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Marilina junto a Niní Marshall

Niní Marshall felicita a Marilina tras una función del unipersonal "Solita y sola" realizado en "El gallo cojo" en 1972.



Muchas Gracias María por aportar esta imagen.

Solita, sola y enyesada

Octubre de 1972

"Solita, Sola"... Y enyesada

Marilina Ross está "Solita..." Pero esto va más allá de un simple juego de palabras, nacido del nombre del espectáculo que debió suspender por su desgarro. Marilina acaba de separarse definitivamente de Emilio Alfaro. Pero nada le asusta: ya antes de volar en el "Charter" eran firmes sus propósitos de reanudar su trabajo.

PLANES: Volver al café-concert, televisión y vacaciones en carpa con unos amigos.


Las cosas iban a las mil maravillas. Pero el anteúltimo sábado la suerte dijo basta justo cuando Marilina Ross daba una vuelta en el trapecio para caer sobre el escenario. Ahora, desde una verdadera prisión de yeso, paga con un sinfín de piruetas el no haber realizado bien lo que correspondía en ese momento. Antes de su viaje relámpago a Roma, comentó:

- ¡Pero... vengo haciendo lo mismo desde setiembre! Si hasta el tabladito de "El Gallo Cojo" parecía acostumbrado... ¡Ahora me veo en cada aprieto! Hoy, para ponerme la media, tardé como dos horas. La agarré con las dos manos -a la altura de la derecha, que es la que está fija- y la fui arrollando hasta conseguir la punta. Parecía todo solucionado, pero cuando llegaba al pie, ¡zas! ¡A empezar de nuevo! En realidad, lo único que puedo hacer bien es hablar por teléfono...




No faltaron risas en el relato; a pesar de los inconvenientes de otra índole que le trae el percance, Marilina se muestra optimista porque la "tortura" no habrá de prolongarse por mucho tiempo más:

- Tenía que dar una vuelta en el trapecio que pende sobre el público. Eso lo hice bien, pero sin el impulso suficiente como para descender en el escenario. Entonces, por no caer sobre la gente, me quedé tomada del trapecio con la mano derecha y el brazo hacia atrás. Eso fue lo que me produjo el desgarro del trapecio. Sí, del músculo de ese nombre, no es chiste... La gente me ayudó a bajar y debí suspender la función. Pero "retornaré" el 17... al trabajo y al país, porque partiré el 14 en el "charter" para regresar con Perón ese día. Él traerá la solución y la seguridad al pueblo. Somos varios los artistas que partiremos con esa convicción.

- Estos días de inactividad, ¿no perjudican tu espectáculo?

- Y... en realidad no me hace ningún favor. El espectáculo ("Solita y sola") anda muy bien y dejar de hacerlo aunque sea por un corto lapso implica tener que esperar a que la gente se entere que sigue, etcétera, etcétera...




- ¿Hasta cuándo continuará?

- Hasta febrero. Ese mes me lo tomaré enterito para descansar.

- ¿Adónde te vas?

- Bueno, supongo que sabrás que estoy separada... Así que me iré en carpa a recorrer playas con un grupo de amigos.

- Con respecto a eso de que estás separada también habría que preguntarte hasta cuándo, ¿no?

- No. Esta vez es la definitiva; seguro.

- Pero la mitad de las muchísimas veces que te separaste de Emilio Alfaro en lo que va de este año fueron, según vos, definitivas. Y sin embargo...

- ¿Sabés qué pasa?, no es fácil separarse de alguien cuando no hay un motivo concreto, perfectamente definible como puede ser una pelea por una causa externa a la misma pareja. En ese caso -u otros del mismo tipo- lo más probable es que se lo tome como excusa para pelear, gritar, enojarse y, enseguida separarse. Pero entre nosotros no existe ese factor. De ahí la serie de "marchas" y "contramarchas".




- ¿Lo ves a Emilio?

- Sí, lo veo.

- ¿Sabés cuáles son los planes de trabajo?

- Ni idea.

- Pero conocerás los tuyos...

- Empiezo en marzo con un programa televisivo que todavía está en gestación. Será del tipo de los musicales y saldrá al aire una vez por semana. Eso es lo único que puedo adelantar. Tampoco sé quiénes tomarán parte.

- ¿Qué fue lo último que hiciste en televisión, descontando el trabajo con el "clan Stivel"?

- "La nena". Y volvieron a ofrecerme recomenzar con lo mismo. Por supuesto no acepté porque sería volver atrás.



Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!

Marilina, solita

29 de octubre de 1972 - Clarín

Marilina, solita

Teatro, cine, televisión, radio, discos. Y después de doce años de labor profesional la joven actriz aborda sin ayuda uno de los géneros más difíciles: el café-concert

Marilina Ross es la única intérprete. Ricardo Talesnik se encargó del libro, y David Stivel dirigió el espectáculo.


Fotos: NORBERTO MOSTEIRIN

MEDIAS ROJAS. Vestido de lunares. Una guitarra. Y detrás un enorme muñeco, que habla con la voz de Carlos Carella, para apoyar el derroche de juego que Marilina Ross, solita, despliega en casi dos horas de actividad teatral. Y además de los recursos habituales en un café-concert: canciones, disfraces, diálogos con los espectadores, hay un trapecio donde Marilina se columpia como si ésa fuese su silla habitual.

- Desde chiquita me trepaba a todos los juegos de la plaza, me llamaban la machona, como se decía antes... A los diez años estudiaba arte escénico en el Teatro Infantil Labardén y hacíamos representaciones en el Colón. A mí me dieron un papel en el que debía columpiarme en escena; lo hacía con un impulso tal que llegaba, creo, hasta la mitad de la sala... Después practiqué el columpio varias veces en la televisión, con "La nena"... Esa es la explicación. No hay ningún antecedente circense... ¿Miedo? ¿Por qué? Decidí trepar y lo hago, eso es todo.

Delgadita, sin necesidad de régimen. No come dulces, no le gustan.

Sus gestos son lentos y demorados. A cada rato tuerce la cabeza hacia atrás o a un costado, con esos movimientos habituales en las muchachas de melena larga. Y a veces acomoda el pelo detrás de las orejas, con un gesto repetido y despacioso de la mano. Tiene un cabello lacio, sin marcado alguno, castaño casi oscuro, brillante. Lleva muy poco maquillaje. Para la escena, dos manchas de colorete en las mejillas. Y sombra en los párpados, sobre unos ojos extraños, grandes, absortos, pardos, asombrados. No se sabe si están por descubrir alguna realidad o vuelven ya de todos los hallazgos.

- ¿Que tengo el cuerpo y el aspecto de una adolescente? ¿Si eso me limita como actriz? No me puedo cambiar la cara y debo adaptarme a mi físico-. El tema la disgusta, indudablemente. Pasamos a otra cosa.

- No soy artista por herencia. Empecé a los cuatro años, cuando hacía gracias, cantaba y bailaba en las fiestas familiares. Un poco lo que pasa en mi espectáculo actual. Estudié en el Labardén hasta los catorce y debuté en el teatro Liceo hace doce años, en "Lucy Crown", con Luisa Vehil.

Le decimos que nos parece tímida. No contesta. Componemos la frase por otro lado. ¿Cómo se siente al presentarse sola?

- No estoy sola. El muñeco con voz es un gran apoyo. Al principio, en los ensayos, estaba realmente asustada. Después me tranquilicé. Y ahora me siento cómoda. Es interesante para toda actriz realizar un espectáculo distinto, completo.

