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Marquesinas de los shows de Marilina en el teatro Ópera

Fotos de las marquesinas de algunos shows de Marilina en el teatro Ópera de Buenos Aires


Cruzando las grandes aguas
8, 9 & 10 de noviembre de 1985


Mis hijos naturales
16, 17 & 18 de octubre de 1987


Conectándome...
1, 2, 3, 8 & 9 de diciembre de 1989


Latiendo
12, 13 & 14 de octubre de 1990



Muchas Gracias Patricia "Pina" Franco por aportar estas fotos.

"Cruzando las grandes aguas" en el Auditorio de las Américas de Mar del Plata

Selección de videos del show "Cruzando las grandes aguas" presentado en el teatro Auditorio de las Américas de Mar del Plata y transmitido por Canal 13. Este espectáculo fue estrenado en el teatro Ópera de Buenos Aires los días 8, 9 y 10 de noviembre de 1985.


Puesta en escena y Dirección General: Susana Torres Molina
Textos: Susana Torres Molina y Marilina Ross
Asistente de Dirección: Antonio Barreiros

Músicos:

Batería: Gustavo López
Bajo y coro: Carlos Tribuzy
Piano, teclados y coro: carlos De la Peña
Flauta, percusión y coro: Laura Hatton

Músicos invitados:

Percusión y actuación: Rolo Morán López
Piano: Lito Vitale

Ficha Técnica:

Producción general: Rubén la Rosa y Asociados
Merchandising: Arteba S.A.
Empresa de sonido: Eduardo Hinrichs
Operador de sonido: Jorge Martínez, Amílcar Gilavert
Operador de monitoreo: Santiago Botet
Técnico de escenario: Miguel Dicundo
Asistente de escenario: Claudio Moglia
Empresa de iluminación: Boletti - Fernández
Operador de luces: Rubén Grosso
Efectos especiales: Trentuno
Reflectoristas: Julio Godoy y Alberto
Seguidoristas: Omar Maci Barreiro
Electricista de piso: Luis traba
Maquinista de sala: Cuesta y Lito
Utilería: Puig
Puesta de luces: Susana Torres Molina y Rubén Grosso
Prensa: Horacio Nieto
Diseño Gráfico: Carlos Gallardo
Foto LP: Raúl Forte
Escenografía: Susana Torres Molina
Asesor escenográfico: Marcelo López
Vestuario: Bordeaux French Bazaar
Asistente de Escenografía: Luis Leyba
Camarines: Patricia Franco
Administración de sala: Raúl Martínez
Personal Manager: Hugo Traferri
Secretaria y diseñadora del programa: María Pita Romero y Olmos


Nos aguanta y transporta por todo el país en el Zeppelin: Pino


EL SHOW


Primera Parte



Segunda Parte



Muchas Gracias Javier por aportar estos videos y María por editarlos.

Nota de Revista Libre

1985 - Revista Libre

Nota de Revista Libre

Protesta. Marilina es de pocas pulgas, según parece. No quiere que nadie se meta con su sexualidad


Según como se mire, es una canción de protesta. Original, nada ortodoxa, restallante, pero canción de protesta al fin. Claro, habría que aclarar: en otros tiempos, los cantantes testimoniales echaban sus dardos contra la represión, el autoritarismo, la dictadura, en fin, esas cosas. Ahora, Marilina Ross parece haber inaugurado una nueva forma de protestar. Su objetivo es una sola persona, una solita, y un individuo que -de acuerdo a lo que se deduce de la canción- ha hablado mas de la cuenta acerca de la sexualidad de la cantante.
A Marilina Ross no le faltó decisión el sábado 21 de junio cuando cantó por primera vez "Quiero ser yo" en el programa de Juan Alberto Badía. Más de uno se quedó petrificado después de escuchar la letra, y las reacciones fueron bien inmediatas. Marilina conmocionó también a los televidentes.
Por supuesto, apenas se escucharon las estrofas del tema en cuestión, un gran número de investigadores se dispuso a averiguar quién era semejante señor, a quien la canción responde. Se barajaron varios nombres, la autora no confirmó ni desmintió nada, pero algunos parecen coincidir en afirmar que el hombre de los comentarios sobre su sexualidad sería Carlos Rúa, un conductor que a fuerza de estas opiniones se esta haciendo infinitamente popular. Según se dice, Rúa deslizo estos pareceres a través de su programa "El loco de la colina", que se emite todas las noches por Radio Excelsior.
Él se ha mantenido en silencio, hasta ahora, aunque sus amigos vaticinan que en cualquier momento hablará sobre la cuestión. En tanto, el nuevo disco de Marilina ya está a la venta y, según las primeras estimaciones, no resulta prematuro augurarle el éxito.
Sin embargo, y hasta que no se aclare definitivamente el tema, la cosa tiene su suspenso. Y además, como si le faltara condimento, posee la novedad de haber inaugurado un estilo: ahora, los cantantes no le cantan cuatro frescas a sus enemigos personalmente. Parecen preferir el disco, con lo cual la discusión pasa a tener enorme cantidad de testigos.


Muchas Gracias Jorgelina por sumar esta nota.

Marilina en Monumental Moria

Marilina recorre los programas de TV para presentar los temas de su LP "Cruzando las grandes aguas". En esta ocasión, visita el clásico "Monumental Moria", donde interpreta un juego escénico con Moria Casán y luego canta "Quiero ser yo".




Muchas Gracias Christian (Rinconcito) por compartir este video y María por digitalizarlo

Marilina cruzando sus aguas

Domingo 27 de octubre de 1985 - Clarín Espectáculos

"Yo no soy una cantante; soy una persona que cuenta historias"

MARILINA CRUZANDO SUS AGUAS

Después de haber cantado los temas del disco "Soles" en Estados Unidos, con dos actuaciones en Nueva York y una en Washington, Marilina Ross volverá a las presentaciones en vivo en esta capital, interpretando los temas de su flamante disco "Cruzando las grandes aguas" durante tres días del próximo mes. Carlos de la Peña en teclados y coros, Ricardo Renaldi en teclados, Laura Hatton en flauta, percusión y coros, Rodolfo Gorosito en guitarras, Carlos Tribuzy en bajo y Gustavo López en batería, es decir, "La banda de la plaza", serán su compañía sobre el escenario del Ópera.




Por: CARLOS POLIMENI

En el gesto aniñado no hay pose alguna, sino sinceridad de adulta. "Yo no soy una cantante, soy una persona que cuenta historias", explica con entusiasmo esta Marilina Ross de 42 años, cara limpia, sonrisa relampagueante y palpables ganas de que se la valore sin preconceptos.

Cuando la conversación languidece y solo flota un silencio, Marilina -María para los amigos- cuenta que está nerviosa porque ha empezado a dejar de fumar, por consejo médico, y siente que no puede del todo. "Pero como estoy decidida a hacer las cosas en serio, es un sacrificio que tengo que hacer en beneficio de las cuerdas vocales", apunta.

A esta altura, después de tres años de vida como una profesional de la canción, otros tantos discos, numerosos recitales, viajes al exterior, Marilina siente ante todo que difícilmente vuelva a ser una actriz enteramente abocada a la profesión, esa que le trajo como agregado la fama -su difusa aureola- y también las persecuciones políticas.

