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Dos actrices y otra experiencia en TV

4 de mayo de 1969 - La Nación

Dos actrices y otra experiencia en TV


Un cigarrillo, un café y una breve historia artística. ¿Lo nuevo para Marilina Ross? Sí. Canta baladas. Compone su música.


Por: N. C.

Dos jóvenes actrices -personales en distintas vocaciones- señalan nuevos rumbos en nuestra televisión. Su prestigio es conocido también en el teatro. Pero, evidentemente, en los papeles que encarnan Bárbara Mujica y Marilina Ross muestran otras inquietudes, otros posibles alcances de la labor que se realiza en este medio masivo de comunicación. Recientemente Bárbara Mujica ha tenido una actuación eficaz en "Las llaves del Cielo y del Infierno", en "El plazo" y en "Ámame, Nazarino". Pero en trabajos televisivos, acaso para valorarla mejor, hay que volver a "Hamlet", "Historias de jóvenes" (último ciclo), a "Vidas en crisis" (interpretación de obras inglesas). Bárbara Mujica señala que es "muy difícil creer en la televisión como se está haciendo; esto, claro está, con carácter general. Las posibilidades no han sido aprovechadas; la televisión está comercializada; el 'rating' es lo único que importa, parecería: la calidad queda por debajo de ello".

A Bárbara Mujica le interesa la televisión de otra manera. "Intento hacerlo en la medida de mis posibilidades. Con David Stivel queremos manejar el programa y salir de lugares comunes. Esto que nos proponemos es muy difícil, pero no hay que olvidar que trabajamos con la frustración. En las obras en que he intervenido últimamente en TV encuentro que es la historia de gente que no se puede realizar. Hay un fondo de crítica a la vida frustrada. Es un espejo para que el hombre se encuentre y se realice. Estas, por lo menos, son las intenciones".

Marilina Ross, la juvenil intérprete de "La Nena", que acompaña a Osvaldo Miranda y a Joe Rígoli, sostiene que su quehacer televisivo en esa audición la divierte. El conjunto es homogéneo, sea con los artistas nombrados, sea con la directora María Inés Andrés. Es una labor -opina- que se realiza con facilidad, "la trama es simple, y los tonos, graciosos". "Me interesa, por lo tanto, buscar otros personajes, hallarme en otra circunstancia de mi carrera artística; veo que es peligroso encasillarse. En "Cosa juzgada" tengo a mi cargo papeles dramáticos; escenas violentas con un hermano neurótico; la hija de un dueño de hostería que se fuga en momentos de tragedia familiar o la madre de un niño secuestrado". Marilina Ross confiesa que para ella los roles dramáticos son difíciles; esa es su limitación mayor; por lo tanto, la comedia ligera la atrae, le da otras posibilidades interpretativas. "La TV actual es un hecho comercial inevitable -consigna- y en ese ámbito hay que actuar. Entre los miles de espectadores que ven TV hay de todas las condiciones sociales; nosotros, nuestro grupo, intentamos llegar a un término medio. Algo que, por lo menos, haga pensar." Marilina sonríe. Le preguntamos cuál es la razón. Contesta que canta baladas, música moderna. Que ya lo ha hecho en público en "Sábados Circulares", de Mancera. También, tangos. Algunas de sus canciones han sido grabadas; así, "Mariposa de color".

Bárbara Mujica y Marilina Ross traen otro dinamismo a la televisión, y buscan, a través de sus experiencias artísticas, otros ámbitos, otras posibilidades.


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota.

Parece que fue ayer...

24 de octubre de 1993 - Revista Tele Clic

24 años después del éxito de La Nena

Parece que fue ayer...

Osvaldo y Marilina hoy, el padre y la hija en la ficción ayer, recordaron el éxito de La Nena.

Por: INGRID PROIETTO
Producción: ALICIA ARIÑO
Fotos: HECTOR MAFFUCHE

Era otra época. La televisión sólo existía en blanco y negro. El aparato, enorme, atraía a la familia. Un hombre y una mujer convocaban a miles de personas semana a semana. Era otra época. Osvaldo Miranda (77) y Marilina Ross (50) le daban vida, en sus roles de padre e hija, a la comedia La Nena. Los sábados, por canal 13, de 21 a 22, una historia se incorporaba así en la vida de los telespectadores. Después de aquel notable éxito TELE CLIC reunió a los mismos protagonistas en esta época, aunque parece que fue ayer.

Osvaldo Miranda: - Cuando me ofrecieron el proyecto al principio dudé.

Marilina Ross: - Eso lo decís ahora. ¡Mirá que dudaste, eh! Lástima que terminó.

Osvaldo: - En realidad nos pidieron que siguiéramos adelante, ¿te acordás? Pero no hubiera sido bueno. Terminamos a tiempo.

