso fue realmente espantoso y no quisiera vivirlo otra vez.
Aunque nunca nadie se lo dijo, ¿usted se preguntó a sí misma cuál sería la causa de su inclusión en listas negras?
Es una respuesta que me he negado a dar cada vez que me formularon esa pregunta. Encontrar una respuesta válida sería darles la razón a ellos. Yo no he cometido nunca el menor delito. Es más, María Celina Parrondo, que es mi verdadero nombre, no está prohibida, sí lo está Marilina Ross. Al punto que cuando Sandra Mihanovich me pidió el tema "Puerto Pollensa" para grabarlo yo le sugerí que pusiera María Celina Parrondo, porque si ponía Marilina Ross no se lo iban a difundir. Y así pasó, María Celina Parrondo salió por todas las radios, por la televisión. O sea que yo ciudadana no estoy prohibida, la que está vedada es la figura pública de Marilina Ross.
Revisando la lista de prohibidos, ¿encuentra alguna coherencia?
Sí, llego a la conclusión de que ninguno debiera estar allí. No hay motivos para que alguien figure en una lista y no pueda trabajar.
Desde que volvió, ¿recibió amenazas, llamadas anónimas?
Muchísimas. Las más comunes son "si vas a cantar esta noche a tal lugar te volamos a vos y al local". Y yo voy igual, siempre fui y nunca me pasó nada.
¿Cuál es a su juicio el objetivo de las prohibiciones?
El objetivo de ellos es romper el vínculo entre el artista y su público. Y eso no lo lograron. Los medios de comunicación son el enlace entre ambos, y aún privándonos de la televisión y las radios no pudieron destruir ese vínculo. O sea que las listas negras no les sirvieron para nada.
¿Hubo gente que ocupó los espacios de los prohibidos?
Eso se da siempre, aun en circunstancias no tan extremas como ésta. Pero sí, hubo gente que se calló la boca y ocupó nuestros espacios. Pero yo no los juzgo, hasta los entiendo, sobre todo a aquellos que tienen hijos que mantener.
¿Perdió amigos?
Claro que los perdí, Luis Politti por ejemplo. Y también gente amiga que fue asesinada, como Carlos Mugica.
Cuando volvió e intentó trabajar como actriz, ¿fue agredida?
En el ´81, en el teatro Planeta reemplacé a Alicia Zanca en "Boda blanca". Una noche explotó una bomba de gamexane. Fue fantástica la reacción de la gente. Empezó a salir un humo insoportable y se desalojó la sala. Al rato la gente retornó y reanudamos el espectáculo. Pasaron apenas unos minutos y estalló otra bomba. Otra vez se produce la estampida hasta que la gente ingresa nuevamente y comienza a revisar las butacas. Yo desde el escenario me dirigí al público y pregunté si deseaban que continuáramos la representación. El aplauso fue realmente conmovedor, razón por la cual seguimos con el espectáculo.
Ante todas estas agresiones, ¿cómo reacciona usted?
Sin poder hacer cine ni televisión no sabía de qué trabajar, porque en realidad yo sé hacer muy pocas cosas para ganarme la vida. Pero como sé manejar muy bien pensé que a lo mejor con un taxi me las podía rebuscar y ganar plata para comer, porque vivo de mi profesión y bastante al día. Yo no tengo una cuenta bancaria. Recién ahora, con la música, puedo vivir cómodamente. Entonces, estaba un día paseando en Córdoba y me proponen cantar en un boliche muy chiquito. Lo hice un fin de semana y fue una gran experiencia, porque sentí que allí, yo solita con una guitarra estaba contando mi vida. Volví a Buenos Aires y me contratan para actuar en un "pub" los fines de semana. Se llenaba, porque como dije antes no lograron romper el vínculo. Ese lugar quedó chico y pasé a otro más grande porque también yo fui creciendo. Después empiezo a grabar.
¿A la cantante le han hecho notas?
Yo grabo en el sello CBS, que tiene planificada una promoción vendida a todas las radios pero ni siquiera pagando lograron que me difundieran. Algo similar ocurre en la televisión estatal, en los cuatro canales capitalinos. Hay un tape de promoción grabado y ningún canal lo puso en el aire. No ocurre eso en algunos sitios del interior. Pero todo depende del lugar, en un sitio sí, en otro no. Hace poco estuve en Tucumán y quienes me contrataron habían arreglado el contrato con un teatro municipal. De repente no sé quien se enteró y dijo "no, Marilina acá, no". Los empresarios fueron a hablar con el gobernador Merlo, quien autorizó mi actuación. Pero el otro, que ni sé quien era, creo que de Cultura de la Municipalidad dijo "no me importa lo que diga el gobernador, Marilina acá no va". Y no pude actuar en ese teatro. Otra vez llegué a Rosario. La compañía de discos me lleva a una radio. Entro al estudio y me preparo para el reportaje. De repente desaparece el locutor que debía hacérmelo. Al rato me dicen que "no va la nota". Salimos de allí, fuimos a otra radio y ahí sí pude hablar. Todo es muy absurdo y muy arbitrario. Y no solamente con el tema de la música, hubo un productor que me necesitaba para una película, porque tenía el papel exacto para mí. Entonces movió cielo y tierra y llegó hasta el mismísimo presidente de la Nación, que era el general Viola. El presidente dijo "sí" pero hubo otra gente que dijo "no". O sea que aun estando el "O.K." del presidente alguien dijo "no" y no pudo ser.
De todos modos a usted le importa poco la actriz que ha sucumbido ante la cantante...
Claro. Frente a la imposibilidad externa, esto no me generó rencor o impotencia porque nunca me dí la cabeza dos veces contra la misma pared. Descubrí entonces que la música, que era mi gran amor desde siempre y a la que nunca le había dado espacios dentro de mí, coincidía con toda esta situación y decidí aprovecharlo. O sea que todo sirve, hasta de las cosas más dolorosas se puede sacar provecho, siempre y cuando uno esté claro y alerta y pueda encontrar la viabilidad de lo que quiere hacer.
¿Pero no le queda ningún resentimiento?
No, porque ellos al prohibirme me posibilitaron este encuentro con la música, el haberme ido a España, todo mi crecimiento. A veces darle un sopapo a un chico vale más que diez mimos. Parece ser que es inevitable pasar por el dolor para poder crecer. La vida no es rosa para nadie, para ninguna persona ni para ningún país. La vida no es llegar a un sitio, la vida está donde uno camina. Si todos aprendemos de lo que nos pasó y nos está pasando, podremos salir fortalecidos. Creo que para nuestro país ha llegado el momento del renacimiento. Siempre y cuando aprendamos a ver la verdad dentro de este pozo en el cual estamos sumidos. A tal punto es verdad que salí crecida de todo esto, que ya he rechazado propuestas para trabajar como actriz. En este momento para mí lo más importante es la música, escribir, componer. Siento que mis recitales sirven, no sólo a mí sino a la gente. Siendo actriz estoy transmitiendo mensajes ajenos, soy simplemente una intermediaria entre un autor y el público. Con mi música no, yo soy la autora, digo las cosas que quiero decir. Nunca como ahora fui tan coherente con lo que pienso, hago, transmito y recibo. Ahora soy yo totalmente. Aunque parezca una paradoja, todo esto se lo debo en gran parte a los señores que me prohibieron.
¿En aras de esa coherencia, compone usted sobre las cosas que nos pasaron o nos pasan?
Por supuesto. A mí me pidieron un tema para el día de la madre. Todavía no lo grabé. Se llama "La plaza blanca" y dice así:
Recuerdo cuando en la plaza
vi a los hijos con las madres
que cantaban y saltaban
que jugaban a ser grandes
los hijos junto a las madres.
Pero llegó la tormenta
cuando terminó el verano,
la plaza quedó desierta,
ni las palomas quedaron,
sólo las madres volvieron
madres que siguen buscando
a los hijos que dejaron
en esa plaza jugando
jugando a que ya eran libres,
jugando, sólo jugando.
Fuente: BARULICH, Carlos, "Las listas negras", El Cid Editor, 1983, págs. 151 a 162.
Muchas Gracias Fernando de Rosario por compartir esta nota y Silvina por tipearla
Publicado por Christian 1 comentarios
Etiquetas: 1983, Boda blanca, El gran soñador, PRENSA, SOLES
Otra vez prohibieron a Marilina: no pudo presentarse en Balcarce
Otra vez prohibieron a Marilina: no pudo presentarse en Balcarce
Así lo hizo saber el representante de la cantautora, Rubén La Rosa, quien manifestó entre otras cosas que "yo había viajado expresamente a Balcarce para firmar el contrato con el responsable del área de Cultura, estaba todo arreglado, pero cuando llegué a su despacho, en primera instancia me dijo que la comuna no iba a firmar el contrato porque estimaba que no iba a ser negocio la presentación de Marilina, entonces, yo le manifesté que eso no le incumbía a las autoridades porque tomábamos el teatro por un "fijo" y no a porcentaje.