Solita Ross, canta y se acompaña con ritmo de cuerdas.

- La guitarra la aprendí de oído. También el "tranquillo", un instrumento brasileño de cuatro cuerdas.

- ¿Y las canciones son suyas?

- He compuesto cuatro. La que más me gusta es la que canto ahora, en el espectáculo.
Repite la letra a nuestro pedido: ..."Es tan grande esta oscuridad/que me perdí./ ¿Dónde estoy?/ No soporto más caminar sin avanzar./ Para qué correr/ si después vuelvo a caer./ ¿Dónde esta la luz?".

- Es muy triste, casi angustiosa, ¿usted es así?

Terminante:

- No. Pasaba por un estado de ánimo transitorio. Me sentía de una manera determinada por una situación particular. Puse en marcha el grabador y empecé a improvisar. Me gusta componer música, pero sin letra. Soy pésima poeta. Intenté escribir poesías más de una vez, pero me salen muy feas y las tiro. Siento la música. La clásica no, no me interesa. Me gusta lo popular y actual. Lo brasileño ante todo: Caetano Veloso; también Chico Buarque.

Cambiamos de conversación.

- ¿Yo, mujer casera? Soy pésima organizadora. No sé cocinar. No me atrae la decoración de la casa. La ropa tampoco me preocupa. Mi destino no es ser ama de casa. Mi destino es ser actriz.

- ¿Cuál es su jornada habitual?

- Nada fijo. Odio la rutina y siempre hago lo que me gusta. Me levanto tarde. A veces como en casa. Las tardes son siempre diferentes. Hago visitas. Voy al cine. Y me acuesto muy tarde.

Fuma mucho. Habla poco, lo indispensable, o menos. Cuando está seria se la ve desganada y ausente. Cuando sonríe se transforma y acapara toda la luz. Tiene una enorme comunicación con el público, pero es cerrada para el diálogo. Se entrega a la entrevista como a un mal rato necesario, lo mismo que ir al consultorio del médico o del dentista. La cronista alterna en la charla el vos y el usted en la medida exacta e inconsciente de la sonrisa o la lejanía de la actriz.

Para arreglarse, a pesar de que ya tiene puesta una malla sobre el cuerpo, cierra la puerta de su camarín color rosa.

- ¿Qué diferencia nota entre el ambiente teatral porteño de sus comienzos y el actual?

La pregunta le gusta.

- En doce años noto un gran avance actoral, es evidente. Pero, a la par, hay un gran desgaste de autores argentinos. Escriben una o dos obras y paran la producción. Y nosotros necesitamos un teatro que exprese el momento actual.

Hace una pausa y dice: "¿Algo más?". Hubiésemos dicho: cien cosas más. Pero sería inutil. Ella da por terminada la entrevista. Se pone una capota de bebé, detalle final, y va hacia el piano, guitarra en mano, para afinarla antes de comenzar.

Las sillas de El Gallo Cojo están muy ordenadas. Las mesitas en su lugar. Los camareros listos. Va a empezar la función. El público aguarda la copa y el espectáculo desde el mínimo foyer-corredor, dispuesto a pasar dos horas agradables con una intérprete de talento. Pocos conocen que, noche a noche, entran en el juego la inteligencia y las energías de una joven actriz entregada a su destino. Dignidad profesional. Vocación firme. Intransigencia ante las mediocridades.

El público entra. La principiante de "Lucy Crown", la pícara nena de la TV, la adolescente de "Morir en familia", componen con todas sus ricas experiencias el personaje de hoy, la mujer que canta, besa, narra desenfadada, llora, se columpia.

Apoyado junto a la puerta de entrada un gran cartel anuncia: Marilina Ross en "Solita y sola". Y está la foto de la actriz, sin sonrisas, con una mirada vaga, perdida entre el enigma y el asombro.


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!

Marilina Ross se presenta como cantante

Viernes 25 de agosto de 1972 - La Opinión

Otra actriz ganada por el café-concert

Marilina Ross se presenta como cantante

"Para el gran público de la televisión todavía soy la chica despreocupada y ligera de La nena; Cosa Juzgada no modificó demasiado mi imagen, tampoco mis trabajos en el teatro. No sé qué va a pasar ahora que he decidido cantar y hacer un espectáculo de café-concert", declara a La Opinión la actriz Marilina Ross, que hoy debuta como cantante solista en el Teatro de la Cova, en Martínez (mañana sábado repite el recital) y en setiembre próximo se inicia en un espectáculo individual, escrito por Ricardo Talesnik y dirigido por David Stivel, en El gallo cojo.

El objetivo de los dos recitales en la sala de Martínez, no excede, según definición de la propia interesada, el marco de "cantar sino porque me gusta cantar; nada pretencioso, salvo la intención de sacarme un gusto personal y muy simple: cantar en público". Ya lo hizo por televisión, sin embargo, en 1964 en varias emisiones del ciclo Sábados Circulares: allí interpretó temas infantiles de María Elena Walsh. En otro programa, Yo soy porteño, incursionó en una línea de tango antiguo, costumbrista y satírico; por fin, los dos discos simples que grabó (cuatro temas que le pertenecen) no fueron lo que se dice un suceso de venta.

El repertorio de esta noche se integra con temas propios, de Serrat, de Piero, Miguel Cantilo, ex integrante del dúo Pedro y Pablo, algunos antiguos tangos (de tono malevo y humorístico), todo ello, acompañado por sus módicas virtudes de ejecutante de la guitarra.

El show que están elaborando con Stivel y Talesnik, intentará hablar acerca del tema de la mujer. Narra (se propone hacerlo) el periplo de una mujer (la propia Marilina, tal vez) desde el estado fetal hasta que sola, decide ir a cantar a un café-concert. Marilina deberá compartir la escena con una suerte de muñeco singular, un monstruo mecánico que tendrá la responsabilidad de un gran número de roles: será madre, escuela, iglesia, padre, ejército, moral, cultura y representará a lo que genéricamente "se debe ser y hacer", la actriz, por su lado, será lo que quiere ser y hacer. "Trataremos de mostrar con humor (sin entrar en la protesta o en la apariencia política) los condicionamientos sociales y culturales a los que la mujer se ve particularmente sometida", aporta Ross.

Marilina confiesa que siempre tuvo deseos de hacer una comedia musical. Y este trabajo, de algún modo, es una manera de iniciar el camino hacia la concreción de tal aspiración. Lo abordará sin otras exigencias que las de su sentido de la profesionalidad. "Estoy realmente cansada de que cada vez que hacemos algo eso deba ser lo mejor, verdaderamente inédito y que rompa con todo lo conocido hasta ese instante. Ese sofocante nivel de exigencias es lo que no nos deja hacer nada, lo que nos paraliza. Yo parto de lo más simple y sensible en mí: me gusta cantar; si al público le gusta, sigo, si no, me dedico a otra cosa", reflexiona inteligente, Marilina Ross.


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!

Marilina Ross realiza uno de sus mejores trabajos

Martes 3 de octubre de 1972 - La Opinión, Cultura y Espectáculos

Aún cuando el texto presenta algunas debilidades

Marilina Ross realiza uno de sus mejores trabajos

Solita y sola, de Ricardo Talesnik, con Marilina Ross. Escenografía: Carlos Cytrinowski; dirección musical: Camaleón Rodríguez; dirección: David Stivel. Café concert El gallo cojo

Por: C. U.