La actriz que se había anticipado a la cantante empezó a declinar su reinado por un hecho absurdo, la guerra por las islas Malvinas y la necesidad que azotó a las compañías discográficas, impelidas a producir "Música nacional". "Fue ridículo lo que ocurrió -piensa- porque de la persecución y de tener apenas con qué comer, pasé a evaluar ofertas de tres compañías discográficas para grabar de inmediato el disco que luego se llamó Soles".

El resto es más o menos conocido, tiene ribetes en algo inexplicables, pero se define materialmente en un éxito de nivel, en ventas y en poder de convocatoria, que la dejó primero perpleja, después convencida de que el destino es a veces insondable, y más tarde agradecida de tanto amor incondicional, pero a la vez decidida a defenderse con las armas de la dedicación de las bastardas agresiones a la mediocridad.

Al afrontar la presentación en vivo de su nuevo disco, Cruzando las grandes aguas, entre el 8 y 10 de noviembre en el Teatro Opera, Marilina siente ante todo que la mayoría de las respuestas a las obvias preguntas de ocasión están en las letras de sus nuevas canciones. Para esto estuvo muchos meses componiendo desde los estados de ánimos posibles en un ser humano sensible.


Le pasó, por ejemplo, que tuvo mucha bronca cuando terminó de leer el "Informe Sabato" de la Conadep "A levantar si es preciso/ el obelisco y su plaza/ que salga a la luz del sol/ lo que ocurrió en estas playas/ y que nunca más./ A empezar a renacer,/ del peor de los infiernos/ busquemos brazos amigos/ en el sur del hemisferio./ O logramos entre todos/ que la Patria Grande remonte/ o seremos una estrella más/ en la bandera del Norte", escribió en tiempo de chacarera, bajo el título Y que nunca más.

Le pasó que estuvo mal ("decreté la noche y el invierno/ para quedarme a solas con la nada", define en Miedo a la alegría) y se enojó con las reflexiones imberbes ("usted que en una radio se atreve a comentar/ que está preocupado por mi sexualidad./ Usted... tan calladito ante tanta atrocidad/ pregúntese cómo es usted. ¿Por qué pierde su tiempo juzgando a los demás?/ Será que no se banca su propia ambigüedad", trazó en "Quiero ser yo").

Marilina esboza hoy, dentro de su habitual temática íntima, una encendida defensa de su derecho a ejercer la libertad individual en un mundo cuya mecanizada marcha hacia el no se sabe qué observa, además, con decidida inquietud. "Por lo demás interesa como actitud de vida gozar del tiempo y cada cosa, sin preocuparme por lo que digan los que no tienen otra cosa que hacer que ocuparse de los otros", machaca durante el vaivén de la charla, en una oficina clavada en medio de la ciudad de violentas contradicciones.

Como le asustan los moldes que limitan y enlatan a las personas está por la revolución interior como primer paso para entender las coordenadas del mundo. La asume diciéndose: "somos algo más/ que una cuenta en un banco/ que esta canción que canto/ que las computadoras/ que el reloj y sus horas/ que la angustia creciente. Más que la misma muerte". Está proponiendo el encuentro, más allá de los bancos y los relojes, como única forma hermosa de supervivencia en esta sociedad plagada de injusticias.


¿Y la actriz...?

La pregunta no la sorprende porque está acostumbrada a pensar y responder sobre el tema. Dice:

- Siempre compuse, siempre canté, pero nunca tuve trascendencia con la música en la época en que empecé a ser conocida como actriz. Pero, ojo, que no fui una actriz que decidió cantar. Fijate que con el primer sueldo que gané como actriz, me compré la primera guitarra. Que el primer café concert que se hizo en la Argentina fue con temas míos, en 1965. El primer disco lo grabé en 1967 con dos canciones mías, así que mi vocación musical vino de siempre. Lo que es nuevo es el éxito. Y dado que la gente me respondió, puedo hacer lo que más felicidad me da... comunicarme a través de la música. Esto me hace sentir mucho más feliz que ser actriz. Puedo vivir de lo que me gusta.

- ¿Entonces no volverías a aquella profesión?

- No sé, creo que no... siento que no lo necesito. Me parece que ahora me gustaría más probarme como directora. Esa es una tentación más fuerte.


Xil compartió esta nota y Silvina la tipeó. Muchas Gracias!!

Programa del show "Cruzando las grandes aguas"

En las presentaciones del show "Cruzando las grandes aguas", además del programa del espectáculo, se vendían dos libros con las letras de las canciones e información y fotos de Marilina, Susana Torres Molina y la Banda de la Plaza. Éstos libros venían con dos tapas alternativas.


Tapas

Tapas alternativas

Contenido del libro














Muchas Gracias Gaby por compartir estas imágenes!!

Marilina Ross y la cruzada submarina

Viernes 25 de octubre de 1985 - Diario Tiempo Argentino

Marilina Ross y la cruzada submarina

Una nueva presentación, un nuevo larga duración: "Cruzando las grandes aguas" y la intención de nadar cueste lo que costare; "porque si no, nos ahogamos"

Parece mentira, pero de sorpresas el mundo del arte está hecho. A veces ocurren hechos que valen más de una reflexión. Algo de eso sucedió el último martes en el Shams Jazz Bar, en oportunidad de una conferencia de prensa por la presentación del nuevo álbum de Marilina Ross "Cruzando las grandes aguas".

Hasta aquí todo muy simple. Ahora, ¿puede el lector imaginar qué ocurriría si los periodistas que allí estábamos presentes, de pronto nos viéramos desplazados insólitamente de nuestro papel de interlocutores para pasar a ser los entrevistados?

La dulce Marilina que, ante el estupor de muchos, arremetió -micrófono en mano- con una conferencia-show de total desparpajo y naturalidad que puso a más de un periodista entre el micrófono y la pared.

¿Los resultados? Bueno, mejor lo cuenta ella, en un alto de su "cruzada submarina"...

- ¡Cómo fruncieron todos!, cuando les puse el micrófono a mano, se fueron al mazo. Fue fantástico. Generalmente todos los periodistas se quedan en el fondo de la sala, para darte desde allá, pero acá se invirtieron los papeles. Realmente había falta de iniciativa, claro, es muy fácil criticar desde algo, ya hecho, pero proponer, participar...

- En dos de los temas que tocaste te mostraste bastante preocupada por "el qué dirán". ¿Por qué esa obsesión por las críticas adversas?

- Porque en este país, y esto lo tengo bien claro, estamos siempre muy preocupados "de lo que les pasa a los otros" y no "de lo que te pasa a vos". Y esto no es nuevo, viene de hace un largo tiempo.

- Podríamos hablar de tus recientes actuaciones en USA, pero preferiría que nos cuentes acerca de tu participación el último lunes en el festival artístico de apoyo a las comunidades indígenas.