Como para estirar y dar un poco más de excusas, el responsable de Cultura dijo que "todos los que la querían ver ya habían viajado a Mar del Plata, así que no tiene sentido presentar a la cantante aquí". Inmediatamente aduje que eso no era factible, ya que no todos tienen la posibilidad de hacer un viaje de 150 kilómetros con todos los gastos que ello implica. "Fue en ese momento -continuó diciendo La Rosa- cuando me manifestó que el secretario del intendente había leído la nota que publicó el diario EL ATLÁNTICO en la que Marilina manifiesta que está prohibida y que por esa razón lo había llamado el secretario para decirle que en un teatro del Estado no podía actuar una actriz prohibida por el mismo".
La Rosa continuó diciendo que "eso no me asustó, además ya hay antecedentes en esa comuna que son realmente inauditos y que no tienen comparación. En octubre, la actriz China Zorrilla tenía todo previsto, desde largo tiempo atrás, para presentarse el día 15 en el teatro Municipal pero sorpresivamente, recibió un telegrama ocho días antes en el que un representante de esa Municipalidad anunciaba la cancelación de la actuación de China haciendo "Emily", una obra que se ha dado en todo el país y que no está prohibida, porque "el poder adquisitivo de la población no era para ese espectáculo". Esto es increíble, están limitando la cultura, es un teatro nuevo, con una consola que no hay una en Mar del Plata, está equipado de lo mejor y no tiene uso popular. Es increíble. Además la gente del lugar me ha comentado que no lo alquilan a nadie, siempre tienen pretextos para no darlo. El último espectáculo que hicieron fue la actuación de una orquesta de cámara e ingresaron solamente 50 personas a la sala. ¿Eso es popular?
Es de señalar que en el artículo aparecido en EL ATLÁNTICO, la actriz y cantante Marilina Ross aclaraba algunos puntos en relación con su actual estado, manifestando -como lo ha hecho en varias oportunidades- que está prohibida en el país, pero que no conoce los motivos de la misma, además de comentar ciertos aspectos para que no queden dudas o zonas oscuras respecto a su actual posición.
Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!
Publicado por Christian 0 comentarios
Publicidad de Marilina en Obras
Publicado por Christian 0 comentarios
Etiquetas: 1983, IMAGENES, Marilina en Obras
Foto de Marilina en Atlanta

Publicado por Christian 0 comentarios
Etiquetas: 1983, A MIS QUERIDOS SERES, IMAGENES, Marilina en Atlanta
Publicidad de "A mis queridos seres" en Atlanta

Muchas Gracias Gaby por compartir esta imagen!!
Publicado por Christian 1 comentarios
Etiquetas: 1983, A MIS QUERIDOS SERES, IMAGENES, Marilina en Atlanta
Para ser humano

Bajar Para ser humano
Fuente de la imagen y la información: A estos hombres tristes
El audio es un aporte de Marilina. Muchas Gracias María!!
Publicado por Anónimo 0 comentarios
Etiquetas: 1983, AUDIOS, como CANTAUTORA, PARTICIPACIONES
Marilina aquí y ahora
Febrero de 1983 - Revista Siete días
MARILINA AQUÍ Y AHORA
Por: CARLOS MONGE
Fotos: ANTONIO CAPRIA
De la piba traviesa de "La Nena" a la Marilina Ross del aquí y ahora, pasaron más de veinte años. Y aunque pasaron sin dejar muchas huellas, por lo menos en lo que hace al afuera, lo cierto es que como siempre la procesión fue por dentro. La sonrisa pícara, inocente y abierta quedó perdida en el tiempo. Y aunque también es cierto que la recupera a veces, nadie puede negar que el vendaval de los años pasados y recientes la castigó cruelmente. Que la llevó muy lejos de su patria y ensombreció sus soles. Hasta el momento en que tanto dolor se transformó en crecimiento y esto ayudó para explicarse en parte la sensación de paz consigo mismo que nos transmite ahora. Ahora exactamente, tal como en el momento de comenzar la charla que tuvimos con ella una tarde de febrero bajo un sol marplatense. Digamos solamente sin más preámbulos, que fue en una pileta bajo un sol calcinante donde transcurrió el diálogo. Que nos pareció que Marilina estaba como en todo momento con los brazos en guardia y que un altoparlante repetía de vez en cuando las estrofas de "Danza" o de "Puerto Pollensa". De donde vino uno a pensar, fantasías mediante, que "sin dormir nos fuimos a la playa" y aunque no nos besamos ni descaradamente ni en ninguna otra forma, alucinamos al gordito de gafas "que fue corriendo a cambiarse los lentes..." Aunque esta vez las gafas las llevaba Marilina y el único gordito que pasó por ahí apenas se animó a pedir un autógrafo. Y todo se fue dando sin mayores problemas cuando empezó el "ping-pong" de las preguntas y las respuestas. Y Marilina Ross (o María Celina Parrondo, en sus documentos), fue tomando la palabra con voz pausada y honda para dar contestaciones que más que eso fueron verdaderas reflexiones en voz alta.
"Ser fiel a lo que uno es"
-Marilina ¿Cuál es tu filosofía de vida en estos momentos? ¿A qué valores le otorgás preeminencia sobre otros?
-Fundamentalmente, al aquí y ahora. De ahí parte todo, ¿no?. Es toda una actitud de vida que implica valorar al máximo el momento que nos toca vivir. Alguien me dijo una vez que en el momento no hay contradicción y yo estoy absolutamente de acuerdo con eso. Si sos fiel a lo que querés hacer, a lo que sos, a lo que sentís y lo ponés en práctica en cada momento, ahí no existe ninguna contradicción. Esto significa también de alguna otra forma vivir sin expectativas, sin organizarse la vida tipo agenda, más allá de lo estrictamente necesario...
-Lo que vos decís me hace acordar un poco a la postura existencialista que recomienda "vivir cada minuto como si fuera el último..."
-Sí, sí, es eso. Y claro, tiene que ver con la muerte evidentemente, porque la muerte nos acompaña todo el tiempo. Es una compañera de viaje, desde luego, y está incluida dentro de la vida. Tanto la vida como la muerte son como dos mitades sumadas que se dividen en pedacitos, esos son los momentos que nos toca vivir. Entonces, por cierto, la idea es tratar de vivir "a full" todos los momentos.
-Quisiera que me contaras cómo estás viviendo estos momentos del "desexilio", es decir la vuelta a casa y la reinserción en las viejas raíces...
-Bueno, en realidad yo ya pasé esa etapa ya que hace casi tres años y medio que estoy de vuelta en la Argentina. Ahora estoy pasando por otro momento, luego de haber atravesado diferentes instancias. Al principio, como te podés imaginar, ni bien llegué era la felicidad total. Poder estar aquí y reencontrarme con mi gente, poder escuchar nuevamente el idioma nuestro con todos los acentos que lo hacen distinto y particular... Poder recuperar todo lo que había perdido en cosas a lo mejor intrascendentes, pero que sólo aprendés a valorar cuando te faltan... Todo eso se dio en la primera etapa y después vino una segunda que fue cuando se produjo el romance con el reencuentro y apareció entonces en toda su magnitud una realidad que todavía era muy dolorosa.
-Fue un aterrizaje bastante brusco, ¿no?...
-Claro, y se produjo lógicamente un bajón muy grande, una toma de conciencia de lo mal que estaba esa gente a la que yo quería y quiero tanto. Primero constaté, desde luego, lo mucho que los amaba y luego lo mal que estaban, ¿no?. Esas fueron dos etapas clarísimas y después de eso lo único que se me ocurrió fue pensar qué hacer para ayudarme y ayudar a los demás a salir del pozo, qué hacer para aprender aún dentro de la desgracia...
-¿Y qué camino te planteaste como alternativa?
-No sé, nunca me planteo nada de forma muy esquemática. Estas cosas que te digo son conclusiones a posteriori, porque nunca me planteo nada a priori. En definitiva, sólo sé que hice lo que yo quería hacer dentro del campo de lo que me dejaban y podía yo hacer. Y eso más que nada tenía que ver con la necesidad de conectarme con la música. Que era algo que siempre deseé, pero que no había podido llevar a la práctica en forma seria y continuada por la falta de espacio o de tiempo, digamos a lo grande...