Aunque es notorio que sus posibilidades no fueron desarrolladas al máximo, este espectáculo -tal como está- arroja bocanadas de renovación formal y estilística en ámbito del café concert. Demuestra que en el reino de los escenarios diminutos, prácticamente no se ha hecho nada excesivamente novedoso, desde que en 1964 los directores Gandolfo y Fernández inauguraron con El tiempo de los carozos la "argentinidad" del género. Es conveniente partir de la base que hay mucho por intentar o inventar; Solita y sola, significa un pequeño paso precursor y una, cuanto menos, módica invitación a experimentar. Solita y sola no sólo es agradable de ver, sino distinto: saltea la fatigada fórmula del recorte de textos actuales o no, de poetas no actuales o sí, todo mechado con canciones medianamente intencionadas, comprometidas o humorísticas. Si bien no lo mejor posible de facturar, porque le faltan muchas cosas, lo que ofrece vale para interesar y atrapar.

Se ofrece, probablemente, el mejor trabajo que este crítico recuerde de Marilina Ross; un trabajo completo y difícil. El ejercicio de transiciones a que se ve expuesta es permanente y sale airosa en cada ocasión, con muchos, brillantes, y variados recursos. Cuando canta, lo hace con gracia y simpleza sumamente efectivas y la inclusión de nuevas canciones significaría un aporte para el espectáculo. Los momentos de Solita en que más brilla es cuando su época de beba y cuando se convierte en una adolescente perturbadora y decidida. Marilina Ross comparte la escena con un muñeco -monstruo que abre la boca sólo para marcar los andariveles- de lo establecido, de lo permitido, de lo que está bien, de lo que queda bien. Habla siempre en tono imperativo -la voz pertenece al actor Carlos Carella-, maneja a la protagonista, como que ésta está unida al muñeco por medio de una soga, representación del cordón umbilical. El muñeco (¿o muñeca?) vigila, ordena y limita a Solita desde que nace hasta que consuma su primer acto de persona, cuando toma la decisión de ser artista y cantar en un café concert. A esa altura habrá recordado su época de colegiala, el despertar de su sexo, su casamiento, su separación: de todo ello se infiere que Solita se defiende como puede y muy pocas veces consigue cumplir lo que quiere. El final es brillante "y arriba" como recomienda el muñeco: la protagonista dobla un play back con su voz con la característica que da nombre al show y a la vez piruetea por el aire colgada de un trapecio.

El indudable oficio de David Stivel se dedicó especialmente a eliminar las dificultades que surgen de una planta escénica tan reducida y en ese sentido su prolijo diagrama es un logro plausible.

El texto de Talesnik apunta más a lo tierno que a lo humorístico y observa una ausencia: la de chistes más directos. Talesnik demostró en otras ocasiones un interesante sentido del humor costumbrista que en esta tarea no explotó debidamente. El tono cuestionador (la consabida intención de "decir cosas") recae en lo lánguido, cuando no en lo obvio.

En cuanto a la labor de Cytrinowski (darle un aspecto al coprotagonista del espectáculo) en los materiales utilizados para elaborar al muñeco parece haber un error de concepto. Si representa a las instituciones más castradoras (el poder en general, la iglesia, la patria, la escuela, la familia, el consumo, las costumbres) se hace poco creíble que el elemento base de su fabricación sean mullidos retazos de colchones.

Fotos del unipersonal "Solita y sola"

Haciendo de bebé en "Solita y sola". Año '72


Marilina Ross en 1972 se había decidido a probar suerte como cantante. Sin embargo, por esos días el público prefería verla como actriz. Después de un involuntario exilio y a falta de trabajo en teatro y televisión, se lanzó en una profesión que la hizo triunfar como cantautora.



En octubre de 1972, Marilina Ross prolongaba en un café concert de San Telmo, el éxito de su personaje televisivo: "La nena". No era la única composición que realizaba entonces, pasando del biberón a la interpretación de una simpática anciana.




Fuente: Diario Crónica, Suplemento "Ahora"

Christian desde el rinconcito y Marilina compartieron estas imágenes. Muchas Gracias!!!

No me importa lo que digan

1975 – Revista Antena

Marilina Ross

“No me importa lo que digan”


Nos encontramos en la puerta del Canal 13. Y decidimos tomar café en un barcito que dista a cincuenta metros. Pocos segundos de marcha, pensarán ustedes. Sí, eso sería lo normal. Pero en estos momentos Marilina Ross se halla en su punto más alto de popularidad. Y entonces caminar esos escasos metros nos llevó varios minutos. Porque Marilina debió firmar innumerable cantidad de autógrafos. Luego, ya en la charla, nos habló de ello. Y de todo lo que hace a su tarea artística. También, un pequeño comentario, muy significativo, a propósito de su vida sentimental. Ésta es una síntesis de lo conversado.

* "Mucha gente piensa que he dado marcha atrás en mis conceptos artísticos. Y por eso se oyen algunos comentarios desfavorables por mi participación en "Piel Naranja". No me importa lo que digan, no voy a entrar en polémicas. Simplemente lamento su error. Porque yo nunca dije lo que ellos creen haber escuchado. Si hace falta vuelvo a aclarar que yo sólo estoy contra los programas para elites, eso no me interesa. Un actor debe trabajar para todos. Cuidando, sí, la calidad. Y yo creo que el programa de Migré alcanza esos objetivos: es un autor talentoso, que sabe bien lo que quiere. Y por eso me siento feliz de participar en el ciclo."



* "Vivo la etapa más feliz de mi vida... Me siento bien... Y no me preguntés más. No me gusta hablar sobre mi vida privada. Siempre fui igual. Imaginá el resto."

* "Espero con toda ansiedad el estreno de "La Raulito". Creo que es una gran película. Y de ello habla su selección para el próximo Festival de Moscú."

* "Es muy posible que en julio viaje a España, para presentar un disco que grabé con producción de Piero. Varios temas de ese LP me pertenecen. De realizar el viaje voy a tener que grabar varios capítulos del teleteatro."


* "Por el momento no tengo planes para hacer teatro. No sé, no siento la necesidad por ahora. Debe ser porque estuve quince años sin descanso sobre los escenarios. Tengo varias ofertas para volver con "Solita y Sola", que fue un gran éxito de café-concert, pero por el momento voy a continuar con mi idea: un largo descanso."


Esta nota la compartió Danny de Toronto, Canadá. Muchas Gracias Danny!!!

Cumplió 40 años pero sigue siendo la nena

Febrero de 1983

CUMPLIÓ 40 AÑOS PERO SIGUE SIENDO LA NENA


Hay muchas maneras de perder la propia libertad. Puede sernos arrancada por un acto tiránico, pero también puede escapársenos día tras día, insensiblemente, mientras estamos demasiado ocupados para poner atención, o demasiado perplejos, o demasiado asustados.
(Gregory Peck, en un mitín contra el maccarthismo, 1947).


El nombre de María Celina Parrondo no le decía nada a nadie hasta un par de años atrás, cuando irrumpió en las radios de la mano de Sandra Mihanovich. Puerto Pollensa fue el vehículo y la elección del patronímico de Marilina Ross una gambeta impecable a la censura: desde 1975, esa chica nacida en Liniers, ahijada artística de Luisa Vehil, encumbrada a partir de una comedia televisiva, protagonista de uno de los proyectos más recordables de la tevé argentina, actriz y cantante, no debía ser nombrada ni difundida en los medios oficiales de comunicación.