Marilina: - Lo que yo recuerdo es cómo pegaba en los chicos. Después se prendía toda la familia, pero los que "compraron" el ciclo fueron los niños.

Osvaldo: - Y el éxito fue inmediato. Uno en aquella época se daba cuenta del rating en la calle. Todos me paraban y me decían algo del programa. Todos estaban pendientes del sábado a la noche.

Marilina: - ¡Y trabajábamos duro, eh!

Osvaldo: - ¡Uffff, todo el día grabando! Pero nos divertíamos. Había buena onda, como dicen ahora.

Marilina: - El elenco era fantástico. ¡Cómo olvidarme de Joe Rígoli!

Osvaldo: - ¿Te acordás cuando la pregunta de la calle era si debías o no casarte con él?

Marilina: - Bueno yo no, Margarita, mi personaje, era la que tenía que tomar esa decisión.

Osvaldo: - Claro, la nena.

Marilina: - En aquella época la gente no me llamaba Marilina. Decían: "Ahí va la nena". Era un monstruito maravilloso.

Osvaldo: - ¿Y ahora? ¿Qué andás haciendo?, tendrías que volver a actuar.

Marilina: - Estudio un proyecto para hacer teatro. Pero ahora estoy de gira con mi nuevo disco (De amor y de locuras).

Osvaldo: - Sí, lo tengo pero no sé cómo ponerlo en mi equipo de música. Es que me olvidé de todo.


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!

Continúa en 1967 "La nena" en TV

Diciembre de 1966 - Revista Radiolandia


Continúa en 1967 "La nena" en TV

Un trío que ha recurrido al buen humor para captar eficazmente el aplauso del público: Miranda, Marilina Ross y Joe Rígoli.

El éxito de "La Nena" lo proyecta como uno de los ciclos de mayor popularidad en televisión. El gran recibimiento que ha recogido en el público le permitirá continuar el año venidero sin interrupciones. Así se ha convenido en la renovación del convenio que los intérpretes del programa han suscripto con Canal 13.

Osvaldo Miranda, Marilina Ross y Joe Rígoli seguirán entonces en 1967 con su risueña fórmula de buen humor al servicio de un buen rato frente a las cámaras para la teleplatea.

EL APLAUSO DEL PÚBLICO DETERMINÓ EL CONTRATO

Delfor Medina, Oscar Bonavena y Osvaldo Miranda en una de las escenas de este popular programa cómico.

Marilina Ross, Osvaldo Miranda y Joe Rígoli proseguirán divirtiendo al público durante toda la próxima temporada.





Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!

Eficaz terceto de una comedia de fina trama

Viernes 23 de Abril de 1965 – Radiolandia N° 1925, Año XXXVI

EFICAZ TERCETO DE UNA COMEDIA DE FINA TRAMA

LAS AVENTURAS DE UN PADRE CON UNA HIJA "NUEVAOLERA"


Osvaldo Miranda, Marilina Ross y Joe Rígoli integran el triángulo cómico de “La Nena”, ciclo que el Canal 13 ha lanzado con singular éxito en la teleplatea.

Una larga bocanada de humo esconde el rostro de Marilina Ross. Cuando el panorama se aclara la atractiva estrellita de Canal 13 aparece ataviada cual una “vamp” de misteriosa sugestión. Tras ella, Osvaldo Miranda ensaya unos pasos de baile y luego da rienda suelta a una poco efectiva serie de paternales consejos. La escena podría resultar insólita si no se desarrollara en uno de los amplios sets del canal de la calle Lima, para completar uno de los cuadros de “La Nena”.

Una caballeresca declaración de amor que produce insólitos resultados en Marilina Ross ensaya Joe Rígoli. La trama de este nuevo programa da lugar a reideras situaciones.

Este nuevo programa del Canal 13 ha incorporado un humor de distinguibles efectos televisivos. Para ello, colaboran la veteranía y la efectividad de Osvaldo Miranda y la inimitable simpatía de Marilina Ross. El descubrimiento de este programa ha sido, sin duda, el de la juvenil estrellita televisiva. No sólo ha demostrado tener excelentes condiciones para la comedia, sino que continúa agregando nuevos méritos a su carrera artística.

Un padre que se ve en difíciles conflictos representa Osvaldo Miranda. Tal como se lo ve en la nota gráfica, apela a cualquier recurso para aconsejar a su hija.

La presencia del actor cómico Joe Rígoli completa un terceto de singulares aptitudes para integrar este programa. Un padre decidido a proveer a su hija de sesudos consejos que tradicionalmente son desoídos. Tal la trama de “La Nena”, que en estos momentos se perfila como un nuevo suceso de Canal 13, gracias a la eficaz combinación de una gran pareja cómica.