Sin rencores ni violencia
-¿Guardás rencor hacia quienes te persiguieron y te obligaron en definitiva a irte del país en el 76?
-No, en absoluto... Más que guardarles rencor les estoy agradecida, porque esa experiencia de desarraigo -aún siendo dolorosa- me sirvió muchísimo. Creo que si no hubiera pasado por los dolores por los que pasé, no habría crecido como crecí. Es así de simple y es por eso que digo que todo lo que me toca vivir es bienvenido, aún cuando sea difícil o duro de aceptar...
-¿Cómo ves la situación actual del país desde tu posición de artista, vale decir desde una posición que te permite captar los estados de ánimo de la gente, desde un escenario?
-Quisiera antes de contestarte aclarar conceptos que dije anteriormente, porque si no, no se entienden. A mi modo de ver, no existe en la vida un objetivo al cual haya que llegar cueste lo que cueste, porque esto significaría que -bueno- cuando lo lograste ya está, te podés morir tranquilo. No, no es así. La vida es la suma de los momentos, el camino no tiene fin y en definitiva, como dijo Machado, "se hace camino al andar...". Vale decir que el camino se va haciendo en el momento en que lo transitás. Y que no hay que llegar a ningún sitio y que los objetivos los vas alcanzando minuto a minuto, en el instante por ejemplo en que tenemos esta charla o en el momento que sea.
-Ahora entonces te repito la pregunta. ¿Cómo ves el país hoy?
-Bien, pero te quiero aclarar que no te voy a contestar desde el punto de vista de la artista, sino desde el ser humano que es el único lugar desde el que yo hablo. Y lo hago como lo podría hacer cualquiera, ya que considero que no tengo ninguna primacía por hecho de estar arriba de un escenario. Tal vez la única diferencia sea que yo intento expresar a los que están abajo y ponerle voz en alguna medida a lo que ellos quieren decir. En principio, te diré que como es lógico estoy feliz con el regreso a la democracia y estoy llena de esperanzas. Aún más que antes, yo siempre estuve convencida de que la dictadura algún día se iba a acabar, como decía la gente; un problema de tiempo nada más... Y en este momento pienso, dado que tu pregunta apunta directamente a esto, que tenemos que unirnos realmente para apoyar el proyecto del país, y más te diría el de Latinoamérica que exclusivamente el nuestro... Desde lo más profundo nuestro, desde nuestra raíz más auténtica tenemos que empezar a dejar de mirar esos modelos grandes que teníamos: Europa, Estados Unidos o Rusia, porque ya está demostrado que esos grandes modelos no nos sirven.
El desarme mental
-Hay una canción en la que hablás del desarme interior como paso previo al desarme real y concreto. ¿Te parece posible el desarme de las mentes en un país o en un mundo donde antes no haya justicia?
-Una cosa no excluye a la otra. Es simultáneo y si te tengo que dar una prioridad yo insisto con la del desarme mental...
-¿Y cómo se aplica eso, por ejemplo, en el caso de las Madres de Plaza de Mayo?
-Ahí es donde yo espero, por ejemplo, que una cosa no excluya la otra. Pero, ojo, no esperamos que todo nos venga desde afuera, porque si no cambiamos adentro el afuera va a seguir igual... Porque hay que pensar qué pasa si nosotros llegamos a tener posiciones de poder y no hemos cambiado por dentro. Lo más fácil de suponer sería entonces que el poder no nos serviría para nada.
-¿Y qué ocurre si la represión continúa?
-Y... no sé... La solución será dar una respuesta como la que daba Gandhi, qué se yo... Es decir, aguantar los palos si vienen ya que si vos estás claro adentro esos palos incluso no te van a doler. Una resistencia activa, esa tal vez sería la respuesta, dado que la postura no es en realidad la de que me pongo en la calle para que me peguen, sino la de no querer que esto siga, aunque sin enfrentarlo con violencia. La idea es tirarme en la calle o quedarme sentado para expresar mi protesta sin violencia. A eso es lo que yo llamo la resistencia activa.
El miedo y el amor
-Marilina, ¿Cuál es tu concepción del amor y la pareja?
-No hay una concepción así, preestablecida y no creo además que tenga que haberla. Creo que cada cual tiene que encontrar la que le corresponde, o la que quiere o le hace bien... Y hacerse responsable por esa elección. No hay dos seres iguales en cuanto a necesidades, de modo que lo ideal sería que cada cual fuera fiel a lo que quiere y a lo que le pasa, con total libertad...
-Una de tus letras dice: "si el amor no es egoísta, ¿por qué la fidelidad?". ¿Me podrías explicar este concepto?
-En esa canción hablo de la lucha que se produce adentro mío cuando aparecen los celos, que aparecen en cualquier momento. Entonces mi estómago me dice ¡aaahg! y mi cabeza por otro lado me dice ¿cómo? ¿por qué estás tan celosa?... Si el amor es dar, pienso, entonces no hay motivos para ello. Ahora, si se torna la relación como una forma de propiedad privada, creo que se estropea todo, todo se echa a perder. Pero claro, los celos son casi inevitables y eso es justamente a lo que me refiero, a la contradicción entre la teoría y la práctica...
-Es esa contradicción que se nota, entre una forma de pensar muy avanzada y una realidad que te fija límites mucho más estrechos...
-Sí, a lo mejor es cierto, pero no importa porque esa contradicción me ayuda a mí a saber adonde voy. Ojalá lograra superarla, pero por el momento lo que importa es saber que voy hacia allí, que trato de superarla. Que trato, por ejemplo, de lograr no sentir celos o en caso de que los sienta, tratar de que no se noten a partir de lo que quiero o debo querer lo mejor para el otro ser.
La mujer que venció al miedo
-En otra de tus canciones hablás del censor que llevamos adentro. ¿En qué momentos aflora ese censor y cómo lo detenés?
-El censor mayor es el miedo. El represor mayor que aparece con mil caras distintas siempre es el miedo. Y la mejor forma de enfrentarlo es justamente haciéndole frente, es la única forma de ganarle. Hay que ponerse delante de él y hacerle frente y el miedo generalmente desaparece. La idea es pasarle por encima y hacer lo que tu cuerpo, tu mente o tu corazón te piden que hagas. Así me pasó, por ejemplo, cuando volví al país. Todos me decían "no vuelvas, ¿estás loca?", y yo tenía por supuesto miedo de hacerlo porque era tan delirante todo lo que estaba pasando aquí que, bueno... No te olvides que en el 80 la cosa estaba bastante difícil. Pero, bueno, decidí enfrentar el miedo y ver qué pasaba. Si yo estaba en paz conmigo misma, si mi conciencia estaba tranquila, si no había cometido el menor delito, entonces ¿por qué no habría de volver? Y lo hice, enfrentando ese gran miedo que tenía y sabiendo que hasta se me podía ir la vida en esto. Y lo enfrento y se desvanece, porque no existe si es que le hacemos frente. Y entonces, bueno hubo amenazas y falta de trabajo y petardos y otras cosas, pero el miedo poco a poco se fue diluyendo.
-¿Sos optimista en cuanto al futuro del país?
-En cuanto al país, sí. El asunto es ver si acaso la situación del mundo nos permite tener algún futuro, porque en relación al mundo sí que no soy optimista. Creo que particularmente, en el caso de la Argentina nos espera un momento de gran crecimiento porque creo que el país es como un ser humano. Y por eso, después de haber atravesado las tinieblas, los dolores y las cosas terribles que nos han pasado aquí, pienso que tenemos que salir crecidos y fortalecidos. Esto, claro, si es que acaso no se tapan las cosas, ya que en caso contrario seguiremos repitiendo las experiencias pasadas. Personalmente, espero que hayamos crecido y que todos saquemos a la luz todo. Como dice Piero, "hay que sacarlo todo afuera" y a partir de allí construir esto nuevo que somos y que está naciendo. Ahora, en cuanto al futuro de la humanidad en general, te decía que soy mucho menos optimista porque la situación a la que hemos llegado nos tiene puestos al borde del holocausto nuclear.
-¿Cuál es tu posición política en este instante?