A ella -como a tantos- le correspondió un lugar en las listas negras que ensombrecieron (ensombrecen todavía) la escena. Marilina fue palabra (y persona) prohibida casi hasta hoy. De vez en cuando, tímidamente, se la escucha por frecuencia modulada, pero poco. La siguen los adolescentes, los no tan adolescentes, los contestatarios y los pacifistas. Sigue siendo peronista, pero menos. No oculta que está enamorada, mal que le pese a muchos. Canta mal, compone bien, fue y volvió, tiene 40 años flamantes.

Nació el 16 de febrero de 1943. Tuvo miedo a los 40 hasta que los cumplió, y vive -lo jura- buscando la libertad de ser, a cada rato.

Este reportaje empezó una tarde, 48 horas después de su cumpleaños, clericó de por medio y grabador ignorado. A los cincuenta contantes minutos hizo crack: en el límite mismo de cualquier sesión de psicoanálisis, se puso pálida, su pulso se aceleró, sintió un nudo en la garganta y otro en la boca del estómago. Y abandonó.

-No sigo más. Nos metimos muy adentro y eso no es para cualquiera.

Dijo y nos prometimos el reencuentro veinticuatro horas después. Completamos la entrevista, tres horas al fin. Y éste es el resultado.

(Marilina Ross, nacida María Celina Parrondo, hija de un mozo aragonés y una alegre inmigrante de Pamplona, dos hermanos mayores. Tiene algunas arrugas, claro, pero no puede desprenderse de esa cara de nena tallada en su piel. Estudió teatro y danzas, fue actriz prematura, se casó un par de veces, toma bastante más de la media normal, parece siempre a la defensiva.)

-Mi historia empieza antes del nacimiento, porque aparecí de golpe. Mis viejos no querían un tercer hijo, y de repente, ¡uop! sorpresa: embarazo. Lo dudaron bastante, la situación económica no era fácil, pero... bueno... ahí estoy. Cuando a mamá le vinieron los dolores de parto llegaba de la feria con la bolsa cargada. Fuimos a la maternidad Sardá y llegó la nena. Tercera y última hija de un matrimonio ya mayor -37 años tenía papá y 36 mamá-, única mujer con todas las ventajas que eso tiene.


"A los cuatro años hice pasitos en el escenario"

-¿Sólo ventajas?

-También arrastraba el hecho de que nunca se arrepintieran de que yo estuviera aquí. Tenía que ser la mejor siempre en todo, demostrarles a ellos que valió la pena que mamá no abortara. A mí me dijeron de sus dudas cuando era muy chiquita. De eso no me olvido.

-Linda carga para empezar. ¿Malos recuerdos?

-De todo un poco. La mayoría no muy buenos. Mis hermanos eran dos tarambanas, iban mal en el colegio, se peleaban mucho. Y yo hacía buena letra, me ponían de ejemplo y crearon -en definitiva- una enemistad muy grande entre mis hermanos y yo.

-¿Buenos recuerdos no?

-También. Me acuerdo de un pintor que se llamaba Sanguinetti y vivía a la vuelta de mi casa. Era paralítico. Yo iba a su atelier y me enseñaba a hacer los personajes de un teatrito de títeres de guante. Parece que jugábamos mucho. Él fue quien le dijo a mi mamá que tenía que meterme en algún lugar donde me orientara hacia el arte. Y entonces mis viejos me metieron a estudiar danzas españolas y clásicas. A los cuatro años subí a un escenario por primera vez encabezando la fila de chiquitinas como yo y haciendo pasitos. Cuando vi a papá en su butaca me paré para saludarlo. Fue muy divertido.

-¿Sus padres tenían algo que ver con el arte?

-¡No, nada! Mi viejo es un tipo sin educación programada, pero con los ojos muy abiertos a la vida. Borroneaba poemas. Mamá era la alegría, la fiesta. Yo heredé las dos cosas, creo.

-¿Se llevaban bien?

-Se pelearon toda su vida y se han amado toda su vida. Las peleas eran muy grandes y nosotros delante. Hoy entiendo que detrás de ellas había mucho amor, pero por aquel entonces no lo comprendía. A los sesenta y tantos años mi vieja decidió separarse. No aguantaron ni un año sin volver a juntarse.

(A los ocho años entró en el teatro infantil Labardén, y allí estudió hasta los 14, cuando la expulsaron por defender a la directora Blanca de la Vega, cesanteada por motivos políticos. Escuela primaria paralela, pocas cosas que recordar. Cosas buenas, bah.)

-No tengo un recuerdo muy bello de mi niñez, porque me quedaban más las peleas que... no tengo en la memoria demostraciones de afecto.

-¿Hacia usted?

-Entre todos y hacia mí. Nunca se acercó mi viejo a darme un beso, por ejemplo. Había que estar enferma para eso. El afecto no era una moneda corriente: más bien la violencia, que en definitiva -lo veo hoy, con mis 40 años- no hacía más que tapar un gran amor que no se podía sacar afuera. A los 17 años me harté y me fui. Mi mamá, conmigo.

(Algo raro había. Los hermanos mayores la hacían jugar de poste en cuanto picado de barrio se hacía. Cosa que ligara algún pelotazo fuerte, según parece. O la montaban en el estribo posterior de los viejos carros de la Panificación Argentina, mirándola irse despacio hasta casi desaparecer cuadras más allá. Ella lo cuenta y se ríe.)

En política sólo es declarado injusto lo que han hecho los vencidos. Y la historia pasa con pies de bronce sobre tales injusticias declaradas. Spengler


A veces sería preferible hacer un pase mágico y -acto de birlibirloque- esfumar la memoria. Uno hace algo que no le gusta a otro, y si ese otro tiene poder alguna vez, hará lo posible por hacérselo pagar. Eso, cuando la memoria se aplica más a la superficie que al fondo.

A Marilina Ross no le perdonaron nunca que trepara la escalerilla del charter que trajo a Juan Domingo Perón aquel lluvioso día, diez años atrás. "¿Lo hiciste? ¡Pagá!", resultó la conclusión. No importa si cambió o no. Lo que importa es lo que hizo.

Buen tema, el político, para interpolar en este reportaje.

-Voy a contar una anécdota que nunca conté. Yo estaba haciendo Solita y sola (un unipersonal). Era noviembre del '72. El final del espectáculo significaba "Bueno... ahora estoy sola, corté el cordón umbilical con la sociedad y ¿qué hago? Quiero cantar". Y cantaba unas canciones, la última sentada en un trapecio desde el que finalmente debía dar una voltereta y caer sobre el escenario después de pasar sobre los espectadores. Yo estaba mal, e hice el movimiento demasiado tarde. Para no caer sobre la gente, mi brazo derecho giró totalmente y me fracturé el hombro. Me enyesaron y tuve que suspender un mes las funciones. Así ocurre el charter de Perón, en el que viajé con el brazo enyesado. Si no hubiera tenido ese minuto de miedo sobre el trapecio, no hubiera viajado en él.

-Parece un justificativo...

-Aclaro: no hubiera estado en el charter. Pero mis sentimientos sí. Pasa que toda la vidriera que produjo eso hizo aparentar que yo estaba más de lo que estaba en realidad. Nunca estuve afiliada siquiera. Todo eso pareció como que estaba representando algo, y no era verdad.