Marilina Ross es el vértice de todos los conflictos que suceden en este humorístico hogar compartido por dos figuras de gran atracción cómica.

Es la nena...!!

Foto de Marilina en "La Nena", programa que se emitió por Canal 13 entre 1965 y 1970.


Marilina Ross - Segunda Parte

Enero de 1981 - Revista Humor N° 50

En España anduvo de "Parranda". Y ahora, en la Argentina

MARILINA ROSS

Reportaje de MONA MONCALVILLO
Fotos de EDUARDO GROSSMAN

Segunda Parte. Viene de Primera Parte.

-¿Hubo algo más que te sirviera?

-Después hice "Reina Zanahoria", también con Suárez; era un proyecto muy delirante, loquísimo... Y me propuso hacerlo después que le habían fallado otras dos actrices, que no tienen nada que ver conmigo, Úrsula Andress y Nacha Guevara... Me lo ofreció a mí, que no tengo nada que ver con ellas, ni con el personaje... Pero confió mucho en mí, y yo tenía ganas de hacer una comedia, ganas de mostrar una imagen diametralmente opuesta a la de "La Raulito", que era por lo único que me conocían allá... Quise mostrar un poco la Marilina que había hecho muchas veces y por lo cual dudaron en darme La Raulito; allá era al revés, tenía que demostrar que podía hacer otros personajes...

-Tampoco te fue muy bien...

-Fue fallida también, pero fue un buen intento; fue un intento de esos en que vale la pena equivocarse. Preferí hacer algo donde arriesgaba muchas cosas, que hacer algo que sabía que iba a andar muy bien y fácil. Valía la pena apoyar ese proyecto, y lo apoyé. De todos modos, va a haber un momento en que se exhiba nuevamente en España y será entonces reconocida como una gran película; creo que estuvo adelantada en el tiempo. Me dieron un premio por ella y un nivel de gente la tiene catalogada como excelente, e inusitada en España. Y es verdad. Pero sucede que el público español no está todavía para recibir ese tipo de cine. Después hice "Soldados", de Alfonso Ungría, una historia de amor inserta en todo el conflicto de la guerra civil española; hay una escena final valiosa, cuando los dos personajes, siendo marido y mujer, intentan conectarse afectivamente por primera vez, estar solos en un sitio, pero el marco es la guerra y no pueden concretar la relación. Fue una escena difícil, casi sin ensayo, a lo que saliera. Y salió muy bien. Pero ésa me dieron un premio en España y otro en Italia. Luego viene "Al servicio de la mujer española" con libro y dirección de Jaime de Armiñán, y de ésta también rescato una escena. El personaje era una locutora de una radio de provincia que tenía un programa moralista llamado precisamente "Al servicio de la Mujer Española". Contestaba a las cartas de los oyentes, dando consejos morales que eran un horror... Ella vivía tratando de seguir sus propios consejos y era muy infeliz... No sabía lo que era enamorarse y ser feliz, hasta que aparece el hombre que le da vuelta la vida, la cambia y la destruye, como a su forzado estilo de vida. También tuve un premio por ésa...



-Premian mucho los españoles... ¿Y cuál fue la última?

-La que filmé este año. Se llama "Un hombre de moda" y está más cerca mío; habla de la generación de los "treinti...", época actual, y prácticamente hice de "mí", poniendo muchas experiencias propias; hice de argentina que vivía en España y funcionó muy bien. Me acaban de mandar una carta, donde me dicen que se estrenó en Madrid hace un mes y medio con mucho éxito, y está comentada como una de las mejores películas. Estuvo también en San Sebastián y tuvo premio de la crítica.

-¿Y en televisión y teatro?

-En televisión hice "Pigmalión" y un espectacular con mis canciones, que fue mi lanzamiento como compositora y cantante en España. Era un reportaje de mi vida, con fotos y documentos y las canciones ejemplificando, como lo que hago ahora en los boliches. En teatro hice "Panorama desde el Puente", en enero de 1980. Fue una experiencia desagradable, la pasé muy mal. Dos funciones diarias son imbancables, no se puede hacer nada bien. Tampoco me llevé bien con el director y los compañeros; fue todo muy feo. Cumplí el contrato, di el aviso de los diez días, y me fui. Me reemplazaron y después terminó levantándose la temporada...

-¿Qué diferencias técnicas hay entre los actores españoles y los argentinos?