-Te voy a explicar: mi posición en general es humanista, vale decir dirigida hacia todos los seres humanos que son, a mi juicio, lo primero que tenemos que cambiar. Ahora bien, si me bajo un poco de esa posición global y tengo que adherir a algún movimiento político en particular, yo te diría que ese movimiento es el peronismo. Es el más cercano a mí, pero te insisto: la política es una parte, no es el todo y es por eso que estoy fundamentalmente a favor del ser humano, más allá de divisiones partidistas que creo que no hacen bien. Por eso es que en este momento apoyo con todas mis fuerzas al proceso democrático, porque creo en las primeras palabras de Alfonsín cuando inició su campaña. Cuando hablaba de la unidad nacional y todavía no se daban enfrentamientos como los que han surgido ahora por temas tales como el de la ley sindical.
"Disfrutá hoy, es más tarde de lo que crees"
-¿Quiere decir, entonces, que si en algún momento tuviste que irte fue porque te identificaban como cercana al peronismo?
-No, eso no quiere decir nada ya que es tan absurdo que una se tenga que ir del país por estar cercana a determinado partido político que bueno, no sé... Es tan absurdo eso que si lo manejamos como un valor, visto desde afuera es algo totalmente ridículo.
-Pero eso fue concretamente lo que pasó...
-No sé... Yo creo que fundamentalmente me persiguieron por el hecho de pensar. Creo que muchos de los que se tuvieron que ir fue simplemente por hecho de ser seres pensantes.
-¿Qué edad tenés...?
-Cuarenta años...
-¿Y cómo hacés para representar muchos menos?
-Nada, no tengo ningún secreto si es que a eso te referís. Simplemente, lo que busco es ser feliz y creo que cuando una está bien, su cuerpo está bien y viceversa, ¿no?. Pero esa puede ser una punta importante: tratar de ser feliz. Aunque no en el sentido de una cosa que esté allá lejos y que sea inalcanzable, sino en el de las pequeñas cosas... Poder gozar de lo poco o mucho que tengas, no darte cuenta que eran importantes solo cuando las perdés. La idea es, por ejemplo -dice sonriendo-, poder gozar en plenitud de este día de sol y no tener que estar mucho tiempo bajo esta sombrilla...
-Para no hacerla larga, entonces, ¿Cuál es tu concepción de la felicidad?
-Yo creo que la felicidad está mucho más cerca de lo que todos creemos. Lo que pasa es que no la valoramos porque la tenemos a mano, y por ser tan cotidiana ni nos enteramos de ella. Pero imaginate si llega el invierno nuclear, suponete que se tiren los misiles... Si es que hay sobrevivientes, estos van a tener que vegetar en un mundo helado y sin sol, y todo será noche y será frío. Entonces, los que pueden van a valorar al sol, ese que tenés hoy y del cual ni te enterás, al igual que de la luna, las estrellas y el cielo limpio.
-Y aunque no lo veamos, el sol no va a estar...
-Y claro, no va a estar y vamos a ser nosotros los que lo hayamos destruido, que es lo que más indigna. Por eso es que yo siempre cito un viejo proverbio chino que dice: "Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees..." Y en eso estoy...
Publicado por Anónimo 0 comentarios
Cumplió 40 años pero sigue siendo la nena
Febrero de 1983
CUMPLIÓ 40 AÑOS PERO SIGUE SIENDO LA NENA
(Gregory Peck, en un mitín contra el maccarthismo, 1947).
A ella -como a tantos- le correspondió un lugar en las listas negras que ensombrecieron (ensombrecen todavía) la escena. Marilina fue palabra (y persona) prohibida casi hasta hoy. De vez en cuando, tímidamente, se la escucha por frecuencia modulada, pero poco. La siguen los adolescentes, los no tan adolescentes, los contestatarios y los pacifistas. Sigue siendo peronista, pero menos. No oculta que está enamorada, mal que le pese a muchos. Canta mal, compone bien, fue y volvió, tiene 40 años flamantes.
Nació el 16 de febrero de 1943. Tuvo miedo a los 40 hasta que los cumplió, y vive -lo jura- buscando la libertad de ser, a cada rato.
Este reportaje empezó una tarde, 48 horas después de su cumpleaños, clericó de por medio y grabador ignorado. A los cincuenta contantes minutos hizo crack: en el límite mismo de cualquier sesión de psicoanálisis, se puso pálida, su pulso se aceleró, sintió un nudo en la garganta y otro en la boca del estómago. Y abandonó.
-No sigo más. Nos metimos muy adentro y eso no es para cualquiera.
Dijo y nos prometimos el reencuentro veinticuatro horas después. Completamos la entrevista, tres horas al fin. Y éste es el resultado.
(Marilina Ross, nacida María Celina Parrondo, hija de un mozo aragonés y una alegre inmigrante de Pamplona, dos hermanos mayores. Tiene algunas arrugas, claro, pero no puede desprenderse de esa cara de nena tallada en su piel. Estudió teatro y danzas, fue actriz prematura, se casó un par de veces, toma bastante más de la media normal, parece siempre a la defensiva.)
"A los cuatro años hice pasitos en el escenario" -También arrastraba el hecho de que nunca se arrepintieran de que yo estuviera aquí. Tenía que ser la mejor siempre en todo, demostrarles a ellos que valió la pena que mamá no abortara. A mí me dijeron de sus dudas cuando era muy chiquita. De eso no me olvido.
-Linda carga para empezar. ¿Malos recuerdos?
-De todo un poco. La mayoría no muy buenos. Mis hermanos eran dos tarambanas, iban mal en el colegio, se peleaban mucho. Y yo hacía buena letra, me ponían de ejemplo y crearon -en definitiva- una enemistad muy grande entre mis hermanos y yo.
-¿Buenos recuerdos no?
-También. Me acuerdo de un pintor que se llamaba Sanguinetti y vivía a la vuelta de mi casa. Era paralítico. Yo iba a su atelier y me enseñaba a hacer los personajes de un teatrito de títeres de guante. Parece que jugábamos mucho. Él fue quien le dijo a mi mamá que tenía que meterme en algún lugar donde me orientara hacia el arte. Y entonces mis viejos me metieron a estudiar danzas españolas y clásicas. A los cuatro años subí a un escenario por primera vez encabezando la fila de chiquitinas como yo y haciendo pasitos. Cuando vi a papá en su butaca me paré para saludarlo. Fue muy divertido.
-¿Sus padres tenían algo que ver con el arte?
-¡No, nada! Mi viejo es un tipo sin educación programada, pero con los ojos muy abiertos a la vida. Borroneaba poemas. Mamá era la alegría, la fiesta. Yo heredé las dos cosas, creo.
-¿Se llevaban bien?
-Se pelearon toda su vida y se han amado toda su vida. Las peleas eran muy grandes y nosotros delante. Hoy entiendo que detrás de ellas había mucho amor, pero por aquel entonces no lo comprendía. A los sesenta y tantos años mi vieja decidió separarse. No aguantaron ni un año sin volver a juntarse.
(A los ocho años entró en el teatro infantil Labardén, y allí estudió hasta los 14, cuando la expulsaron por defender a la directora Blanca de la Vega, cesanteada por motivos políticos. Escuela primaria paralela, pocas cosas que recordar. Cosas buenas, bah.)
-No tengo un recuerdo muy bello de mi niñez, porque me quedaban más las peleas que... no tengo en la memoria demostraciones de afecto.
-¿Hacia usted?
-Entre todos y hacia mí. Nunca se acercó mi viejo a darme un beso, por ejemplo. Había que estar enferma para eso. El afecto no era una moneda corriente: más bien la violencia, que en definitiva -lo veo hoy, con mis 40 años- no hacía más que tapar un gran amor que no se podía sacar afuera. A los 17 años me harté y me fui. Mi mamá, conmigo.
(Algo raro había. Los hermanos mayores la hacían jugar de poste en cuanto picado de barrio se hacía. Cosa que ligara algún pelotazo fuerte, según parece. O la montaban en el estribo posterior de los viejos carros de la Panificación Argentina, mirándola irse despacio hasta casi desaparecer cuadras más allá. Ella lo cuenta y se ríe.)
A veces sería preferible hacer un pase mágico y -acto de birlibirloque- esfumar la memoria. Uno hace algo que no le gusta a otro, y si ese otro tiene poder alguna vez, hará lo posible por hacérselo pagar. Eso, cuando la memoria se aplica más a la superficie que al fondo.
A Marilina Ross no le perdonaron nunca que trepara la escalerilla del charter que trajo a Juan Domingo Perón aquel lluvioso día, diez años atrás. "¿Lo hiciste? ¡Pagá!", resultó la conclusión. No importa si cambió o no. Lo que importa es lo que hizo.
Buen tema, el político, para interpolar en este reportaje.