-¿Desde cuando fue peronista? ¿Desde sus padres?

-¡No...! Mi viejo era antiperonista. Mis hermanos sí eran peronistas. Y yo también. Con papá seguimos peleándonos por eso.

-¿Por qué el peronismo?

-Porque me interesaba la posición tercermundista del movimiento. O mejor, de Perón. La no alineación con los dos grandes sectores de reparto de esta torta. La posibilidad de una tercera posición en contacto con el pueblo real, con la gente, porque desde allí tiene que venir, y no de la cabeza que obliga a esa gente a que vaya aunque no quiera. Yo estaba con el peronismo de Perón, de su doctrina y de su futuro para la Argentina y para el mundo. Después, la realidad es otra.

-¿Y cómo participaba usted?

-Poniendo el cuerpo, como siempre lo puse, creyendo que era parte de un cacho de historia. Estuve en Vicente López, pero del lado de afuera, con la gente.

-¿Con la gente de la Juventud Peronista?

-Yo nunca me inscribí en ningún sector, y hubo muchas incitaciones para que me enmarcara en alguno. Todos querían capitalizarme porque... claro... cara conocida, poder de convocatoria, ¡venga, adelante!

-Pero usted iba a los barrios y a las villas...

-Sí, pero como parte de un grupo que se llamaba José Podestá, que no tenía nada que ver con ningún sector en particular. Era la cultura popular. No dependíamos de nadie ni quisimos depender. Y vinieron mil ¿eh? mil cables a tirarnos.


"Allí estábamos, ajenos a los dos extremos."

-¿Quiénes?

-Montoneros, J.P., todas las J.S.P., jota... no sé. Todos. Como estábamos en el centro, todos querían captarnos. El pueblo estaba en el centro, y allí estábamos también nosotros, ajenos a los dos extremos.

-¿Cómo vivió el 1° de Mayo del '74, cuando Perón acusó a un sector de imberbes y estúpidos?

-Perón era un militar. Como general, estaba en el centro. Primero hizo avanzar a la izquierda, y cuando ya había cumplido su papel, hizo avanzar a la derecha. Eso es estrategia pura. Actuó como debe actuar un general.

-Sin embargo, por aquellos tiempos a usted la hubieran identificado fácilmente con el ala izquierda del peronismo...

-¿Sabe con quién me identificaba yo? Con el padre (Carlos) Mugica. Lo conocí mucho. Era un grande. Salvajemente asesinado. Un ser excepcional: vivo como pocos. Un tipo que se fue de la calle Gelly y Obes, donde nació, a vivir a una villa miseria con los necesitados de verdad.

-¿Y la muerte de Perón? ¿Cómo la sintió?

-Me sentí muy sola.

-¿Estafada?

-No. Estafada, no. Supe entonces que lo que se quería no se puede hacer, que es impracticable lo que quería Perón. No se puede por el reparto global del mundo, porque nosotros no somos un país aislado, independiente y libre.

-¿En ese momento tomó la decisión de ampliar las distancias?

-Yo nunca tomo decisiones. Las cosas me van pasando. Hay una corriente que va y yo voy con ella. Mi cabeza no actúa demasiado brillantemente. Son más mis tripas las que me van guiando.

-Si usted no tenía nada que ver, ¿por qué la amenazaron las tres A y no los montoneros?

-No lo sé... no lo sé. Pero hubo agresiones de los dos lados. No amenazas, pero sí agresiones, como a Mugica. Me acusaron de traidora, no sé bien por qué. Yo me quedé sola, como se quedó la mayor parte del pueblo peronista.

-¿Quién la representa, hoy?

-En este momento mi confusión es muy grande. No puedo decir nada. Estoy esperando hasta que aclare.

-¿Nunca más la política?

-No está puestas mis expectativas en ella. Prefiero no tener expectativas, como estilo de vida, y siento que tenemos que hacer otra cosa. La solidaridad, pero desde lo más adentro posible, desde los sentimientos, descubriendo cuáles son las cosas que nos juntan y ahondarlas llevándolas a cabo. Hay prioridades y urgencias. ¿Ollas populares? Llevemos un cacho de carne. No esperemos que no dé todo el gobierno o que todo venga de los padres. No nos engañemos más: los reyes magos son los papás.

"El amor de Cristo es un buen punto de partida."

-¿No importa qué gobierno sea?

-Sea quien sea. Yo no le puedo exigir al que suba en las próximas elecciones que haga lo que no puede. Esto está destruido, entonces ayudémonos de verdad entre todos. Y creo que el amor es un buen punto de partida. El amor de Cristo.

-Usted dijo hace un momento que la acusaron de traidora. ¿Hoy pueden volver a decir que es una traidora a sus convicciones anteriores...?

-¡Es que no permiten que una se modifique! Es como si una pensó o dijo alguna vez algo y ¡listo! se tiene que quedar quieta ahí, morirse en ésa porque si no es como cambiarse la camiseta. El mundo gira, y yo voy creciendo y entendiendo cosas. ¿Por qué tengo que firmar un documento de por vida sobre algo, si cada día es distinto y pasan cosas en el mundo que me modifican? Quedarme es morirme. Y yo estoy viva. En fin: que crean lo que quieran: me da igual.

-¿No volverá a cantar en mitines políticos?

-No lo sé. Iré viendo, de acuerdo con mi necesidad y mis ganas y a lo que crea que sirve.

-Usted parece ir a contrapelo de lo que sucede...

-Es que voy un poco más allá. Creo que Escaleras mecánicas expresa claramente cuál es mi postura. Ya no es la Argentina. Es el mundo el que está en crisis. Los poderes que nos rigen -el poder del dinero, fundamentalmente- y que nos llevan a guerras y enfrentamientos. Con el poder económico se compran las armas y la muerte. Pero el ser humano es mucho más que el poder del dinero, aunque esté totalmente limitado por él.

-¿Usted no?

-Yo trato de zafar lo más que puedo, pero, ¡claro!, estoy en una sociedad que se rige de esa forma. Por lo tanto me es difícil aislarme.

-Sin embargo, en este momento -más que nunca- usted empieza a ser un producto de consumo, ¿no?

-Pero yo sigo sin tener un mango. No, no quiero. Mi objetivo no es hacerme rica. Mi objetivo -si es que tengo alguno- es ser feliz. Y dar lo que pueda dar. Eso está también en Escaleras mecánicas. Si el mundo fabrica armas para destruir al mundo, entonces digo "dame la mano, amigo, quiero sentir que vivo". Eso habla del afecto, del sentimiento que nos puede rescatar para sobrevivir.

-Vamos... Marilina... que ése no es el mundo real...

-Sé que no lo es, pero debemos tratar de cambiarlo: No lo vamos a ver, pero supongo que esto va a llegar a un punto que... creo en el apocalipsis, de verdad. No sé de qué forma, pero va a venir porque nos encaminamos a la destrucción. Y después de la destrucción vendrá un nuevo nacimiento del ser humano en el que el hombre sea lo importante y los valores otros. No los que nos han impuesto y seguimos sin entender.