-Aquí, en la Argentina, se ha llegado a crear un estilo de trabajo basado en métodos, ya sea el de Stanislavsky o el de Strasberg, que tiene que ver con el anterior; las 50 escuelas de teatro que hay en Buenos Aires, y las del resto del país, han generado un estilo donde se analiza un texto, un personaje, donde se busca la comunicación entre el director y los actores. Allá todo eso no existe. No existe otra escuela que la del conservatorio y es mala. Ahora, recién, se comienza a generar una corriente de formación del actor. El estilo de trabajo allá "letra sabida" y puesta de movimientos, y a letra sabida no hay mal cómico... A mí me era difícil trabajar así; primero, porque no podía llegar nunca al primer ensayo con la letra sabida, como un loro... Hay otras cosas que hay que saber antes de la letra, y después la letra sale sola, cuando sabés por qué el personaje tiene que decir eso. Por eso chocaba con todo el mundo. En "Panorama desde el Puente" me pasó con una actriz; cuando estábamos en escena no me miraba y le pregunté por qué. Y me respondió: "pues claro, es que tú no actúas, tú siempre estás en escena como en la vida real, y me desconciertas..." Fijate vos, yo "no actuaba" porque trataba de ver una verdad, la mía aunque más no fuera... Me buscaba a mí misma, para que algo fuera cierto, y chocaba con todo el resto. Luego de esa charla decidí terminar. Fue un infierno...

-¿Te afectó?

-Me fui en el verano español a tomar un curso con Strasberg en Los Ángeles. Lo necesitaba como el aire, para encontrar otro estilo de trabajo. Fue un gustazo, una maravillosa experiencia. Pero cuando volví, tratando de poner en práctica algo de eso, se agudizó más la diferencia, era insostenible... Yo sola no puedo trabajar, no puedo inventarme un mundo y chocar después contra todas las paredes y con muros donde no pasa nada... Bueno, estoy generalizando, claro que hay excepciones; a veces he encontrado gente a mi lado, casi humana...

-¿Con "Pigmalión" no hubo problemas?

-Después de "Panorama desde el Puente" hice "Pigmalión". Para hacerla pedí un mes de ensayo. Todos me miraban desorbitados, pensaban que estaba loca ¿Cómo iba a pedir un mes de ensayo para hacer una obra por televisión...? Llega el primer día de ensayo. Estaban todos los actores, algunos con letra absolutamente sabida, y el director que no aparece. En cambio está el asistente, que dice "pasen letra". Leímos toda la obra; al segundo día de nuevo, el director que no aparece y yo ya me inquieto y pregunto el por qué de la ausencia, si le pasa lago, y me responden que no, pero "para qué va a venir. Hasta que sepáis la letra, y tenga los muebles y movimientos para hacer la puesta en escena..." ¡Vino tres días antes de hacer la grabación! O sea que nos pasamos un mes, pedido por mí, todos sentados, cada cual en su silla, haciendo tonos, sin poder caminar o buscar cómo lo haría el personaje...

-Pese a todo había trabajo, por lo menos...

-Ahora no. Desde hace dos años, hay un gran parate y gran escasez de trabajo. Cada vez se hace menos. En cine, hace dos años que casi no se filma nada porque los productores se han negado a trabajar hasta que no les devuelvan el dinero de recuperación industrial, que es lo que da el estado para que sea reinvertido en el cine. Comparado con lo que se hacía antes, ahora no se hace prácticamente nada. En cambio, se está trabajando mucho en cooperativa. Así hicimos mi última película donde desde el iluminador hasta el último técnico pusieron su trabajo. Si funciona bien, como está funcionando, a lo mejor cobramos algo. Es un buen intento, por el que hay que poner el hombro. Es una nueva forma. Te aclaro que no existía allá, y que hoy, incluso en teatro, sigue mal vista la cooperativa. Muchos piensan que cuando alguien hace algo en cooperativa es porque le va mal. No existe lo que nosotros hicimos acá con "Gente de teatro", un grupo de actores que se une para un proyecto común, llámese cooperativa o como quieran; allá hay una dependencia total con respecto al productor, al empresario, a la vieja usanza; como hace muchos años era aquí...

-¿Por qué has dicho que hay una crisis de la palabra, y que cada vez querés hablar menos?

-No será porque hoy no hablo... Estoy sorprendida yo misma... Mirá, antes de irme, cuando hice "El gran Soñador", fue precisamente porque era un personaje mudo. Quería encontrar un nuevo estilo de comunicación, dado que la palabra cada vez nos confunde más. Porque cuando yo digo algo tengo una imagen de ese algo, y si el que la recibe tiene otra, eso como si no nos comunicáramos. Además, porque el ser humano es mucho más que la palabra; ya prácticamente ni nis tocamos; como civilización te estoy hablando, tenemos miedo al roce de la piel del otro... Yo no digo no hablar más, sino la que palabra ocupe el sitio justo y no otro. Por eso me gusta tanto la música. Llega más al sentimiento que a la razón; o cualquier otro arte que no tiene la palabra como medio. Es que tenemos tan ejercitada la cabeza y la razón, que ya a veces la palabra actúa como una defensa de los sentimientos...