-Voy a contar una anécdota que nunca conté. Yo estaba haciendo Solita y sola (un unipersonal). Era noviembre del '72. El final del espectáculo significaba "Bueno... ahora estoy sola, corté el cordón umbilical con la sociedad y ¿qué hago? Quiero cantar". Y cantaba unas canciones, la última sentada en un trapecio desde el que finalmente debía dar una voltereta y caer sobre el escenario después de pasar sobre los espectadores. Yo estaba mal, e hice el movimiento demasiado tarde. Para no caer sobre la gente, mi brazo derecho giró totalmente y me fracturé el hombro. Me enyesaron y tuve que suspender un mes las funciones. Así ocurre el charter de Perón, en el que viajé con el brazo enyesado. Si no hubiera tenido ese minuto de miedo sobre el trapecio, no hubiera viajado en él.
-Parece un justificativo...
-Aclaro: no hubiera estado en el charter. Pero mis sentimientos sí. Pasa que toda la vidriera que produjo eso hizo aparentar que yo estaba más de lo que estaba en realidad. Nunca estuve afiliada siquiera. Todo eso pareció como que estaba representando algo, y no era verdad.
-¿Desde cuando fue peronista? ¿Desde sus padres?
-¡No...! Mi viejo era antiperonista. Mis hermanos sí eran peronistas. Y yo también. Con papá seguimos peleándonos por eso.
-¿Por qué el peronismo?
-Porque me interesaba la posición tercermundista del movimiento. O mejor, de Perón. La no alineación con los dos grandes sectores de reparto de esta torta. La posibilidad de una tercera posición en contacto con el pueblo real, con la gente, porque desde allí tiene que venir, y no de la cabeza que obliga a esa gente a que vaya aunque no quiera. Yo estaba con el peronismo de Perón, de su doctrina y de su futuro para la Argentina y para el mundo. Después, la realidad es otra.
-¿Y cómo participaba usted?
-Poniendo el cuerpo, como siempre lo puse, creyendo que era parte de un cacho de historia. Estuve en Vicente López, pero del lado de afuera, con la gente.
-¿Con la gente de la Juventud Peronista?
-Yo nunca me inscribí en ningún sector, y hubo muchas incitaciones para que me enmarcara en alguno. Todos querían capitalizarme porque... claro... cara conocida, poder de convocatoria, ¡venga, adelante!
-Pero usted iba a los barrios y a las villas...
-Montoneros, J.P., todas las J.S.P., jota... no sé. Todos. Como estábamos en el centro, todos querían captarnos. El pueblo estaba en el centro, y allí estábamos también nosotros, ajenos a los dos extremos.
-¿Cómo vivió el 1° de Mayo del '74, cuando Perón acusó a un sector de imberbes y estúpidos?
-Perón era un militar. Como general, estaba en el centro. Primero hizo avanzar a la izquierda, y cuando ya había cumplido su papel, hizo avanzar a la derecha. Eso es estrategia pura. Actuó como debe actuar un general.
-Sin embargo, por aquellos tiempos a usted la hubieran identificado fácilmente con el ala izquierda del peronismo...
-¿Sabe con quién me identificaba yo? Con el padre (Carlos) Mugica. Lo conocí mucho. Era un grande. Salvajemente asesinado. Un ser excepcional: vivo como pocos. Un tipo que se fue de la calle Gelly y Obes, donde nació, a vivir a una villa miseria con los necesitados de verdad.
-¿Y la muerte de Perón? ¿Cómo la sintió?
-Me sentí muy sola.
-¿Estafada?
-No. Estafada, no. Supe entonces que lo que se quería no se puede hacer, que es impracticable lo que quería Perón. No se puede por el reparto global del mundo, porque nosotros no somos un país aislado, independiente y libre.
-¿En ese momento tomó la decisión de ampliar las distancias?
-Yo nunca tomo decisiones. Las cosas me van pasando. Hay una corriente que va y yo voy con ella. Mi cabeza no actúa demasiado brillantemente. Son más mis tripas las que me van guiando.
-Si usted no tenía nada que ver, ¿por qué la amenazaron las tres A y no los montoneros?
-No lo sé... no lo sé. Pero hubo agresiones de los dos lados. No amenazas, pero sí agresiones, como a Mugica. Me acusaron de traidora, no sé bien por qué. Yo me quedé sola, como se quedó la mayor parte del pueblo peronista.
-¿Quién la representa, hoy?
-En este momento mi confusión es muy grande. No puedo decir nada. Estoy esperando hasta que aclare.
-¿Nunca más la política?
-Sea quien sea. Yo no le puedo exigir al que suba en las próximas elecciones que haga lo que no puede. Esto está destruido, entonces ayudémonos de verdad entre todos. Y creo que el amor es un buen punto de partida. El amor de Cristo.
-Usted dijo hace un momento que la acusaron de traidora. ¿Hoy pueden volver a decir que es una traidora a sus convicciones anteriores...?
-¡Es que no permiten que una se modifique! Es como si una pensó o dijo alguna vez algo y ¡listo! se tiene que quedar quieta ahí, morirse en ésa porque si no es como cambiarse la camiseta. El mundo gira, y yo voy creciendo y entendiendo cosas. ¿Por qué tengo que firmar un documento de por vida sobre algo, si cada día es distinto y pasan cosas en el mundo que me modifican? Quedarme es morirme. Y yo estoy viva. En fin: que crean lo que quieran: me da igual.
-¿No volverá a cantar en mitines políticos?
-No lo sé. Iré viendo, de acuerdo con mi necesidad y mis ganas y a lo que crea que sirve.
-Usted parece ir a contrapelo de lo que sucede...
-Es que voy un poco más allá. Creo que Escaleras mecánicas expresa claramente cuál es mi postura. Ya no es la Argentina. Es el mundo el que está en crisis. Los poderes que nos rigen -el poder del dinero, fundamentalmente- y que nos llevan a guerras y enfrentamientos. Con el poder económico se compran las armas y la muerte. Pero el ser humano es mucho más que el poder del dinero, aunque esté totalmente limitado por él.
-¿Usted no?
-Yo trato de zafar lo más que puedo, pero, ¡claro!, estoy en una sociedad que se rige de esa forma. Por lo tanto me es difícil aislarme.
-Sin embargo, en este momento -más que nunca- usted empieza a ser un producto de consumo, ¿no?
-Pero yo sigo sin tener un mango. No, no quiero. Mi objetivo no es hacerme rica. Mi objetivo -si es que tengo alguno- es ser feliz. Y dar lo que pueda dar. Eso está también en Escaleras mecánicas. Si el mundo fabrica armas para destruir al mundo, entonces digo "dame la mano, amigo, quiero sentir que vivo". Eso habla del afecto, del sentimiento que nos puede rescatar para sobrevivir.
-Vamos... Marilina... que ése no es el mundo real...
-Sé que no lo es, pero debemos tratar de cambiarlo: No lo vamos a ver, pero supongo que esto va a llegar a un punto que... creo en el apocalipsis, de verdad. No sé de qué forma, pero va a venir porque nos encaminamos a la destrucción. Y después de la destrucción vendrá un nuevo nacimiento del ser humano en el que el hombre sea lo importante y los valores otros. No los que nos han impuesto y seguimos sin entender.
"Donde más me gustaba estar era en el Labardén. Allí vivía mejor, más intensamente. Yo me comunicaba bien allí con los chicos y chicas de mi edad. Primero era una del medio, el nexo entre las mayores y las más chiquititas. Tenía espíritu de samaritana. Finalmente me hice líder, a los 14 años, cuando encabecé un movimiento de chicos, ¡éramos todos chicos!, para impedir que cesantearan a Blanca de la Vega como directora. Hicimos una manifestación hasta la Municipalidad, y el intendente nos recibió. Yo me indigné. ¡Íbamos por un asunto importante, y nos preguntaba de qué cuadro éramos! Una vergüenza. Al final me expulsaron. Fue un fracaso, pero todo sirve: ya fui tomando conciencia de echadas y de fracasos. Y acababa de entrar en la adolescencia, nada menos. No sabía qué hacer, sin la escuela de teatro, hasta que Blanca de la Vega y Mecha Quintana me becaron para aprender en sus estudios privados. "¿De qué voy a vivir?", me preguntaba. Y como no podía ganar plata actuando, por el momento, me metí en la Pitman para ser una buena secretaria. Danza, teatro y dactilografía, ¡mirá que mezcla! Nunca necesité, finalmente, usar lo aprendido en la Pitman. A los 15 años mi tío me presentó a María Teresa León y a Rafael Alberti, y ella me hizo tres cartas de recomendación: una para Beatriz Guido, otra para Lucas Demare y otra para Luisa Vehil. Fui directamente a Luisa, me presenté y leyó la nota. Me miró a los ojos, muy profundamente, y me preguntó: "¿Quieres ser actriz, de verdad?" Le contesté sí, y dijo: "Bueno. Llámame -porque me trataba de tú- a mediados de enero". Y me dio su teléfono.