Bajémonos de un salto/ para viajar por dentro/ para volar en alto/ para crecer en serio/ para vivir/ para morir en paz. María Celina Parrondo


"Donde más me gustaba estar era en el Labardén. Allí vivía mejor, más intensamente. Yo me comunicaba bien allí con los chicos y chicas de mi edad. Primero era una del medio, el nexo entre las mayores y las más chiquititas. Tenía espíritu de samaritana. Finalmente me hice líder, a los 14 años, cuando encabecé un movimiento de chicos, ¡éramos todos chicos!, para impedir que cesantearan a Blanca de la Vega como directora. Hicimos una manifestación hasta la Municipalidad, y el intendente nos recibió. Yo me indigné. ¡Íbamos por un asunto importante, y nos preguntaba de qué cuadro éramos! Una vergüenza. Al final me expulsaron. Fue un fracaso, pero todo sirve: ya fui tomando conciencia de echadas y de fracasos. Y acababa de entrar en la adolescencia, nada menos. No sabía qué hacer, sin la escuela de teatro, hasta que Blanca de la Vega y Mecha Quintana me becaron para aprender en sus estudios privados. "¿De qué voy a vivir?", me preguntaba. Y como no podía ganar plata actuando, por el momento, me metí en la Pitman para ser una buena secretaria. Danza, teatro y dactilografía, ¡mirá que mezcla! Nunca necesité, finalmente, usar lo aprendido en la Pitman. A los 15 años mi tío me presentó a María Teresa León y a Rafael Alberti, y ella me hizo tres cartas de recomendación: una para Beatriz Guido, otra para Lucas Demare y otra para Luisa Vehil. Fui directamente a Luisa, me presenté y leyó la nota. Me miró a los ojos, muy profundamente, y me preguntó: "¿Quieres ser actriz, de verdad?" Le contesté sí, y dijo: "Bueno. Llámame -porque me trataba de tú- a mediados de enero". Y me dio su teléfono.

"El 15 de enero a mediodía la llamé y me dijo que me tomaría una prueba. Lo hizo su hermano, Juan Vehil. Estaban por montar una obra que reclamaba a una adolescente. ¡Vea qué mágico! Me aceptó, y en marzo empecé a ensayar. Marzo del '60.

"Allí empezó mi carrera profesional. Las otras dos cartas no las usé nunca. Luisa me llevó después a televisión, para un ciclo que dirigía (David) Stivel, y más tarde a otro que conducía María Herminia Avellaneda. Después me llamaban por mí misma. Por entonces, papá y mamá me apoyaban con todo. Él venía a buscarme a la salida del teatro y viajábamos juntos en colectivo hasta Liniers, a las dos de la mañana. Ellos tenían sus reservas, claro: imaginaban monstruos detrás de las cortinas del teatro, creo. El sexo era tabú, y el mundo artístico los alarmaba bastante. Fue por entonces que mamá y yo nos fuimos a casa de unos tíos. Yo no aguantaba más el clima de esa casa en la que papá y mamá vivían peleando, pero resultó grave: tuve septicemia y quedé al borde de la muerte. Eso hizo que viéramos de nuevo a mi papá, después de varios meses. Poco después mamá y papá volvieron a vivir juntos. Yo alquilé un departamento en Santa Fe y Canning y me llevé a todos conmigo. Ganaba lo suficiente para empezar a bancar a la familia".


"Todavía me faltaban otras independencias."

-¿Y el amor? ¿Qué pasaba con el amor?

-Para mí el amor entró tarde, ya avanzada la adolescencia. Alguna vez había tenido un noviecito, como a los 14 años, que me tocaba timbre desde la bicicleta y salíamos a pasear. Se llamaba Juancito y vivía a la vuelta. Un poco después estaba el buen mozo del barrio que se había comprado una moto: Horacio. Era el galán, Elvis Presley, ¡y me invitó un día a dar una vuelta! Subí, claro. Y cuando llegamos a la General Paz y Libertador, no sé qué pasó y aparecimos los dos adentro de una fuente que había allí, empapados y con la moto rota, llenos de magullones. Volvimos como a las nueve de la noche, y fue la primera vez en mi vida que mi mamá me dio una paliza terrible. El romance no entraba en la cabeza de ellos.

-Linda historia. Pero estoy hablando de amor en serio...

-Mi primer amor fue un señor casado. Una relación conflictiva, muy difícil, que nos llevó unos cuantos años. Yo tenía 18 años, y por entonces ya había alcanzado la plena independencia económica, aunque todavía me faltaba lograr otras independencias. Fue muy duro aquello, y al final se acabó.

-¿Por qué?

-Porque era realmente conflictivo.

-¿Por lo malo o por lo bueno?

-Era bueno porque encontraba contrapartida para lo que yo sentía, pero a la vez era malo porque no tenía salida, ninguna posibilidad.

-¿Clandestino?

-Totalmente clandestino, mal vivido. Yo no podía hablar de lo nuestro con mi familia, y él tampoco. No sé... mal.

-¿Quién era?

-Un compañero de teatro.

-Cuyo nombre no se conocerá, claro.

-No. No lo voy a decir.

(Se saca los anteojos muy redondos, muy dorados, muy marrones. Se le cayeron las ojeras, está pálida, María Celina Parrondo. Tiembla, también. Hay en sus ojos una profunda tristeza, y su pulso galopa en vez de trotar. No quiere seguir adelante.)

Conocer la fama en la juventud tiene una desventaja: que se sabe muy pronto que la fama es muy poca cosa, y si no se encuentra algo mejor para sustituirla quedan demasiados años que pueden ser de descorazonamiento y amargura. Albert Camus


Primero fue Juego de adultos, el ciclo de Luisa Vehil. Hizo Yo soy porteño y más tarde Señoritas alumnas. Hacía de nena, hasta que llegó La Nena, su primer gran impacto en televisión. Una comedia liviana, de la mano de Osvaldo Miranda. Le dio fama, rápida e impensada.

-Yo no tenía una actitud frente a la televisión. Para mí era atractiva por lo desconocida. Con el tiempo descubrí que era el eslabón perdido entre el teatro y el cine. Tuve la suerte de entrar a la televisión para hacer lo que me gustaba. No fui de extra ni de locutora.

-En ese período ¿hubo alguien que la marcara particularmente?

-Yo soy una especie de esponja que absorbe de todo y de todos. Naturalmente, Luisa fue para mí alguien muy importante, que me enseñó los primeros pasos, me dio consejos fundamentales para mi vida profesional y para mi vida como persona. Compartíamos mucho, y me tenía como alguien de su familia. Aprendí mucho viendo y viviendo.

-¿Le fue fácil tomar contacto con la fama, a partir de La Nena?

-La Nena fue un éxito hecho particularmente por los chicos, aunque no era un programa infantil. Y lo increíble es que esos chicos de entonces son los que hoy van a mis recitales de música.

-Insisto con la fama. ¿No la golpeó?

-No, porque no apareció de golpe. Fue de a poquito, no como quien hace un aviso publicitario y al día siguiente el país entero está hablando de eso. Imagino que esa celebridad puede descentrar. Un día firmé un autógrafo, tres al siguiente, cinco más tarde y veinte después. ¡La fama es puro cuento! Pero es gratificante, sí.

-¿Fue el amiguismo lo que puso en marcha Cosa Juzgada?

-En gran parte del grupo, sí. Yo ya estaba casada con Emilio (Alfaro), viejo amigo de David (Stivel) casado con Bárbara (Mujica), amiga mía. Norma (Aleandro) primera novia de Emilio. Federico (Luppi) con quien yo habiá trabajado hacía años. Carella que, bueno, apareció y fue entrañable desde el primer día. Y Gené, a quien conocí en esa época. Sí, la amistad fue el motor.