- ¿Quieren que se los cuente desde mí, desde la cocina de alguien que canta para tanta gente? Bueno, yo estaba sin mis músicos, porque ellos venían de regreso de una reciente actuación que habíamos tenido en Neuquén, entonces no tenía a nadie a mi lado. Generalmente cuando componemos, yo tiro las letras y un par de notas, y ellos me arman las canciones, así crecen fundamentalmente a la par de sus invenciones. Pero el lunes me encontré con que no tenía músicos atrás, y mis canciones tenía que tocarlas igual, y salió, con errores, con pifiadas, pero también con mucha fuerza y amor. Fue una situación alucinante. Por ejemplo tenía previsto tocar "Escaleras mecánicas", pero la gente me empezó a pedir el tema "Se puede" y... fue un desafío. Si la gente me pide justamente esa canción yo no le puedo decir que no se puede, que me cuesta mucho tocarla sola, de cualquier forma me fui al piano e igualmente la hice. Nunca esperé algo así, fue divino.

- ¿Podrías trazar un paralelo entre las sensaciones (...)?
(Falta texto porque la nota estaba incompleta por algunos renglones. La pregunta se refiere a la comparación entre la experiencia de cantar en la Argentina y en Estados Unidos)

- (...) Yo siento que todo lo que tengo que decir es útil acá. Allá era al cohete decir: "Aunque no lo veamos el sol siempre está" ¿A quién? ¿A ellos que están totalmente en otra? "Yeah, yeah, all right". Me sentí ridícula cantando "Danza", inútil, me arrepiento bastante de haber ido.

- ¿A pesar de poder cantar justamente allí temas como "Escaleras mecánicas" o "Carta del indio"?

- En Washington sí que tenía sentido... bah, para mí. Seguramente a ellos no les va ni les viene. Sin embargo leer la "Carta del indio", que termina diciendo: "Estas tierras fueron vendidas y hoy forman el estado de Washington", justamente en ese mismo lugar me puso los pelos de punta, a pesar de que sigo pensando que no tenía sentido. Porque imaginate que en ese momento una gaviota se cruza en el radar, se da la orden, largan el misil y ¡booomm! ¿Qué hacía entonces yo allí? No habría razón alguna para estar, por eso me vine rajando lo antes que pude.

- ¿Cómo te sentías sin La Banda de la Plaza?

- Fue raro. Era raro porque tenía todos músicos que sabían leer las partituras pero ignoraban las letras que, afortunadamente, de a poco, yo les pude hacer entender. Si no sabían qué tocaban, ¿para qué servía el esfuerzo?

- Y pasando al nuevo disco "Cruzando las grandes aguas", en donde hay una aproximación hacia el I Ching, ¿hay una intención de querer cambiar la mano de flotar por la de arriesgar?

- Es que hay momentos para hacer la plancha y esperar, y hay momentos para avanzar y nadar cueste lo que cueste. Está en uno la sabiduría de saber cuál es el momento para cada cosa, porque también hay momentos para saber retirarse, como dice el I Ching. Eso depende de cada uno y del tiempo que nos toque vivir.

- ¿Te sentís acompañada en esta "cruzada submarina"?

- Yo creo que sí. Pienso que todos queremos llegar a algún amanecer, algún alba, la noche quedó atrás y aunque estemos en la mitad del camino, a la intemperie -como dice la canción- igual lo tenemos que intentar. Todos queremos llegar, ustedes también quieren lograrlo, si no nos ahogamos... Mirá qué loco, te cuento por quién me siento más acompañada: por los chicos.

- Es cierto, se dice que las audiencias de Marilina son muy adolescentes.

- Claro, felizmente. Estoy contenta de que sea así, yo no lo busqué, se dio de esa forma.

- ¿Y qué pasa con los otros?

- Los otros ya la hicieron y no sirvió. Ahora sólo basta esperar qué nos muestra la gente joven y qué nos puede enseñar, inclusive a mí. Porque, ¿qué les tengo yo que enseñar? Ellos me tienen que enseñar a mí.

- Sin embargo, entre ese resto se alzan algunas voces que dicen: "Marilina, Piero, B.B. Muñoz, buenas ondas, paz: pavadas para la purretada, (por no decir otra cosa más grosa)".

- Ya lo sé, y no son ningunas boludeces. Pero no me importa, porque siempre fue así e igual traté de seguir adelante, en la que yo creía, aunque a veces me equivocara. Porque vale la pena ir al frente con la de uno, así se aprende a vivir.

- ¿Quiénes son tus maestros?

- Son muchos. Todos son mis maestros. Tomo de cada uno lo que me puede servir, sin seguir a ninguno en particular. Pero no sé si podría precisar alguno en este momento.

- ¿Tus viejos?

- Seguro. Mi viejo es un sabio que se está muriendo; le queda poco tiempo y junto con mi vieja son dos fenómenos. ¡Ah!, no sé si tiene que ver, pero igual se los cuento: yo siempre creí que mis viejos no se querían, no se amaban, que todo era pura peleas y gritos, con sifonazos incluidos. Y ahora me doy cuenta de que era yo la que no veía cómo se querían y se amaban. Recién me estoy sacando la careta y me avivo de cómo son las cosas.

- ¿Y cuándo te diste cuenta de que tus viejos eran tus maestros?

- Desde los 30 años, porque a partir de ese momento empecé a valorarlos. A esa edad uno empieza a ser mayor, y ya no le puede echar la culpa a los padres. ¡Hey, los dejé pensando! Es así, a partir de ese momento uno es responsable de todo y los empieza a valorar en su real dimensión.


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!

Talento y garra, "remos" para cruzar

Noviembre de 1985 - Revista Flash

Talento y garra, "remos" para cruzar

"Cruzando las grandes aguas" es el nuevo long-play de Marilina Ross que presentará en el Teatro Opera, entre el 8 y el 10 de noviembre. "Me atrevo a vivir todo sin culpas, tratando de no herir a los demás. Tengo derecho. A mí me ha pasado de todo en la vida". A los 42 años, su balance...


Dos épocas inevitablemente tomadas como referencia. De aquella "Nena" a esta Marilina, pujante, vital y que no quiere atarse a ningún molde preestablecido, han pasado 20 años ¿o 20 siglos?

Se sorprende. Y hasta se sonríe pensando: "¡Qué nivel tiene el periodismo!", cuando alguien le pregunta: "¿Por qué te cortaste el pelo?". Una pregunta banal, casi sin importancia, pero que tiene que ver con el cambio.

El cambio de esta mujer de 42 años que ha pasado por etapas tan distintas como conflictivas (como la persecución política que sufrió) y que conserva -aunque no le guste- el mismo aire adolescente de aquellos programas suyos de "La nena" por Canal 13. Entonces, con una sonrisa irónica contesta: "Porque tenía ganas. No tiene ningún significado especial. Tenía que elegir entre hacerme la permanente y seguir destruyendo mi pobre pelo o cortarlo. Decidí cortarlo para darle más fuerza y más vida", y agrega sin abandonar la ironía: "Si los cambios fueran solo esos..."