-Dentro de los cambios que considerás imprescindibles para vivir, ¿está comprendido este regreso?

-Y, sí... Esta vuelta acá es tan rara. Primero vine a Punta del Este, con la idea de quedarme uno o dos meses y volver a España, pero de allí, ¡cómo no iba a saltar...! Y acá me encontré con todo, mi tierra, amigos, mi identidad, mis cosas conocidas, y... ya he perdido el pasaje de vuelta. No sé cuándo me voy a ir. Estoy un poco viviendo el hoy, donde me "pille", y estoy bien; cuando deje de estarlo me iré. Claro que no es fácil vivir así, medio de asalto... Pero me recibieron con mucho amor, y el amor para mí es muy importante. Puede sonar a frase vacía, ridícula, pero yo me muevo por amor y casi todo lo hago por amor. Vine aquí por amor, concretamente...

-El humor incorporado a tu nueva actividad, ¿es espontáneo o elaborado?

-No es porque me lo proponga; así no me sale nada gracioso, no se da... Lo hago porque me divierto yo, porque tengo sentido del humor. Me gusta hacerlo y sale solo, no lo tengo previsto, improviso. Todas las noches es distinto, capitalizo mi charla con la gente; me ha pasado no tener nada de humor, y ese día todo sale un horror. No lo puedo forzar, aunque sé que tengo buen humor. En España me asusté mucho pensé que había perdido mi humor, la alegría... Sufrí mucho, la pasé muy mal y extrañé horrores. Un día me miré al espejo. Me vi más vieja, con arrugas, con mis labios cada vez más hacia abajo, y comprendí que había perdido la alegría y que nada me divertía...

-¿La comediante que vimos hace varios años era sólo producto de un papel?

-No, "La Nena" nació de un papel, pero tenía muchísimas cosas mías. Yo vivía el personaje desde que entraba al canal; hacía todo tipo de travesuras... Además, por eso de que me mimetizo bastante con los personajes -y más si son tan largos o cuando me llegan tan profundo-, me pierdo, me confundo... Entraba al canal y ya estaba haciendo un lío en maquillaje, en el vestuario, o en el taxi que me llevaba. Era "La Nena" fuera del set y dentro del set...

-¿Te sentís suficientemente madura como para cantar y contar tu historia, con humor e ironía?

-Ojalá lo esté... Siento que todavía estoy como a mitad de camino, que aún no me salió tan redondita como quisiera. Pero, bueno, estoy en camino y en este momento puedo dar hasta aquí... Lo ideal sería un Woody Allen, ésa es la meta, hasta ahí quiero ir... Y matarme de risa de todo lo que he sufrido, todo lo que me parecía espantoso ayer, y hoy mirando desde aquí, reirme...

-¿Vos te fijás objetivos?

-Cada vez me fijo menos objetivos, voy viviendo el hoy y así es imposible fijarse objetivos. Así como hoy me quiero quedar acá, los proyectos que tenía en España se fueron al diablo...

-¿Pero no hay un objetivo, sin importar el lugar donde estés?

-El objetivo mío es ser cada vez mejor ser humano (con perdón de la frase)... Es decir, ser cada vez mejor yo, ser más fiel a esa esencia o meollo que debo ser yo y que está tan tapada por caretas, máscaras, capas de cebolla... Mi trabajo diario es ir sacando y encontrando a "ésa", ésa que, a veces, sale con plena euforia y de pronto ¡zas! algo la tapa... Es ir abriendo el camino para que salga la de adentro y me permita ser más coherente, me guste o no me guste...

-¿Qué te haría irte de acá?

-Dejar de estar bien, algo que me atrajera mucho en otro sitio, o enamorarme y entonces sí, me subo al primer barco y allá me voy... Pero tendría que ser algo muy fuerte para que me arrastre, o también sentir que esto no da para más en cuanto a laburo...

-¿Qué te han ofrecido?

-Me ofrecieron reponer "Boda Blanca" en marzo, y acabo de decir que sí; esto es tan fresquito que todavía no me hago a la idea. Me pareció tan maravilloso ese espectáculo cuando lo vi, me gustó tanto, que me da placer participar de eso... También hay una propuesta de comedia musical para teatro, a mediados de año; un obra del gordo Viale. Por primera vez una comedia musical argentinísima, tal como somos nosotros y con la música de José Luis Castiñeira de Dios, que está en París; es maravillosa... La dirección será de Emilio Alfaro y es un proyecto muy interesante...

-De aquel viejo grupo o clan de teatro que habían armado, ¿queda algo?

-Mal llamado "clan", nunca fuimos un clan... Estamos todos desperdigados. Y te digo que nunca fuimos un clan, porque no estuvimos nunca tan cerrados como la gente o el periodismo dio en creer... Y si en algún momento nos cerramos, fue para defendernos de lo de afuera, que era muy duro...