-¿Hubo un proyecto inicial claro?

-En principio fueron ganas de hacer algo mejor de lo que hacíamos. Después surgieron las posibilidades. Y finalmente salió bien, porque el grupo ocupó un espacio vacío entre lo que era el teatro independiente y el teatro comercial profesional.

-¿Había una ideología clara, planteada como tal?

-Había una ideología de vida bastante compartida. Y, políticamente también, un intento, porque había bastantes diferencias. Pero en el fondo no eran tales: todos queríamos, en definitiva, un mundo mejor. El camino a lo mejor era distinto, pero el objetivo el mismo.

-¿Habla de una especie de relación simbiótica en el grupo?

-Los más amigos éramos Emilio, Bárbara, David y yo. Éramos c... y calzón. Amigos, elegidos, bien. ¿Simbióticos?, tal vez sí.

-¿Eso fue bueno hasta qué punto?

-Yo no creo que las cosas sean buenas o malas. Si me sirve es bueno y si no me sirve es malo.

-Y si era tan bueno, ¿por qué se murió?

-Se fue muriendo, se fue desmembrando...

-¿Fue paralelo al desgaste de sus parejas?

-También. Sí, también coincidió.

-¿Casualmente?

-No, no hay nada casual. Creo que el no hablar lo necesario hizo que se enturbiaran mucho las relaciones en el grupo. Pero se trataba de no poder ser sincero con uno, no con los demás, tener en claro qué pasaba. Yo, por ejemplo, no funcionaba activamente. En las reuniones del grupo no hablaba, o a veces sentía que era como una alumna que estaba allí aprendiendo, chupando como una esponja. Fue un gran error, porque tenía también cosas para decir, que eran otras. Ni mejores ni peores, otras. Las mías. Por ejemplo, preguntar "¿qué te pasa?", "¿qué sentís?", "largalo". A lo mejor no coincidió mi tiempo de crecimiento con el de ellos.


"Me quedé sola. Sola, mi alma, conmigo."

-¿Se fue con un portazo del grupo?

-Sí, algo así.

-¿Por qué?

-No... fue muy personal esa historia y no quiero contarla.

-¿Por qué?

-Hay cosas muy... privadas. No... no... eso me lo respeto. Pero lo maravilloso es que hoy, después de tantos años, nos volvemos a encontrar en cualquier lugar del mundo y el afecto está, el amor está y los desencuentros ya no están. Tenemos encuentros lindos. Y un buen recuerdo de todo aquello, también.

-El cerrarse en el grupo ¿incidió en su muerte?

-Sí. Creo que sí. Nos cerró por miedo a pérdidas, como en una pareja. A veces se siente miedo de perder lo que se tiene, y se cuida tanto que lo ahogamos y no crece.

-Para colmo de rupturas, también la propia pareja...

-Con Emilio fuimos y vinimos varias veces. Nos separamos seis y nos reconciliamos cinco o seis. A esta altura, creo que seis. Y... a mí me pareció que se me caía el mundo porque tenía todo puesto ahí. Mi relación, mis amigos más queridos y mi trabajo. Me quedé sola. Sola, mi alma, conmigo. Bueno, sola con otros amigos que estaban ahí.

-El reemplazo...

-Sí... sí, claro. Y bueno, pero es uno de los pozos que tuve. En ese momento compuse Aquel estado de ánimo, que dice "cómo habré llegado hasta aquí/ si no salí/ es tan grande esta oscuridad/ que me perdí./ ¿Dónde estoy?/ Quiero encontrar el camino/ pero está dentro mío./ Está dentro mío/ y él también está perdido./ ¿Dónde está la luz?"

-¿Dónde estaba la luz?

- Estar en el pozo más profundo me salvó. Eso me pasa siempre: escribo una canción o hago un trabajo, y no me quedo allí clavándome el puñal hasta no dar más. Yo tengo la imagen de que cuando una se enamora se abre un agujero negro en el alma, por el que sale y entra un cordón que te hace depender. Respirás por él, vivís por él. Cuando ese amor se corta, te queda el agujero, que se transforma en llaga y con el tiempo cicatriza. En ese momento una se encuentra ya entera, sin depender más que de una, sin horarios ni obligaciones, con la libertad de hacer lo que querés sin darle cuentas a nadie. Pero eso se agota también, y rogás para que se vuelva a abrir ese agujero y entre y salga nuevamente esa soga que te ata al ser amado.

-¿También vale para un crack profesional como del que hablábamos?

-Es más intenso para el amor, pero creo que vale para cualquier cosa.


"El día que cumplí los 40 años me miré en el espejo y me encontré espléndida. Con eso es suficiente. Nunca estuve tan bien como en este momento."

Triste es el camino del exilio para quien no hace del regreso una forma de vida. Bertolt Brecht


Agosto, 1974. No importa cómo se piense, pero hay que pensar derecho, muy derecho. Si no, alguien vigila desde las sombras. Las tres A ponen en marcha sus amenazas, imponen tiempos límites para quedarse en el país, exigen el exilio o prometen la muerte. A Marilina Ross le cabe también, pero no se irá hasta dos años más tarde.

-Fue en el '76. Yo estaba haciendo un espectáculo mudo que se llamaba El gran soñador, en la búsqueda de un medio expresivo en el que la palabra no fuera lo más importante. Estuve en escena hasta el día anterior a irme. No me fui por amenazas en el '76. Ya las había recibido -como tantos- en el '74. Por eso el monólogo de La Raulito cuando dice "¿por qué no me dejan en paz? Lo que quiero es correr por las plazas. ¡Si no hago daño a nadie! ¿A quién jodo yo?". Surge el llanto porque ahí era yo la que estaba hablando, la que estaba diciendo "¿Por qué me amenazan, si yo no jodo a nadie? No soy peligrosa. Si yo lo que quiero es la vida, no la muerte". Bien: en agosto del '76 La Raulito era un éxito en España y me ofrecieron contrato para dos películas. Fui con pasajes de ida y vuelta, sabiendo de mis prohibiciones acá. Sabiéndolo por reportaje tras reportaje fallidos. Mi nombre no aparecía nunca en ningún lado. El mensaje fue claro para mí. Y me fui.

-Según el pasaje de ida y vuelta, para volver...

-Perdí el de vuelta. Acá la cosa se puso cada vez más fea, más densa, más delirante, más loca, más incontrolable. Era la locura desatada, la arbitrariedad.

-Tuvo miedo...

-Sí, tuve miedo. Claro que lo tuve. Miedo al descontrol y a la locura. Yo estaba en paz conmigo, porque sabía que no había hecho nada por lo cual tuviera que ser castigada. Pero hubo mucha gente que no hizo nada y fue castigada. Eso me consta. Y entonces, bueno, mi cuerpito es lo más valioso que tengo y no quería arriesgarlo.

-Y entonces el desarraigo...

-El desarraigo, la angustia más desesperante, el llorar por los rincones -que no es una frase, sino un hecho absolutamente real-, la pérdida de identidad. Allá yo era un cacho de mí, y el mayor pedazo había quedado acá. Ni siquiera podía trabajar bien, porque yo no estaba bien. En fin: no pude crecer profesionalmente, pero sí humanamente. Ese pozo me sirvió, como los otros. Estaba mal, muy mal. Como dice Pasaje de ida: "Encontré la mirada/ que me hubiera hecho feliz". Pero yo no estaba en condiciones de ver la mirada.