Después de tres años de vida como profesional de la canción, Marilina Ross parece haber dejado en algún lugar de sí misma a la actriz. Hoy, con un éxito que pasa por recitales "a full", -lo que demuestra su poder de convocatoria- discos que se agotan -como su long-play "Soles"- y una cantidad de recitales por el interior y el exterior del país, parece definitivamente asentada en el camino de la música. Y, con absoluta honestidad, reconoce: "Yo no soy una cantante, soy una persona que cuenta historias". Historias que le pertenecen y entonces, en cada una de sus letras, están las respuestas de su propia historia y de su realidad de hoy. Se prepara en este momento para afrontar un nuevo desafío: Una presentación en vivo en el Teatro Ópera de su último long-play "Cruzando las grandes aguas" entre el 8 y 10 de noviembre junto a "La banda de la plaza", integrada por Carlos de la Peña en teclados y coros, Ricardo Renaldi en teclados, Laura Hatton en flauta, percusión y coros, Rodolfo Gorosito en guitarras, Carlos Tribuzy en bajo y Gustavo López en batería. Para esa presentación, estuvo muchos meses componiendo desde la euforia, la depresión, en definitiva, desde su propia sensibilidad.

- ¿Con qué perspectiva ves los sucesivos cambios experimentaste?

- Creo que la vida es un cambio, es un eterno cambio. Nacemos siendo una pequeña "piltrafa" chiquita que late y de ahí en más todo empieza a transformarse. Y no tiene por qué detenerse ese cambio, si latimos, si la Tierra gira, ¿cómo no vamos a cambiar nosotros? Yo no analizo mis cambios, simplemente sigo cambiando. Mientras haya vida hay que cambiar.

- Hace pocos días, en el aniversario de Canal 13, se pasaron aquellos programas que hacías con Osvaldo Miranda. ¿Qué sentiste viéndote en esos tapes? ¿Cuál fue la sensación?

- Era como otra persona. No me reconocí..., fue muy raro lo que sentí. Pensá que esos programas son de hace 20 años. Los hice en 1965 y quizá por eso sentí que era otra persona la que estaba ahí. Que no era yo.

- ¿Te acordás cómo eras hace 20 años? Supongo que te habrá movilizado muchas cosas ver parte de tu pasado en una pantalla.

- Sí, claro que me movilizó. Recordé por ejemplo que me divertía mucho hacer "La nena". Que la pasaba muy bien con Miranda, que me gustaban los libros, el personaje, que desde que entraba a maquillaje empezaba a hacer diabluras. El personaje se había instalado en mí y me dominaba. Yo no era de hacer locuras, pero cuando entraba al canal era como si "La nena" se posesionaba en mí. Generalmente me sucedía eso con mis personajes en aquella época...

- ¿Se fue de vos "La nena"?

- No lo sé. Supongo que algunas partes sí, otras me ha quedado también. Me vi muy joven, con la voz muy finita, porque era de verdad muy chica.

- ¿Y esa "nena" no te persigue hasta hoy? Siendo como sos; una de las pocas de tu generación que ha envejecido de una forma distinta.

- Siempre tuve ese problema, aun cuando era adolescente. Cuando empecé a trabajar como actriz, no representaba la edad que tenía, siempre "daba" mucho menos. Y eso me traía problemas en mi carrera como actriz porque no podía realizar personajes de mi edad. Siempre me daban personajes de nenas. Y entonces la problemática de la gente de mi generación, no la podía encarar. Vivía atrasada. Pero eso, supongo que tendrá que ver con mi contextura física, o no sé...

- ¿También con tu mentalidad?

- No me siento muy adolescente en mi forma de pensar o de ser. El adolescente tiene toda la vida por delante y yo sé que no la tengo. A mí me queda muy poco tiempo y tengo conciencia de eso. Yo siento que no es tanto el tiempo. Cuando era joven podía decir "y si me equivoco... ¡Qué me importa! Después lo voy a hacer mejor". Ahora no, es menor el tiempo que queda y la conciencia cambia.

- ¿Es una conciencia fatalista ésa de pensar que el tiempo se acaba? Hay una frase china que dice: "Vive hoy como si fueras a vivir 100 años más".

- No es que sea fatalista, soy realista. La gente de mi generación está viendo a sus padres morir. Y eso un joven no lo siente, es distinto todo. Ahora estoy tomando contacto y conciencia de lo que significa la vejez, el deterioro físico, porque lo veo en mis padres. Y sé que voy hacia eso.

"VOLVÍ DEL EXILIO TRATANDO DE QUE NO ME MATARAN"

- En el ´80, cuando volviste a la Argentina, tuviste que empezar a cantar.

- Mirá, yo volví, no como cantante, sino como persona. Y tratando de que no me mataran en principio.

- Está bien, pero recuerdo que vos dijiste en aquel entonces "tomé la guitarra para poder ganarme el puchero". ¿Te acordás?

- Sí, recuerdo que fue más fácil empezar a trabajar en "pubs" pequeños donde ganaba para vivir más o menos una semana. No tenía, en aquel momento, posibilidades de otra cosa.

- Después de varios años, ¿cómo ves y cómo sentís la música? ¿Qué pasó con la actriz que hay en vos?

- La actriz no está sepultada, simplemente está descansando. No podría sepultarla porque no creo que nada sea definitivo, en nada. Todo es un constante cambio y yo estoy abierta a los cambios que se me produzcan y que me sorprendan. No quiero calcular qué voy a hacer mañana, pensar si voy a cantar, escribir, actuar o dirigir o me voy a ir a Japón. No lo sé.

- Recién decías que no te sentías, en mentalidad, adolescente. ¿Crees que esa forma de pensar es compartida por tu generación? Eso de no querer planificar el mañana.

- No lo sé. Tal vez no, pero bueno, esta es mi vida y yo respondo por eso.

- No será que no encajás muy bien en "las generaciones establecidas". Las que determinan qué edad es para cada cosa.

- Seguramente. A esta altura tendría que usar rodete, pollera al bies y tacones bajos...
Pero no me quedan bien. Es que yo puedo hablar solo de mí, que es a quien más conozco. Puedo decir que me pasó de todo, que tuve triunfos, fracasos, exilios, vueltas, tuve amores, odios y persecuciones. De todo. Esa fue y es mi vida. La sabiduría está en poder capitalizar a favor de uno todo lo que le ocurre, lo bueno y lo malo. Navegar sobre, no en contra.

- No me contestaste cómo sentís hoy la música. ¿Estás sobre...?

- Sí, más que nunca porque el long-play se llama "Cruzando las grandes aguas". Y simboliza el arriesgarse, "atreverse a". Me gusta esa sensación.

- ¿De atreverte?

- De atreverme a... y de no tener miedo, de enfrentar y avanzar las grandes aguas, no solo en lo personal. Por suerte creo que hay mucha gente que está en eso, el país está cruzando y si me apurás te digo que América latina quiere atreverse, intentar una forma nueva. Empujando hacia otro sitio, confío que tenemos que generar algo distinto. Europa está mirando ese cambio y sé que va a llegar.

- ¿A qué te atrevés? ¿Por dónde pasa ese "cruzar las grandes aguas"?

- Me atrevo a vivir. Y a permitirme vivir todo lo que me toque vivir en cada minuto. Sin culpas, tratando de no herir a los demás.

- ¿A los 42 años la libertad tiene un sentido distinto al que tenía cuando eras 20 años más joven?

- Totalmente. Hace 20 años tenía toda la vida por delante, podía equivocarme. A los 30 empecé a darme cuenta de que no tenía tanto tiempo y que tenía que definir un camino y ya a los 40 tengo todo mucho más claro. Sé que los caminos no son hacia afuera sino hacia adentro. Desde mí.

- ¿Cuáles son las cosas que te duelen?