-¿Con quiénes te gustaría trabajar?

-Y... me encantaría volver a formar el grupo... Lo que pasa es que no creo posible ir hacia atrás. Sería otro... Pero me gustaría volver a trabajar con Norma Aleandro, que ahora está en España y viene muy pronto a hacer un espectáculo sensacional en teatro; con Federico Luppi, Carella y poné puntos suspensivos...

-¿Con quiénes te has conectado?

-Bueno, con Norma nos vimos en España; estuvimos muy conectadas y somos grandes amigas; con Emilio Alfaro tuve un reencuentro muy lindo, después de muchos años. Nosotros vivimos diez años juntos, y estuvimos sin vernos nada, durante otros siete. El reencuentro fue importante, de esos que te quedan para toda la vida, de balance, de reconocer errores y poner al día nuestro afecto que estuvo, está y es muy grande... Es un gran amigo y el proyecto de la comedia es por eso con él. Su mujer actual es amiga mía. Y si en otro momento eso fue un duro trago -porque su mujer también en ese momento era amiga mía y viví muy mal ese momento- hoy me puedo reir y puedo estar bien con él, con ella y con la hija que han tenido... algo que yo busqué durante años y no vino... Esto es, para mí, aprender a vivir. Cuando los afectos resurgen, a pesar de todas las contras y de los prejuicios...

-¿Cómo ves el cine, el teatro o la televisión, después de casi cinco años de ausencia?

-De cine no he visto nada absolutamente... Es que cuando fui al teatro por primera vez me desmayé... No fui muy papelonera. Fui bastante discreta. Comencé a caminar por el pasillo -faltaban pocos minutos para que comenzara la función de Luis Fischer Quintana, gran amigo- y me "shockeó" mucho estar ahí y me empecé a sentir mal; busqué en el pasillo un señor grande y fuerte y me desmayé en sus brazos. Me desperté en la cocina del teatro, con ese señor, y después volví a la platea. Así que de películas nada, porque presiento que me voy a shockear mucho más, pero por el efecto contrario... Y en televisión, no he visto nada que me gustara... Hay un nivel muy bajo en general, estoy haciendo un esfuerzo por acordarme de algo que me haya gustado...

-Vos viviste el destape español en pleno apogeo, ¿cómo fue?

-Muy a lo español... Muy como son ellos, de pasar un día por un kiosco y ver una monja en la tapa de una revista y, al día siguiente, un sexo en primer plano, por ejemplo... Los españoles se volvieron locos, no lo podían creer... Todo al alcance de cualquiera... Y de la noche a la mañana, cuando en cualquier otro país los cambios se han ido haciendo en forma progresiva, buscando un poco más, un poco más, hasta llegar también a un destape, porque lo anterior no alcanza y se muestra todo. Pero en España, que casi no se mostraba el tobillo... Felizmente ya pasó. Fue como una gaseosa que se sacude antes de abrir, cuando se le quita la tapa sale mucha espuma, muchas burbujas, y después se termina, se agota en sí misma... Como dijo Saura en su momento, que iba a hacer una película de destape, porque había que contribuir a que se hiciera mucho para que se agotara más rápido... Fue como una moda, ya pasó; ahora la gente necesita otra cosa. Me ha tocado, por ejemplo, estar en playas nudistas en España -que las hay y muchas- y al primer día no te alcanzan los ojos para ver todo lo que está alrededor, familias, abuelos, madres, generalmente muchos alemanes. Era como una alucinación lo que veía, aunque todos se movían con total naturalidad. El primer día, muy incómoda yo, tratando de no perderme ni una... Pero al segundo día estaba más suelta, y al tercer día charlaba ya con un señor mayor y opinábamos sobre la vida. Y con un microscopio, con ese señor de unos 70 años, totalmente desnudito él y yo también, por supuesto, nos pasamos más de tres horas viendo insectos y conchillas marinas... Así es todo, al principio no me alcanzaban los pelos de la cabeza para taparme toda, y después, nada... Es descubrir que te podés conectar con lo que hay dentro del cuerpo; mientras el cuerpo está vestido la imaginación llega a ¿cómo será detrás de la ropa? Cuando ya no hay ropa es ¿cómo será detrás del cuerpo? Te conectás más con los valores humanos...

-¿Te sumaste al destape?

-Lo hice, sí, lo hice en "Soldados"; en la escena final, tratando de hacer el amor y por supuesto los dos estábamos desnudos, tampoco creo que hubiese podido hacerse de otra forma...

-Bueno, pero eso no es el "destape", precisamente... Había un desnudo que respondía a un guión, una trama bien desarrollada...