-¿Hasta cuándo?

-Hasta que empiezo a salir de ese pozo. Y lo logra el amor, nuevamente. Ahí viene Puerto Pollensa. Y después la muerte de Politti y mi elección por la vida, total.

-Y entonces, el regreso.

-El regreso. Ya hace dos años y medio que estoy acá, y es historia conocida. Laburando de lo que puedo, con lo que me dejan.

-No se puede quejar de cómo le va...

-Esa es otra maravilla que me pasó. Cómo una limitación externa puede ser útil si una está bien, si la puede capitalizar. El no poder trabajar como actriz hizo que me metiera más con la música, y apareció el momento que estuve -de manera no consciente, tal vez- esperando tanto tiempo: dedicarme por entero a la música. Insisto: todo sirve si una está alerta.


Uno más uno, dos /vos, yo/
Uno más uno, tres /vos, yo/
Uno más uno, cuatro /(...)
Uno más uno más uno más
uno... María Celina Parrondo


"El día que terminé mi relación con el primer hombre, aquel señor mayor y casado, apareció Emilio Alfaro. La misma noche: casualidad total. Yo estaba abierta para recibir. Fueron diez años juntos, de mucho crecimiento en muchos niveles. Mucho amor, mucho compinchismo. Con infidelidades mutuas, lamentablemente no asumidas en su momento, no habladas. El no poder asumirse cada uno tal cual era fue limando los cimientos. Decimos verdaderamente: "Yo soy esto. No soy lo que quisiera, sino esto. Quereme como soy". Esa falta de sinceridad fue lo que deterioró a la pareja, esencialmente. Creíamos que hablar iba a dañar o destruir nuestra relación. Entonces por cuidarla mal, se murió. Eso me costó mucho. Cada vez que nos separábamos, volvíamos a encontrarnos muy bien y aparecía el sentimiento fuerte hasta que otra vez dificultades socavando el sentimiento y de nuevo a caer. Se rompió, en definitiva, porque no podíamos seguir toda la vida así. Y se acabó dejando un gusto amargo y la bronca durante mucho tiempo. Y el recuerdo de todas las cosas jodidas, hasta que con el tiempo pude rescatar las buenas, equilibrar y reencontrarme con Emilio bien, hablar sobre lo que nunca hablamos. Después de muchísimos años nos volvimos a encontrar y nos dijimos lo que jamás nos habíamos dicho. Somos dos seres, hoy, que nos seguimos queriendo mucho y que no podemos compartir una vida porque hay muchas cosas que no van. Pero el amor sigue estando.

"Después de Emilio me relacioné mucho con mis amigos, como una recuperación de la amistad sin pareja. Fue un tiempo hasta que apareció Jorge (Martínez). Pasé dos años con él, bien. Me dio una cosa importante, un déficit que traía. La canción Casi sin querer habla de eso. Es para él. La cuota que me dio fue la de la ternura, la del abrazo, esas cosas. Emilio era más... no, no sé si debo decir esto. No lo ponga... tengo miedo de herir a alguien. Jorge era un oso cariñoso, como dice la canción, y yo necesitaba eso en ese momento. Supongo que no pudimos pasar de eso a otra cosa. No sé si fue un oso cariñoso que pierde el peluche... o sí lo fue, pero es muy complicado decirlo en un reportaje.

"Y la metieron a estudiar danzas españolas. Y a los 14 años de edad la expulsaron del Labardén por defender a Blanca de la Vega."

"Y después la soledad, una vez más. Una etapa nueva de amigos entrañables. Algunos nuevos, y algunos -tipo Piero- que ya estaban. Sin el amor en el medio, quiero decir el amor por alguien en particular. Uno más uno es, justamente, la historia sentimental de mi vida: muchas veces en mi vida quise. Y cada verso es una relación que tuve. Aunque hubiera que ocultarse es una; Sin tener en cuenta al otro, es otra; Aunque me diera vergüenza, otra. Una enumeración, casi. Pero quise mal. Creo que recién ahora estoy aprendiendo realmente a vivir, y por lo tanto a amar, a respetarme y a respetar.

"Piero es un compañero de camino. Siempre coincidimos en lo mismo. Pero para ser pareja tendría que haber una relación de piel que no existe, ni existió. No existe, pero lo amo, y él me ama. Somos amigos y nos amamos, pero ¡no está la pasión! Piero siempre estuvo, y yo siempre estoy, también.

"Y llegamos casi hasta el hoy. Hubo otros nombres, todos con su importancia. De cada uno recibí algo y dejé algo. Yo ubico aquí, en la boca del estómago, la zona de las emociones, tanto el amor como la angustia o el dolor. Ahí es donde se van sumando. Ninguno mata al anterior.

"Y Puerto Pollensa. Allí viene como el revivir para mí. Con todas las dificultades que escribí en la canción. Y mi vuelta aquí, y la continuación de Puerto Pollensa aquí, o la persecusión de Puerto Pollensa aquí."

-María: lo que se considera el normal de la gente, no lo acepta.

-¿Qué es el normal de la gente?

-El que habla de su amor a partir de Puerto Pollensa...

-Me da igual. Esta es mi vida, y yo soy responsable de ella. Me importa la gente que quiero. Eso es todo lo que me importa. Nunca estuve tan bien como en este momento. El día que cumplí los 40 años me miré en el espejo y me encontré espléndida. Con eso es suficiente.


Esta nota la compartió Xil. Muchas Gracias!!!

Solita y sola


SOLITA Y SOLA (Show unipersonal)

Una mujer cuenta su vida en compañía de un gran muñeco cuyas cambiantes voces representan diferentes personajes y sectores de la sociedad.

Representado en el Café concert "El gallo cojo" de Buenos Aires en 1972 y 1974.
Fecha de estreno: 27 de septiembre de 1972.
En el rol de Solita: Marilina Ross
Voz en off: Carlos Carella
Texto: Ricardo Talesnik
Escenografía: Carlos Cytrinowski
Dirección Musical: Camaleón Rodríguez
Dirección: David Stivel


Fuente: Autores.org.ar



CRÍTICA:


Ernesto Schoó en revista Panorama, sobre su unipersonal “Solita y sola” en El Gallo Cojo (octubre de 1972):

“Marilina es un encanto de criatura, pero cabe legítimamente preocuparse un poco acerca de su futuro, cuando ya el tiempo no la autorice más a sus invariables interpretaciones de nenita más o menos perversa."

C.U. en "Marilina Ross realiza uno de sus mejores trabajos", La Opinión (3 de octubre de 1972):

"Se ofrece, probablemente, el mejor trabajo que este crítico recuerde de Marilina Ross; un trabajo completo y difícil. El ejercicio de transiciones a que se ve expuesta es permanente y sale airosa en cada ocasión, con muchos, brillantes, y variados recursos. Cuando canta, lo hace con gracia y simpleza sumamente efectivas y la inclusión de nuevas canciones significaría un aporte para el espectáculo. Los momentos de Solita en que más brilla es cuando su época de beba y cuando se convierte en una adolescente perturbadora y decidida."



Las reseñas críticas fueron compiladas en base a mi archivo personal y al aporte de Fernando de Rosario. Muchas Gracias!!