- La injusticia, el hambre, el desamor, los prejuicios. La incomprensión tiene que ver con los prejuicios. Nadie se hace cargo de lo que pasa, están más atentos a qué hacen los demás, que lo de uno. Eso es algo que hay que modificar, ése es el hombre nuevo que hablo. Que tiene que nacer.

- ¿El hombre nuevo de que hablaba el "Che" Guevara?

- No sé. El hombre nuevo es el ser humano nuevo. Más allá de lo político. Lo político es una parte del hombre nuevo, pero no lo es todo. Como yo creía antes. No lo es todo.

- Si pudieras imaginarte a ese hombre nuevo, ¿cómo lo verías?

- Tan distinto como seres humanos hay. No es un arquetipo que haya que copiar. Tiene que nacer de cada uno de nosotros. Es ése que todos tenemos, adentro y que sólo hay que dejarlo salir.

CANCIONES Y ALGO MÁS

“Me cuesta hablar del long- play. Hay que escucharlo", dice Marilina, ya fastidiada de tanta pregunta. Y cuando apenas le faltan unos días para presentar su espectáculo en vivo en el Teatro Opera, vuelve a definirse como una "transmisora". "Ni canto, ni compongo, trato de comunicarme con la gente en los niveles que se dan a partir de los sentimientos".

Y cuando le digo si a la distancia "Puerto Pollensa", su primer éxito que grabara Sandra Mihanovich "porque yo no podía y hasta pusieron como nombre del autor María Celina Parrondo, y nadie sabía que era yo", sigue significando lo mismo, dice: "no, ya no es lo mismo. Ahora tienen más significado otras canciones, las nuevas".

Algunos títulos de estas nuevas canciones que integran "Cruzando las grandes aguas" son: "Miedo a la alegría", "Y que nunca más", o la ya famosa "Quiero ser yo" que le dedicara a un periodista radial, y que dice: "Usted que en una radio se atreve a comentar/ que está preocupado por mi sexualidad./ Usted... tan calladito ante tanta atrocidad/ pregúntese cómo es usted./ ¿Por qué pierde el tiempo juzgando a los demás?/ ¿Será que no se banca su propia ambigüedad?".


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!

Marilina: creencia y crecimiento

Domingo 10 de noviembre de 1985 - Clarín Espectáculos

Marilina: creencia y crecimiento

Creer y crecer, tras un pasado doloroso, son el eje en torno del cual Marilina Ross y Susana Torres Molina construyen "Cruzando las grandes aguas", en el teatro Opera, metáfora de compleja realización en la que música, teatro, luces y efectos especiales se conjugan con coherencia, buen gusto e infalibilidad.


Marilina Ross, el buen gusto y la coherencia en un espectáculo de intachable validez.


Desde que, hace tres años, presentó Soles, Marilina Ross viene ahondando en una temática que preocupa a buena parte de los argentinos: los dolores sufridos colectivamente durante el proceso, el exilio, la reinserción en la patria, la necesidad de creer y de crecer a partir de la vida y de la memoria. Este último aspecto, tomado como la metáfora de un barco que zarpa rumbo al futuro, constituye el eje de Cruzando las grandes aguas, su último trabajo discográfico que terminará de presentar en Buenos Aires esta noche, en el teatro Opera.

Marilina -con la imprescindible coautoría y empatía de Susana Torres Molina- arma cada espectáculo con el afecto y la generosidad de quien prepara la cena de Navidad para sus seres queridos. Un escenario construido como un barco en alta mar, en el que los tripulantes son los músicos; un itinerario cuyas calmas y tempestades, plenilunios y amaneceres se corresponden con coherencia irreprochable con las nuevas canciones y unos pocos éxitos anteriores colocados con absoluta naturalidad, la llevan a expresarse multidisciplinariamente a través de una simbología sencilla.

Esa simplicidad está convalidada por su voluntad de comunicarse a través de un lenguaje verbal directo, explícito y en ocasiones previsible. Con el objetivo de mantener la homogeneidad.

Marilina se ha expuesto -como de hecho ocurre en la última media hora de este trabajo de 90 minutos- a que el leit-motiv caiga en cierta saturación, a que la recurrencia a determinadas imágenes que le son características en todo su repertorio deriven en la reiteración.

De todos modos, se trata de riesgos inevitables y justificables para quien, como ella, hace de cada presentación una entrega de amor, un acto de fe en el prójimo. Esta Marilina Ross de hoy en día ha logrado conjugar con integridad su pasado teatral y cinematográfico, y asumir un presente en el que no importan las definiciones artísticas ni personales, sino los resultados -incuestionables- de su fin supremo sobre el escenario: la comunicación constructiva.

Todo tiene sentido y oportunidad en Cruzando las grandes aguas. Compleja y valiente producción de Rubén La Rosa, condensa una creíble escenografía de Susana Torres Molina con la excepcional puesta de luces compartida con Rubén Grosso, los precisos efectos especiales de Trentuno con el impecable sonido de Eduardo Hinrich operado por Jorge Martínez y Santiago Botet. Son, apenas, los principales responsables de esta completa y detallada creación, en una breve enumeración que deja en el tintero a una veintena de eficaces colaboradores.

Todo lo antedicho invalida el derecho a profundizar en el análisis estrictamente musical. Cantante que recita, actriz que entona, creadora que se manifiesta simultáneamente en varios códigos, probablemente no se proponga decirlo todo a través de la música, de temas rítmicamente repetitivos, que se concretan en arreglos pertinentes aunque sin sorpresas.

Infalible como el resto del equipo, La Banda de la Plaza cumple un papel irremplazable en este esquema: Rodolfo Gorosito en guitarras, Carlos Tribuzy en bajo, Gustavo López en batería (con la que podría aprovechar mejor las posibilidades de innovación en la chacarera Y que nunca más y en Lunita Bahiana), Carlos De la Peña en piano y teclados, Laura Hatton, brazo derecho expresivo de Marilina en los coros y en la flauta.

Cruzando las grandes aguas podrá concitar adhesiones incondicionales en nombre de la sinceridad y la esperanza, o bien provocar reparos en función de una visión un tanto ingenua y sin matices de la realidad. El veredicto final es totalmente subjetivo, y no empaña el respeto que inspira una propuesta de validez intachable.




Una Silvina compartió la nota y la otra Silvina colaboró tipeándola. Muchas Gracias!!

Inteligente puesta para el arte de Marilina Ross

1985 – La Nación

Inteligente puesta para el arte de Marilina Ross

"Cruzando las grandes aguas", espectáculo musical ofrecido por Marilina Ross en el Teatro Ópera, junto a La Banda de la Plaza: Laura Hatton en flauta y coros, Rodolfo Gorosito en guitarras, Carlos Tribuzy en bajo, Gustavo López en batería y Carlos de la Peña en piano y teclados, para presentar su último trabajo discográfico. Operador de sonido: Jorge Martínez; técnico de escenario: Fernando Fernando; operador de luces: Rubén Grosso; efectos especiales: "Trentuno". Puesta de luces, escenografía, textos, puesta en escena y dirección general: Susana Torres Molina.

Marilina: "¡A navegar!"