"El 15 de enero a mediodía la llamé y me dijo que me tomaría una prueba. Lo hizo su hermano, Juan Vehil. Estaban por montar una obra que reclamaba a una adolescente. ¡Vea qué mágico! Me aceptó, y en marzo empecé a ensayar. Marzo del '60.
-Para mí el amor entró tarde, ya avanzada la adolescencia. Alguna vez había tenido un noviecito, como a los 14 años, que me tocaba timbre desde la bicicleta y salíamos a pasear. Se llamaba Juancito y vivía a la vuelta. Un poco después estaba el buen mozo del barrio que se había comprado una moto: Horacio. Era el galán, Elvis Presley, ¡y me invitó un día a dar una vuelta! Subí, claro. Y cuando llegamos a la General Paz y Libertador, no sé qué pasó y aparecimos los dos adentro de una fuente que había allí, empapados y con la moto rota, llenos de magullones. Volvimos como a las nueve de la noche, y fue la primera vez en mi vida que mi mamá me dio una paliza terrible. El romance no entraba en la cabeza de ellos.
-Linda historia. Pero estoy hablando de amor en serio...
-Mi primer amor fue un señor casado. Una relación conflictiva, muy difícil, que nos llevó unos cuantos años. Yo tenía 18 años, y por entonces ya había alcanzado la plena independencia económica, aunque todavía me faltaba lograr otras independencias. Fue muy duro aquello, y al final se acabó.
-¿Por qué?
-Porque era realmente conflictivo.
-¿Por lo malo o por lo bueno?
-Era bueno porque encontraba contrapartida para lo que yo sentía, pero a la vez era malo porque no tenía salida, ninguna posibilidad.
-¿Clandestino?
-Totalmente clandestino, mal vivido. Yo no podía hablar de lo nuestro con mi familia, y él tampoco. No sé... mal.
-¿Quién era?
-Un compañero de teatro.
-Cuyo nombre no se conocerá, claro.
-No. No lo voy a decir.
(Se saca los anteojos muy redondos, muy dorados, muy marrones. Se le cayeron las ojeras, está pálida, María Celina Parrondo. Tiembla, también. Hay en sus ojos una profunda tristeza, y su pulso galopa en vez de trotar. No quiere seguir adelante.)
Primero fue Juego de adultos, el ciclo de Luisa Vehil. Hizo Yo soy porteño y más tarde Señoritas alumnas. Hacía de nena, hasta que llegó La Nena, su primer gran impacto en televisión. Una comedia liviana, de la mano de Osvaldo Miranda. Le dio fama, rápida e impensada.
-Yo no tenía una actitud frente a la televisión. Para mí era atractiva por lo desconocida. Con el tiempo descubrí que era el eslabón perdido entre el teatro y el cine. Tuve la suerte de entrar a la televisión para hacer lo que me gustaba. No fui de extra ni de locutora.
-En ese período ¿hubo alguien que la marcara particularmente?
-Yo soy una especie de esponja que absorbe de todo y de todos. Naturalmente, Luisa fue para mí alguien muy importante, que me enseñó los primeros pasos, me dio consejos fundamentales para mi vida profesional y para mi vida como persona. Compartíamos mucho, y me tenía como alguien de su familia. Aprendí mucho viendo y viviendo.
-¿Le fue fácil tomar contacto con la fama, a partir de La Nena?
-La Nena fue un éxito hecho particularmente por los chicos, aunque no era un programa infantil. Y lo increíble es que esos chicos de entonces son los que hoy van a mis recitales de música.
-Insisto con la fama. ¿No la golpeó?
-No, porque no apareció de golpe. Fue de a poquito, no como quien hace un aviso publicitario y al día siguiente el país entero está hablando de eso. Imagino que esa celebridad puede descentrar. Un día firmé un autógrafo, tres al siguiente, cinco más tarde y veinte después. ¡La fama es puro cuento! Pero es gratificante, sí.
-¿Fue el amiguismo lo que puso en marcha Cosa Juzgada?
-En gran parte del grupo, sí. Yo ya estaba casada con Emilio (Alfaro), viejo amigo de David (Stivel) casado con Bárbara (Mujica), amiga mía. Norma (Aleandro) primera novia de Emilio. Federico (Luppi) con quien yo habiá trabajado hacía años. Carella que, bueno, apareció y fue entrañable desde el primer día. Y Gené, a quien conocí en esa época. Sí, la amistad fue el motor.
-¿Hubo un proyecto inicial claro?
-En principio fueron ganas de hacer algo mejor de lo que hacíamos. Después surgieron las posibilidades. Y finalmente salió bien, porque el grupo ocupó un espacio vacío entre lo que era el teatro independiente y el teatro comercial profesional.
-¿Había una ideología clara, planteada como tal?
-Había una ideología de vida bastante compartida. Y, políticamente también, un intento, porque había bastantes diferencias. Pero en el fondo no eran tales: todos queríamos, en definitiva, un mundo mejor. El camino a lo mejor era distinto, pero el objetivo el mismo.
-¿Habla de una especie de relación simbiótica en el grupo?
-Los más amigos éramos Emilio, Bárbara, David y yo. Éramos c... y calzón. Amigos, elegidos, bien. ¿Simbióticos?, tal vez sí.
-¿Eso fue bueno hasta qué punto?
-Yo no creo que las cosas sean buenas o malas. Si me sirve es bueno y si no me sirve es malo.
-Y si era tan bueno, ¿por qué se murió?
-Se fue muriendo, se fue desmembrando...
-¿Fue paralelo al desgaste de sus parejas?
-También. Sí, también coincidió.
-¿Casualmente?
-Sí, algo así.
-¿Por qué?
-No... fue muy personal esa historia y no quiero contarla.
-¿Por qué?
-Hay cosas muy... privadas. No... no... eso me lo respeto. Pero lo maravilloso es que hoy, después de tantos años, nos volvemos a encontrar en cualquier lugar del mundo y el afecto está, el amor está y los desencuentros ya no están. Tenemos encuentros lindos. Y un buen recuerdo de todo aquello, también.
-El cerrarse en el grupo ¿incidió en su muerte?
-Sí. Creo que sí. Nos cerró por miedo a pérdidas, como en una pareja. A veces se siente miedo de perder lo que se tiene, y se cuida tanto que lo ahogamos y no crece.
-Para colmo de rupturas, también la propia pareja...
-Con Emilio fuimos y vinimos varias veces. Nos separamos seis y nos reconciliamos cinco o seis. A esta altura, creo que seis. Y... a mí me pareció que se me caía el mundo porque tenía todo puesto ahí. Mi relación, mis amigos más queridos y mi trabajo. Me quedé sola. Sola, mi alma, conmigo. Bueno, sola con otros amigos que estaban ahí.
-El reemplazo...
-Sí... sí, claro. Y bueno, pero es uno de los pozos que tuve. En ese momento compuse Aquel estado de ánimo, que dice "cómo habré llegado hasta aquí/ si no salí/ es tan grande esta oscuridad/ que me perdí./ ¿Dónde estoy?/ Quiero encontrar el camino/ pero está dentro mío./ Está dentro mío/ y él también está perdido./ ¿Dónde está la luz?"
-¿Dónde estaba la luz?
- Estar en el pozo más profundo me salvó. Eso me pasa siempre: escribo una canción o hago un trabajo, y no me quedo allí clavándome el puñal hasta no dar más. Yo tengo la imagen de que cuando una se enamora se abre un agujero negro en el alma, por el que sale y entra un cordón que te hace depender. Respirás por él, vivís por él. Cuando ese amor se corta, te queda el agujero, que se transforma en llaga y con el tiempo cicatriza. En ese momento una se encuentra ya entera, sin depender más que de una, sin horarios ni obligaciones, con la libertad de hacer lo que querés sin darle cuentas a nadie. Pero eso se agota también, y rogás para que se vuelva a abrir ese agujero y entre y salga nuevamente esa soga que te ata al ser amado.
-¿También vale para un crack profesional como del que hablábamos?
Agosto, 1974. No importa cómo se piense, pero hay que pensar derecho, muy derecho. Si no, alguien vigila desde las sombras. Las tres A ponen en marcha sus amenazas, imponen tiempos límites para quedarse en el país, exigen el exilio o prometen la muerte. A Marilina Ross le cabe también, pero no se irá hasta dos años más tarde.