-Ah, bueno, entonces en "el destape" no entré... Además no tengo ya edad ni cuerpo para eso; si lo tuviera lindo, todavía... Soy chueca, tengo algún rollito...

-Pero en "Boda Blanca" te tenés que desnudar...

-Sí, pero de la cintura para arriba... Además acá ya me había desnudado en una película con Alberto de Mendoza, hace años, "Primero Yo"... Pero eso sí, siempre por exigencias del guión...

-¿Hay algún tipo de censura en España?

-No... no existe absolutamente ningún tipo de censura. Miento... existe la prohibición de menores de 18 años, que ahora creo que son 14, y están las películas clasificadas "S", que son las pornográficas, para que el público sepa a qué atenerse. Pero no están prohibidas...

-Entonces no hay censura...

-Existe tal vez políticamente. Hubo una película que estuvo censurada, "El Crimen de la Cuenca". Tuvieron muchas dificultades para estrenarla. Se contaba un hecho político y se denunciaban muchas cosas; presionaron los intereses políticos muy concretos para que no se diera. Pero creo que al fin se estrenó...

-¿Creés que es bueno que no haya censura?

-Yo creo que no debería haber censura. No la entiendo en pueblos civilizados, en gente mayor de edad, que puede decidir ver o no cierta película o comprar determinado libro... Aunque si me apurás un poco, te diría que sí, que hay cosas que yo prohibiría, como el mal gusto, o lo que no sirve para nada. Puedo entender la censura para los chicos, pero cuando uno es grande se supone que sabe qué es lo que le hace bien y qué lo que le hace mal...

-¿Hay diferencias entre el público español y el nuestro?

-Abismales. El calor del público argentino creo que no existe en ningún otro sitio del mundo. Por eso se vuelven locos todos los extranjeros que pasan por acá. Ayer fui a ver la Ópera de Pekín y qué asombro el de esos chinos ante el aplauso del público... No lo podían creer. Detrás de ese maquillaje se reían, estaban felices, les tiraban flores... Hay un calor hacia el artista muy grande, al artista y al no artista; pero igual vale, porque eso hace que se trabaje con más ganas y también te impulsa a hacer mejor tu trabajo. En España, lo que más me asombraba era el estreno de una película. Llegaban los protagonistas y pasaban, como si nada, entre la gente... Acá, cuando llegan los artistas a la sala el día del estreno, se matan por tocarlos, verlos... Y en Italia, un día vi que pasaba Vittorio Gassman al lado mío y di un grito: "¡Ah, Vittorio Gassman!..." Todos me miraban como a una loca. O cuando lo vi a Trintignant, yo parecía Cholula loca por los astros... Acá hay un clima, desde la gente a los medios de información de espectáculos, eso de "se rascó la oreja con la mano izquierda..." pasa solo acá. Y existe porque hay gente que consume eso. Claro, también deja de existir la vida privada del artista y así la pagamos también; en otros lugares no pasa...

-Creés que hay cosas que no te perdona el público argentino?

-Yo creo que a mí me perdonan todo... ¿Suena muy prepotente? Es que creo que porque hay amor el público me perdona todo... Nunca nadie me ha reprochado nada, de por qué no trabajo, de por qué me fui, y yo sí tenía esos temores; pero no...

-¿Te cuesta transmitir emociones?

-No, creo que es lo que menos me cuesta. En general, me rijo mucho por mis emociones y se me nota siempre. No las puedo controlar, y eso, al servicio de un trabajo, sale fácil. Parto de mí para hacer el personaje, busco en mí esas emociones, y como yo me las permito todas... siempre tengo alguna carta a la cual apelar...

-¿Estás convencida de que tu identidad está aquí?

-Sí, sin duda. Y eso se aprende afuera. Los cuatro años y pico en España, te diría que fueron una gran hondonada, ya no un pozo, una hondonada de la cual salí hace muy poco...

-¿Por qué no volviste antes?

-Porque siempre estuve haciendo cosas y porque me sentía tan mal, que quería estar un poco más compuesta, más entera, para volver...

-¿Dónde empieza y dónde termina la ficción?

-Me gustaría saberlo yo también... A pesar de que trato de ser honesta, y mi actitud en todo es tratar de buscar una verdad en mí y en los demás, siento que la ficción es como algo ineludible... Pienso que uno, con el tiempo, se pone más y más caretas para conectarse con un medio que está en la misma situación. Yo me esfuerzo en tratar de eludir la ficción, está tan encarnada con mi personalidad, que cuesta, es difícil. Pero no imposible...


Fernando de Rosario compartió esta nota. Muchas Gracias Fernando!!!

La nueva ingenuidad

Miércoles 13 de octubre de 1965 – Revista Siete Días

La nueva ingenuidad



Buena intérprete, de picante ingenuidad, la actriz que alcanzó la fama a través de "La Nena", no se asusta de los tres casamientos anteriores de su marido.