Por: RENÉ VARGAS VERA

"El amor es un barco que ninguna fuerza podrá hacer naufragar... Suelten amarras. Vamos a navegar", dice Marilina Ross antes que las luces muestren la imponente escenografía sobre cuyo fondo se recuesta un barco que irá cobrando presencia a medida que el alegórico viaje vaya encontrando climas y surcando la dilatada imaginación.

Un banco de la plaza le ha de bastar a Marilina Ross para cantar "Desde mi libertad" y erguirse con un "nunca me enseñaron a volar/ pero el vuelo debo alzar". Con el primer toque teatral su pequeña figura ya ha llenado el primer cuadro de esta historia que transcurre "Cruzando las grandes aguas". Y sus estrofas se convertirían en el propio desafío para ir en busca de muchos hallazgos que se reserva la canción popular cuando a la inspiración se une un inteligente profesionalismo.

Fiesta de luces y música

La coherencia artística en la trayectoria de Marilina Ross es indiscutible. Pero esta vez el salto cualitativo fue muy grande. El solo hecho de poner distancia con el fanatismo adolescente para poder desarrollar la propuesta argumental y crecer hacia un público más maduro, es un signo de inteligencia. Muchas chicas empezaron por corretear ida y vuelta por el pasillo central, fieles a su costumbre de instalarse a centímetros del escenario, debieron volver a ocupar sus butacas, sin fetichismos.

El despliegue de luces para afianzar cuidadosamente el peso de cada poema y no utilizarlas como simple pretexto para impresionar o deslumbrar es otra de las conquistas estéticas. También habrá que incluir -si bien su vena actoral ya la incorporó como recurso personal de expresión- la dramatización de las canciones. Una dramatización que no debe confundirse con la histeria de alguna cantante ni con caprichosos sobresaltos escénicos, sino que es el fruto de una visión introspectiva y sincera del sentido de las palabras en la canción popular, para no degradarlas ni corromperlas.

Intenciones y arreglos musicales

Sin divismo, sin apelar a los primeros planos, con una gran ductilidad en los gestos y movimientos Marilina Ross utilizó su pequeña voz para llenarla de intencionalidad. Una intencionalidad que parte del tema central: "Estamos en alta mar/ entre dos costas lejanas/ atrás la noche/ por delante el alba/ y en la mitad estamos hoy/ a la intemperie... Nuestro barco ya puso/ la proa al sol", con toda su cuota de desafío y esperanza.

Los nuevos textos no eluden compromisos. "A desenterrar los vivos/ y a los muertos enterrar/ sobre tierras movedizas/ no se puede caminar... Si negamos lo pasado/ repetiremos la historia". Lúcida contrapartida tampoco hace esperar: "Se puede caminar por las cornisas/ si recuperás la risa dentro de tu corazón", que también surge en el final de "Miedo a la alegría"... "Y adentro una canción amordazada/ empieza a galopar en el silencio/ se atreve a la alegría, estalla y canta".

Las letras no alcanzarían tanta elocuencia si no contaran con un buen soporte musical. Para rubricarlas Marilina Ross concibió arreglos que la guitarra de Rodolfo Gorosito transmitió como por vasos comunicantes al resto del conjunto. Muchas sutilezas armónicas desde los teclados de Carlos de la Peña y Gustavo López, muchas originalidades tímbricas desde la guitarra y la batería del propio López, inesperadas para estas baladas, enriquecieron un viaje inusual e inolvidable. Quizá se empiezan a abrir con ellas, ya mismo y decididamente, otros surcos en el mismo campo sembrado por María Elena Walsh.


Gaby compartió esta nota y Silvina la tipeó. Muchas Gracias!!

Foto de promoción de Cruzando las grandes aguas

Esta foto pertenece a la gráfica correspondiente al disco "Cruzando las grandes aguas" de 1985. Por decisiones de la compañía, nunca se utilizó.



Esta foto la compartió Fernando Mengani. Muchas Gracias Fer!!!

Dibujo a lápiz.

Dibujo a lápiz de la imagen del sobre interno del disco "Cruzando las grandes aguas".
Entrada original donde fue posteado junto a un texto: Depocoentendimiento

Fotos de "Cruzando las grandes aguas" en el Ópera

Fotos de la presentación de "Cruzando las grandes aguas" en el Teatro Ópera, 1985.








Las fotos las compartió Ariel de Alicante. Muchas Gracias!!

Programa del Espectáculo "Cruzando las grandes aguas" en Gimnasia y Esgrima



Programa de las funciones realizadas en el Club Gimnasia y Esgrima del Espectáculo "Cruzando las grandes aguas", 1985.

Las imágenes fueron compartidas por Xil. Muchas Gracias!!!

Programa del Espectáculo "Cruzando las grandes aguas"





Programa del Espectáculo "Cruzando las grandes aguas" en el Teatro Ópera, 1985.

Las imágenes son una cortesía de Xil. Muchas gracias!!

Marilina Ross - Cruzando las grandes aguas

1985 – Revista Cantarock

Marilina Ross

CRUZANDO LAS GRANDES AGUAS

Luciendo su nuevo peinado semi-punk, Marilina explicó con tranquilidad sus últimos proyectos y actividades, desde su participación en un festival en los Estados Unidos hasta algunos detalles de su nuevo LP. Todo en el marco de tranquilidad y sinceridad que transmite, similar a la onda que se percibe cuando está sobre el escenario.


Por: MARCELO FERNÁNDEZ BITAR

“Estuve haciendo el espectáculo “Soles” en Washington D.C.”, relata María, “y también fui a representar a Argentina en el festival Shakespeare, un encuentro de gente de teatro, cine, plástica y música. Creo que es bien necesario y casi urgente que Latinoamérica se empiece a conocer, en especial nosotros que estamos tan perdidos en el Sur.”

¿Qué referencias tenían tuyas, como actriz o como cantante?

“No creo que me conocían de nada, sabían de mi trayectoria como actriz… ¿sabés qué? Me sigue sorprendiendo la necesidad de la gente de etiquetar y encasillar. Yo soy un ser humano que quiere expresarse y decir cosas, y la forma puede ser un recital o una película. Es sólo una cuestión de forma, pero acá nos enganchamos siempre en las formas. ¡Ojalá pudiera cambiar aún más y expresarme mañana de otra forma!

UN POCO DE HISTORIA

Haciendo memoria, María siempre combinó actuar con cantar. Ya en 1966, junto a Federico Luppi, Carlos Gandolfo y otros, hizo el primer café-concert del país, haciendo las veces de actriz y juglar. Las canciones que se escuchaban eran de ella y en 1967 salió su primer simple. “Pero como esa etapa no trascendió masivamente”, reflexiona ella, “la gente no está enterada”.

El primer trabajo conocido es el LP de 1974, llamado originalmente “Estados de ánimo” y re-editado como “Quereme, tengo frío”. Pero antes hubo otro disco: el “Cancionero de la liberación”, grabado para las elecciones 1972/73 y consecuencia del grupo José Podestá que también integraba Piero. Iban por los barrios, plazas, villas y pueblos con un show de diversas expresiones artísticas. “Eran canciones mías, de Piero y de otra gente”, aclara enseguida, “y el espectáculo era básicamente político, aunque no sé cómo explicarlo”.