-Fue en el '76. Yo estaba haciendo un espectáculo mudo que se llamaba El gran soñador, en la búsqueda de un medio expresivo en el que la palabra no fuera lo más importante. Estuve en escena hasta el día anterior a irme. No me fui por amenazas en el '76. Ya las había recibido -como tantos- en el '74. Por eso el monólogo de La Raulito cuando dice "¿por qué no me dejan en paz? Lo que quiero es correr por las plazas. ¡Si no hago daño a nadie! ¿A quién jodo yo?". Surge el llanto porque ahí era yo la que estaba hablando, la que estaba diciendo "¿Por qué me amenazan, si yo no jodo a nadie? No soy peligrosa. Si yo lo que quiero es la vida, no la muerte". Bien: en agosto del '76 La Raulito era un éxito en España y me ofrecieron contrato para dos películas. Fui con pasajes de ida y vuelta, sabiendo de mis prohibiciones acá. Sabiéndolo por reportaje tras reportaje fallidos. Mi nombre no aparecía nunca en ningún lado. El mensaje fue claro para mí. Y me fui.
-Según el pasaje de ida y vuelta, para volver...
-Perdí el de vuelta. Acá la cosa se puso cada vez más fea, más densa, más delirante, más loca, más incontrolable. Era la locura desatada, la arbitrariedad.
-Tuvo miedo...
-Sí, tuve miedo. Claro que lo tuve. Miedo al descontrol y a la locura. Yo estaba en paz conmigo, porque sabía que no había hecho nada por lo cual tuviera que ser castigada. Pero hubo mucha gente que no hizo nada y fue castigada. Eso me consta. Y entonces, bueno, mi cuerpito es lo más valioso que tengo y no quería arriesgarlo.
-Y entonces el desarraigo...
-El desarraigo, la angustia más desesperante, el llorar por los rincones -que no es una frase, sino un hecho absolutamente real-, la pérdida de identidad. Allá yo era un cacho de mí, y el mayor pedazo había quedado acá. Ni siquiera podía trabajar bien, porque yo no estaba bien. En fin: no pude crecer profesionalmente, pero sí humanamente. Ese pozo me sirvió, como los otros. Estaba mal, muy mal. Como dice Pasaje de ida: "Encontré la mirada/ que me hubiera hecho feliz". Pero yo no estaba en condiciones de ver la mirada.
-¿Hasta cuándo?
-Hasta que empiezo a salir de ese pozo. Y lo logra el amor, nuevamente. Ahí viene Puerto Pollensa. Y después la muerte de Politti y mi elección por la vida, total.
-Y entonces, el regreso.
-El regreso. Ya hace dos años y medio que estoy acá, y es historia conocida. Laburando de lo que puedo, con lo que me dejan.
-No se puede quejar de cómo le va...
-Esa es otra maravilla que me pasó. Cómo una limitación externa puede ser útil si una está bien, si la puede capitalizar. El no poder trabajar como actriz hizo que me metiera más con la música, y apareció el momento que estuve -de manera no consciente, tal vez- esperando tanto tiempo: dedicarme por entero a la música. Insisto: todo sirve si una está alerta.
Uno más uno, tres /vos, yo/
Uno más uno, cuatro /(...)
Uno más uno más uno más
uno... María Celina Parrondo
"El día que terminé mi relación con el primer hombre, aquel señor mayor y casado, apareció Emilio Alfaro. La misma noche: casualidad total. Yo estaba abierta para recibir. Fueron diez años juntos, de mucho crecimiento en muchos niveles. Mucho amor, mucho compinchismo. Con infidelidades mutuas, lamentablemente no asumidas en su momento, no habladas. El no poder asumirse cada uno tal cual era fue limando los cimientos. Decimos verdaderamente: "Yo soy esto. No soy lo que quisiera, sino esto. Quereme como soy". Esa falta de sinceridad fue lo que deterioró a la pareja, esencialmente. Creíamos que hablar iba a dañar o destruir nuestra relación. Entonces por cuidarla mal, se murió. Eso me costó mucho. Cada vez que nos separábamos, volvíamos a encontrarnos muy bien y aparecía el sentimiento fuerte hasta que otra vez dificultades socavando el sentimiento y de nuevo a caer. Se rompió, en definitiva, porque no podíamos seguir toda la vida así. Y se acabó dejando un gusto amargo y la bronca durante mucho tiempo. Y el recuerdo de todas las cosas jodidas, hasta que con el tiempo pude rescatar las buenas, equilibrar y reencontrarme con Emilio bien, hablar sobre lo que nunca hablamos. Después de muchísimos años nos volvimos a encontrar y nos dijimos lo que jamás nos habíamos dicho. Somos dos seres, hoy, que nos seguimos queriendo mucho y que no podemos compartir una vida porque hay muchas cosas que no van. Pero el amor sigue estando.
"Después de Emilio me relacioné mucho con mis amigos, como una recuperación de la amistad sin pareja. Fue un tiempo hasta que apareció Jorge (Martínez). Pasé dos años con él, bien. Me dio una cosa importante, un déficit que traía. La canción Casi sin querer habla de eso. Es para él. La cuota que me dio fue la de la ternura, la del abrazo, esas cosas. Emilio era más... no, no sé si debo decir esto. No lo ponga... tengo miedo de herir a alguien. Jorge era un oso cariñoso, como dice la canción, y yo necesitaba eso en ese momento. Supongo que no pudimos pasar de eso a otra cosa. No sé si fue un oso cariñoso que pierde el peluche... o sí lo fue, pero es muy complicado decirlo en un reportaje.
"Y la metieron a estudiar danzas españolas. Y a los 14 años de edad la expulsaron del Labardén por defender a Blanca de la Vega.""Piero es un compañero de camino. Siempre coincidimos en lo mismo. Pero para ser pareja tendría que haber una relación de piel que no existe, ni existió. No existe, pero lo amo, y él me ama. Somos amigos y nos amamos, pero ¡no está la pasión! Piero siempre estuvo, y yo siempre estoy, también.
"Y llegamos casi hasta el hoy. Hubo otros nombres, todos con su importancia. De cada uno recibí algo y dejé algo. Yo ubico aquí, en la boca del estómago, la zona de las emociones, tanto el amor como la angustia o el dolor. Ahí es donde se van sumando. Ninguno mata al anterior.
"Y Puerto Pollensa. Allí viene como el revivir para mí. Con todas las dificultades que escribí en la canción. Y mi vuelta aquí, y la continuación de Puerto Pollensa aquí, o la persecusión de Puerto Pollensa aquí."
-María: lo que se considera el normal de la gente, no lo acepta.
-¿Qué es el normal de la gente?
-El que habla de su amor a partir de Puerto Pollensa...
Publicado por Anónimo 2 comentarios
Etiquetas: 1983, GENTE DE TEATRO, Grupo José Podestá, PRENSA, Solita y sola
Porque sufrió mucho también goza mucho
Tiembla casi imperceptiblemente cuando habla de sus druida personales, del largo camino del "conocimiento" (que no es la acumulación de datos) y me explica que esto la emociona porque es un giro ascendente en su propia humanidad.
Pienso que para la persona que no haya pasado por estas "curiosidades", Marilina Ross y yo misma vamos a parecer muy locas. No interesa, hay locuras que merecen la pena.
Ella aprendió, de alguna manera, a ver el otro lado de todas las cosas. A no quedarse solo enredada en la superficie, en los aspectos exteriores. Pero teme que la máquina de la sociedad la aleje de su centro.
"Trato de no olvidarme -dice con ojos húmedos de pitonisa- de todo lo que aprendí. Porque a veces, dentro de esta gran rueda que gira cuesta encontrar tiempo y espacio para alimentar 'ese' mundo. Espero no tenerme que ir de nuevo a España, tan mágica, para reencontrarlo si se me pierde. Te digo esto porque ahora estoy pasando más por el momento de dar que de meditar o recibir. Y cuando se está tan volcada hacia afuera, da miedo."
Le pregunto cómo se las arregla para mantener viva esa magia dentro del ritmo de la gran ciudad... ¿acaso con la soledad?
Dice con una exclamación: "Sí. Es fundamental. La soledad es el primer puerto por el que hay que pasar para oirse, y saber qué nos pasa. Pero saberlo no con el cerebro, sino con el cuerpo, las tripas, los sentidos. La soledad, bien vivida, da cosas maravillosas." Ese viaje interior la llevó hacia la inmensidad del tema de la creación, de Dios, del infinito y lo eterno...