CRUZANDO LAS GRANDES AGUAS

“El título del LP tiene que ver con una frase del I Ching, El libro de las mutaciones. Los sabios chinos emplean el símbolo de atreverse a cruzar las grandes aguas uando uno se decide a emprender una empresa difícil. Creo que todos tenemos que atrevernos y arriesgarnos, decidirnos a llegar a buen puerto, porque el barco ya zarpó y estamos a mitad del camino.

Tal vez éste sea el disco que más me gusta, aunque aún está muy fresquito para ser objetiva. “Soles” (que hace poco recibió un Disco de Oro), tenía la fuerza y calentura de un disco parido con una gestación de muchos años y con canciones compuestas tranquilamente, sin obligación alguna. En cambio “A mis queridos seres”, es al revés: está tan pulcro y bien hecho que quedó puro pero distante. Y este LP sería la conjunción de los dos.

El leit motiv es un sonido a mar que inicia Cruzando las grandes aguas, el primer tema. Ese “mar de fondo” (sonríe ante el casual juego de palabras), continúa en “Miedo a la alegría” y sobre ese mar aparecen unos ruidos de ballenas y orcas que anteceden la chacarera que arregló Lito Vitale. Y que nunca más, que dice “A desenterrar los vivos y a los muertos enterrar, a desentrañar los lechos de los ríos y del mar para que salgan a flote los restos de la verdad”. Está claro que tiene que ver con lo que hemos pasado en el país y que aún estamos revolviendo las tierras y las aguas.

El disco nuevo sigue con ese estilo que hago, ya que hay todo tipo de temas. Por ejemplo, hay uno de Víctor Manuel, Desde mi libertad que siempre me gustó y que en este momento me sirve de mucho lo que dice, y creo que nos puede servir a todos”.


Uno siempre quiere saber cómo compone cada músico…

“Yo compongo a raíz de algo que me sucede, ahí me dan ganas de componer. Por ejemplo, hace poco un comentarista radial se metió conmigo de una forma muy fea, criticando mi persona, y me indigné. Así que ahí nomás compuse un tema, Quiero ser yo, que dice “Usted que en una radio se atreve a comentar que está tan preocupado por mi sexualidad, usted tan tranquilo ante tanta atrocidad, pregúntese cómo es usted. Y quiero ser yo la que decida cada pliegue de mi vida, a medida que mi vida va. No me importa lo que dirán, lo que importa es estar viva y poder amar.”

“Otro día estaba muy conmovida con el holocausto nuclear. A veces me asusto mucho porque estamos ahí nomás… así que compuse Y me di cuenta, que termina diciendo “En esta noche de encuentro les pido perdón por este ataque melanco, que ni yo misma me banco. Me he acostumbrado más a sufrir que a darme cuenta que soy feliz. Tengo la música, tengo algo que decir, tengo alguien que me escuche. ¿Qué más puedo pedir?”.

“Por eso creo que es fundamental vivir y estar muy alerta a todo lo que te sucede. Si te metés de lleno, cualquier situación da para una canción. La cosa es meterse a fondo y conectarse con lo que pasa (pausa y empieza a hablar casi en un susurro)… me pasó una cosa… ¿sabés que hasta ahora me había olvidado por completo?... Fue en marzo… yo estaba en una pileta y vi una mariposa con las alas pegadas por el agua. La saqué de ahí y la puse al lado mío para ver si podía volar. Pero las alas seguían pegadas y no podía arrancar. Y de golpe me conecté muy profundamente con lo que le pasaba. Así que me di cuenta que quizás quería comer algo. La acerqué a una flor, luego la puse en mi mano para que se secara. Y de golpe salió volando. ¡No te puedo explicar lo feliz que fui en ese instante! Por eso hay que estar atento y tomar conciencia de cada momento. Es una buena manera de vivir, más allá de hacer canciones.”

Para terminar, ¿qué podrías anticipar de la presentación del disco en el Ópera?

“Como siempre, habrá alguna historieta con la escenografía. Digamos que yo no soy una cantante y un micrófono, porque mi voz no sirve. Entonces hay que ir contando cada tema. Lo que ocurre en los recitales es muy especial, es algo que te carga de energía y a la vez te descarga cuando terminás. Hay algo mágico en la comunicación con la gente, porque no es que cante bien ni que las canciones sean maravillosas. Y no puedo estar sin recibir ese estímulo, es como un hábito, una droga.”

Lo que nos queda es remar, remar con fuerza

8 de diciembre de 1985 - Clarín Revista – Edición N° 14.305

La actualidad de Marilina Ross, una cantautora que utiliza sus dotes de actriz

“LO QUE NOS QUEDA ES REMAR, REMAR CON FUERZA”

Por: DIANA CASTELAR

A primera vista, conserva intacto su aire adolescente, aquella fresca sonrisa de “la nena”, el travieso personaje que interpretara junto a Osvaldo Miranda. Pero las incipientes y finas arruguitas que se marcan alrededor de los ojos, algún repentino rictus de amargura se encargan de testimoniar el paso del tiempo.

Marilina Ross –que ahora prefiere ser llamada María, su verdadero nombre- ha atravesado desde entonces duras circunstancias. Desde el desgarramiento surgido del exilio forzoso –“era tanta la tristeza que hasta podía pasarme 24 horas seguidas llorando”– hasta el cuestionamiento de su propia historia, que la llevó a entender que la vida es un constante cambio y también un aprendizaje: muchas letras y títulos de sus canciones están referidas al I Ching, el Libro de las Mutaciones.

Porque después de hacerse un nombre como actriz, a su vuelta al país Marilina decidió volcarse a la composición y a cantar sus propias canciones, como si una neta línea separara su vida y su profesión en un gran antes y un gran después. Bajado ya el telón sobre su último y exitoso espectáculo musical montado en el teatro Ópera, y en vísperas de iniciar una gira por las ciudades de la costa, habla de su regreso. “Decidí volver porque entre morirme de tristeza allá lejos, como le sucedió a Luis Politti, preferí venir a morir acá. O a vivir. Felizmente, viví, pero tuve que pasar por muchos miedos para decidirme a hacerlo.”

-Hace ya tres años que usted es profesional de la canción. Pero ¿se considera una actriz-cantante o una cantante-actriz?

-No soy exactamente una cantante sino una persona que cuenta historias. Historias que tienen que ver conmigo y con mi gente.

-Pero su carrera se inició en el teatro, ¿no es así?

-Sí, mi primer papel fue en Lucy Crown, con Luisa Vehil. Venía de estudiar en el teatro infantil Labardén desde los ocho años. Como la nena que era muy graciosa, le hicieron estudiar teatro.

-¿Y la nena estaba en desacuerdo?

-A mí me divertía mucho. Sin embargo, con el tiempo me daba cuenta de que lo que más me gustaba era la música. Estaba lanzada como actriz y no había forma de parar, pero seguía cantando y componiendo para mí.

-¿Alguien sabía de esa otra faceta suya?

-No demasiada gente. Pero en el año ’65, en el primer café concert que se hizo acá, El tiempo de los carozos, la música era mía. Trabajaban importantes actores, como Federico Luppi; después yo salía con la guitarra y hacía mis canciones.

-Hay una marcada diferencia entre la traviesa adolescente de La Nena y la dramática historia de La Raulito, que marcó su consagración como actriz. ¿Cómo llega a ese resultado?

-Ese personaje tan querible fue un proyecto mío. En un programa de Cosa juzgada, que se hacía con casos auténticos que se sacaban del archivo de Tribunales, surgió ese ser, que me pareció conmovedor. Me fui a conocerla y se produjo una gran comunicación. A partir de entonces quise hacer una película, busqué producción, dirección. Hubo muchos productores y directores que me dijeron que no iba a andar: me costó cinco años concretar el proyecto.

-Usted vivió los tramos finales de esa filmación con bastante sobresalto.

-Sí, cuando rodábamos las últimas escenas estaba amenazada. Y en algún monólogo de La Raulito hay algo mío: me parecía injusto –como a ella- que no me dejaran ser lo que realmente quería.

-¿Y qué quería?

-Decir cosas. Durante mucho tiempo lo hice con las palabras que escribían otros. Después mis canciones me dieron el empujoncito para decir lo que yo misma sentía.

-¿Sus canciones son de protesta?

-No. Siempre reflejan lo que me está pasando o lo que sucede a mi alrededor. Como Puerto Pollensa, que es casi testimonial; La plaza blanca, que dediqué a las Madres de Plaza de Mayo, o A mis seres queridos, donde hablaba del exilio.

-A propósito de ese tema, ¿en qué año se fue del país?

-En 1976, un año que pienso quedará marcado con rasgos indelebles en la memoria de los argentinos.

-La elección fue España, ¿no es verdad?

-Sí, allí no tenía problemas de idioma; además era la patria de mis padres. Se daba también la circunstancia de que La Raulito llevara allí un año y medio en cartel. Eso favoreció mi trabajo y filmé seis películas prácticamente sin pausa. También hice finalmente La Raulito en libertad, otra vez bajo la dirección de Lautaro Murúa.

-¿Cómo fue su vida allí?

-El primer año y medio fue muy angustiante para mí. A pesar de tener éxito y de ser una figura muy querida y respetada, toda la primera época fue tremenda. Allí encontré brazos abiertos, pero yo estaba mal, no podía gozar ni disfrutar de todo lo que se me brindaba.

-¿Y qué le daban?

-Mucho, muchísimo afecto. Por otra parte la vida de un actor es mucho más cómoda materialmente y yo era una de las actrices mejor pagas de allá: nunca gané tanto dinero como en España. Curiosamente eso me sirvió para darme cuenta de que no era lo que quería.

-Y entonces se volvió, claro.

-Sí. Lo hice en el año 1980, en pleno proceso, perfectamente enterada de las cosas que sucedían aquí, porque en el exterior se sabía mucho más que en la propia Argentina. Y vine aquí con mucho miedo, a que me mataran o a morirme de hambre por no poder trabajar.

-Entonces empezó a cantar.

-Al estar prohibida como actriz, comencé a tocar la guitarra en un boliche chiquito, para sobrevivir. Lo primero fue en la ciudad de Córdoba, a fines del ’80. Allí me encontré con Rubén Ceballos, que tenía un pub y me propuso que fuera con la guitarra. Fue lo primero que hice y me resultó fantástico ese primer reencuentro con el público, aunque era muy poquita gente, muy temerosa. Después seguí en Buenos Aires, en otro boliche chiquito de la calle Las Heras.

-Ahí fue ganando espacio.

-Sí; empezamos a buscar lugares para cada vez más grandes, hasta que actué en un estadio. No lo podía creer. Felizmente, fue todo muy paulatino; de otro modo podía haber sido muy fuerte el cimbronazo.

-También se fue formando su grupo.

-Empecé sola con la guitarra; después tenía un pianista, un bajista, y así se empezó a armar la banda.

-¿Cómo definiría sus temas?

-Casi como la historia de mi vida. Porque al hablar de mis experiencias estaba explicando que se podía atravesar los grandes pozos, aguantar y salir fortalecida.

-¿Cuál fue el primer tema que grabó?

-El punto de partida fue Puerto Pollensa, que no grabé yo, sino Sandra Mihanovich. Con esto sucedió algo particular, Marilina Ross estaba prohibida pero no la ciudadana María Celina Parrondo, mi verdadero nombre. Todos creían que era un tema de una autora venezolana.

-Y sus propios discos, ¿cuándo y cómo empiezan?

-A partir de un hecho dramático. Durante la guerra de las Malvinas solo se podía pasar música nacional. Y de estar prohibida y no poder grabar me encontré de pronto con tres sellos que pedían mis temas.

-¿Y cuándo volvió a la televisión?

-Exactamente con el gobierno del presidente Alfonsín. El 9 de diciembre hice en el estadio de Atlanta el recital de bienvenida a la democracia y el 12 estaba en televisión, en el programa de Juan Carlos Mareco.

-Escuchándola, parece como si en su vida hubiera divisiones muy netas, como si la cantante hubiera sepultado directamente a la actriz.

-No del todo. Son recitales de canto, pero también interpreto estas canciones. Mi último trabajo es casi una comedia musical donde hasta los músicos actúan. O sea que propongo la canción como espectáculo. Para esto trabajé con Susana Torres Molina, que aportó imaginación y talento a la puesta.

-Ahora está de vuelta en la patria. ¿Cuáles son sus sentimientos?

-Sencillamente acá soy yo; allá estaba la mitad mía. No puedo ser objetiva y pensar qué sitio del mundo me conviene más para vivir. Éste es mi sitio: yo prefiero el tercer mundo porque ése es mi lugar.

-¿Cómo resumiría su vida hasta aquí?

-Puedo decir que me pasó de todo. Tuve miedo y felicidad, amores y odios. De todo esto me queda un sentido nuevo de las cosas, una gran claridad y también cierta osadía. Me queda cada vez menos tiempo; entonces tengo que atreverme más.

-¿Atreverse a qué?

-A vivir, a emprender cosas nuevas, a asumirme tal como soy. A disfrutar y también a sufrir cada momento, porque sé que no volveré a pasar por aquí.

-Por último, ¿Qué quiso significar con Cruzando las grandes aguas, título de su último espectáculo?

-Lo tomé de una frase del I Ching, el Libro de las Mutaciones. Y la última canción tiene que ver con lo que pienso en este momento del país.

-¿Qué dice exactamente?

-Dice que nuestro barco ya zarpó a cruzar las grandes aguas sin que nadie pueda detener nuestra marcha. Estamos entre dos costas lejanas: atrás la noche, por delante el alba. Entonces lo que nos queda es remar, remar con fuerza.

Foto de Cruzando las grandes aguas en vivo


1985 CRUZANDO LAS GRANDES AGUAS

01 - Cruzando las grandes aguas (Marilina Ross - Carlos Tribuzy)
02 - Miedo a la alegría (Cristina Banegas - Mirta Goldberg - Marilina Ross)
03 - Y que nunca más (Marilina Ross)
04 - Se puede (Marilina Ross)
05 - Desde mi libertad (D. Vaona - Víctor Manuel San José)
06 - Quiero ser yo (Marilina Ross)
07 - Puente invisible (Marilina Ross)
08 - Lunita bahiana (Marilina Ross)
09 - Y me dí cuenta (Marilina Ross)
10 - Somos algo más (Marilina Ross)

Foto de la gráfica de Cruzando las grandes aguas