"Fui educada en el catolicismo y tomé la comunión como todas las chicas, pensando solo en el vestido o en el dinero que me darían. Durante muchos años no creí en nada, solo en el hombre. Que no es poco, pero no es todo. Después reconocí que hay algo más, mucho más fuerte y grande, que se puede llamar de tantas formas como religiones hay. Ahora creo fervientemente en algo superior, que podés llamar el 'Todo', energía viviente, Dios, magia, sol, naturaleza..."

En el salón y regando las plantas del fondo de la casa. Allí hay una pileta de natación y una gran huerta que Marilina cuida personalmente. "Esta casa es casi como un arca de Noé: encierra un pequeño mundo que quiero y en el que me siento bien." Me recibió en una siesta casi de verano en su casona de Palermo. A primera vista no se adivinan sus cuarenta años. Tiene algunas arrugas pero solo se le notan de cerca. Por lo demás, no es ningún sex symbol: es más bien baja, menuda y mantiene a prueba de modas su estilo informal.
El fotógrafo le comenta que su casa parece la de un pueblo y le encanta la comparación. Tiene muchas habitaciones y muebles chinos, hindúes y españoles, plantas, tapices y mucho color. La misma variedad desopilante por armoniosa recoge su biblioteca, donde hay textos ecologistas, esotéricos, feministas y de filosofía. Además, es claro, de clásicos y novelas.
Antes de empezar a conversar pasamos por el precalentamiento de unos mates: quiere saber cosas del fotógrafo, de la productora y de mí. No se siente el centro de nada y se le nota. Estamos como en casa y nos olvidamos que vinimos a hacer una nota. "Así da gusto", pienso, mientras ella se va a maquillar para las fotos y yo me voy a tomar sol y escuchar su último disco. Vuelve abierta en una gran sonrisa. Toma otros mates. Riega unas plantas. Camina de aquí para allá.
Marilina, muy distendida, entra de lleno en el tema de la Argentina democrática. Y la tendencia de su pensamiento no es anécdota, es el sentir de bastante gente de su edad.
"Yo no perdí las esperanzas ni en los peores momentos. Así como fui saliendo de los pozos más terribles, pienso que al país le va a pasar lo mismo. Se aprende mucho de los pozos y del dolor y se sale fortalecido, más grande y sabio. Eso ocurre si uno logra meterse a fondo, sin tapar nada. Si en el país no se tapa nada, estos años nos servirán a todos.
"El pueblo -sigue diciendo Marilina- en su mayoría votó por algo, sorprendiendo hasta a esa misma mayoría. Más allá del partidismo (ella no votó por el radicalismo) creo que demostramos nuestro crecimiento. En estas elecciones dijimos que ya no queremos más ciertas cosas, como la prepotencia. Los que no modifiquen su actuación de acuerdo a este sentir, se quedarán atrás.
Su voz troca la suavidad inicial en aplomo y énfasis. Los ojos le brillan, pero la sonrisa queda velada cuando habla del país vapuleado. Le pregunto a dónde fueron a parar los sueños gigantes de nuestra generación.
"Con mucho dolor y muerte, aprendimos a aceptar la realidad. Ahora es muy difícil creer en la autodeterminación de los pueblos, cuando el mundo está dividido en dos, regido por dos potencias. Y ojo con que alguien mueva una ficha. Es casi tarea de titanes no depender de ninguna de las dos potencias. Pero pienso que es una posibilidad real del Tercer Mundo, en la cual yo creo. Hay que tener claro que los Estados Unidos no quieren que crezcamos. Ahora se ponen aparentemente contentos con nuestra democracia, pero si crecemos mucho nos van a querer parar. Pero sigo creyendo que vamos a crecer, aunque tengamos una pata o una manaza encima."
Emotiva hasta los tuétanos, un terrible gesto de dolor se le agranda en la cara cuando profundiza en el tema de nuestra generación, de nuestro desamparo colectivo.
Marilina pone sus manos en la nuca. Se acoda en el escritorio. Me canta esta canción, "Escaleras mecánicas". Me habla de la gran responsabilidad que tenemos todos en este planeta, el de evitar la hecatombe nuclear. Dice: "Eso es lo primero y esta tarea nos incluye a todos."
Explica, con una voz que apenas se oye, que tenemos muchas responsabilidades y que nos hicieron creer que no podemos hacer nada para transformar las cosas. Asegura que todos podemos y debemos hacer algo. Explica que la lucha de la mujer se dirige hacia el mismo sitio.
"Las mujeres, sin competir ni tratar de ganar, debemos intentar ocupar el lugar que merecemos, que nos corresponde y que no nos es dado. No hay que reprocharle al hombre que no nos dé ese lugar. Hay que conseguirlo. Las mujeres tenemos que empujar el límite hasta que estemos donde tenemos que estar."
"Cuando volví seguía prohibida como actriz. Entonces empecé a cantar en un boliche. Las canciones revelaban momentos de mi vida. Me pareció que era un lindo camino: volver al país cantando y contando quién soy y qué me pasó. Eso fue creciendo y los 'pubs' quedaron chicos. Y con una guitarra no alcanzaba y busqué a un pianista, luego a un baterista y un bajo. Y ahora me siento muy feliz haciendo esto."
El primer plano lo tiene ahora la música, que es su gran amor. "La actriz -explica- empezó a quedarse, a quedarse y se quedó. No siento nostalgias de la actriz. Cuando me canse de la música, o ella se canse de mí, o la gente se canse de ambas, me dedicaré a otra cosa. ¡Qué se yo! No quiero saber lo que va a pasar, prefiero que me sorprenda. Trato de vivir el 'aquí y ahora', de acuerdo a lo que siento y necesito en cada momento."
Cambia de lugar, se acomoda entre almohadones. Me explica que para ella: "El pasado es una referencia, son historias que me alumbran el presente. Pero no hay que quedarse atada al ayer. Lo pasado está muerto. Lo que está vivo es lo que vivimos ahora."
Ella se sitúa a cada instante en el vértice del momento, danzando con el destino y su libre albedrío.
"Hay -dice- un 50 por ciento de destino y otro 50 de libre albedrío. En cada situación tenés que decidir, como dice el 'I Ching'.
Entonces, o bien 'cruzás las grandes aguas', o te quedás quieto. Sin modificar. Todo depende del tiempo que te toque vivir."
En medio de la dictadura, Marilina creció como una plantita evitando los escollos para llegar a la luz. "El dolor -sostiene- te agiliza la imaginación. Y se puede crear hasta en una cárcel, porque no hay que quedarse inactivo esperando que exista el ámbito ideal. Hay que intentarlo todo, como sea."
Su último disco está dedicado a los amigos. Y lo explica:
En la amistad yo crezco y ayudo a crecer a los demás. En las relaciones de pareja conseguir esto es más difícil, quizás porque haya otro tipo de exigencias y compromisos. Con los amigos yo puedo tener otro tipo de relaciones. Más bien me ocurre que se me juntan ambas cosas. El amor es muy grande, incluye a un vecino, a un perro, vos y yo no estaríamos aquí. El mundo sería otra cosa si pudiéramos amar al prójimo como a nosotros mismos. Pero, si uno se ama mal, mal va a amar al otro. Para poder dar, hay que conocerse a sí mismo. ¿Viste?, siempre llego al mismo meollo."
Empezamos hablando de tantas cosas trascendentes y terminamos una charla frívola, hablando de las arrugas y del sentirse o no vieja.
"No sé lo que me pasa, pero no me siento vieja. Es como si no tuviera 40 años. A veces me miro en el espejo y me pregunto: ¿No pareceré disfrazada de nena? ¿Será que no asumo mi edad? Pero, un segundo después, llego a la conclusión de que no me importa. Cuando veo las canas, las arrugas, la papada o un atisbo de celulitis, pienso que está bien. Todo eso forma parte de este momento. Es la edad para tener todo eso. No me peleo contra los años, ni los oculto con cirugías. Por otra parte, también me digo: ¡Qué bien estás! Porque siento que nunca estuve mejor, ¡nunca! Pero no fisicamente, sino por dentro. Me gusta mi microcosmos espiritual. También lo que estoy haciendo. Ya sé que yo no canto, sino que berreo. Soy una contadora, que usa formas teatrales y mucho clima. Eso me encanta. Y estoy plena, a tope, viviendo cada instante como nunca antes había conseguido hacerlo, ni a los 10, ni a los 20, ni a los 30.
Publicado por Anónimo 0 comentarios