De las nuevas figuras que lanzó la TV, nadie como Marilina Ross alcanzó un éxito más veloz. Con su rostro infantil, su cuerpo sin sobresalto, llegó al público en una nueva versión de inocente "sexy"

Aunque no lo sepa, Marilina Ross es la versión actual de las ingenuas que impregnaron, con su aséptico candor, la década del cuarenta del cine argentino. Si Mirtha Legrand o María Duval eran entonces la imagen compacta de una adolescencia inmaculada, Marilina Ross -a pesar de sus 22 años- llega hoy al público con un rostro infantil, un cuerpo sin sobre saltos, pero cargado de un sigiloso y despreocupado "sexy".

De las nuevas figuras que lanzó la televisión, Marilina Ross alcanzó el éxito más visible y veloz. A través de "La nena", que se transmite por canal 13 en horario nocturno, logró convertirse en la adolescente barullera y desprejuiciada que ocasiona inocentes conflictos a su padre, Osvaldo Miranda.

Actualmente, Marilina Ross está contratada en exclusividad por canal 13 y su sueldo mensual es de 80.000 pesos. Revisando los cinco meses de matrimonio con Emilio Alfaro descubre ser feliz y proclama no asustarse por los tres casamientos anteriores de su marido. Esa seguridad le nace, no cabe duda, de la idea inapelable que tiene sobre la felicidad.

Entre lo que piensa y lo que hace, a veces, Marilina Ross exhibe contradicciones. Asegura que ha crecido y se rebela a seguir siendo "la nena". Se olvida, sin embargo, que su triunfo se apoya en el programa que anima semanalmente. Afirma que no le interesa ser "sexy", ni mucho menos "una Libertad Leblanc". Vuelve a olvidar (o tal vez ignora) que ella es "sexy"; claro que en una versión menos ostensible que Libertad Leblanc, porque no solo en la opulencia se oculta la sexualidad. Acaso sus contradicciones se originan de las eclécticas lecturas. Cuando tiene un hueco de tiempo, lee poesía, "especialmente a Pablo Neruda, Paco Urondo y Juan Gelman". Goza con el teatro de Bertold Bercht y abreva con frecuencia en Stanislavsky "porque sigo estudiando teatro con Fernández".

Los memoriosos recuerdan a una Marilina Ross no sustancialmente cambiada, cuando hace cuatro años iniciaba su carrera televisiva en un programa que tenía como protagonista a Luis Aguilé. Invariablemente, la acompañaba su padre y al parecer, nunca tuvo problemas a causa de su vocación.

Marilina Ross cree que aún no tuvo su oportunidad en el cine. Ninguna de las cuatro películas que hizo ("El televisor", "Primero yo", "Los guerrilleros", "El ojo de la cerradura") la convencieron. "Cuando empezó el rodaje de "Primero yo" me dí cuenta que no "andaba". Si lo hubiese descubierto cuando me dieron el libro, habría desistido."

Buena actriz, una tolerable cantante de picante ingenuidad pero de personalidad lineal, Marilina Ross comunica que quiere aprender política. "No sé nada. Resulta que un buen día abro un diario y me encuentro con el siguiente título: "La paz del mundo peligra en Vietnam". Yo no sabía qué estaba pasando y ni siquiera sabía dónde se encontraba Vietnam en el mapa. Entonces decidí ponerme al día". Una curiosidad saludable.

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Foto de Marilina en "La Nena"


Foto de Marilina en "La nena" el 06 de agosto de 1965.

La foto fue compartida por Fernando Mengani. Muchas Gracias Fer!!!

Dos a quererse

Martes 14 de noviembre de 2000, Clarín

LA NENA, 30 AÑOS DESPUÉS


El ciclo dejó de emitirse en 1970, pero se instaló como un clásico de la TV argentina. Osvaldo Miranda y Marilina Ross repasan esa época con nostalgia y alegría y hablan del futuro: ella seguirá cantando y él peleará por la presidencia de la Asociación Argentina de Actores.

ENTREVISTA CON MARILINA ROSS Y OSVALDO MIRANDA

Dos a quererse

La Nena dejó de emitirse hace 30 años, pero es una clásico de la TV. Sus protagonistas repasan esa época y hablan también del futuro, que a ella la encontrará cantando y a él, peleando una elección.


RECUERDOS. En la época de La Nena, Marilina hacía también cine y teatro.
Osvaldo arrancó cantando tangos con Ángel Vargas.

Por: SILVINA LAMAZARES

El dandy está en su casa, pero no así nomás. Empilchado con buen gusto, un trabacorbata que brilla, medias al tono con el saco, perfume importado. Ella, que lo conoce bastante, confiesa que la "coquetería siempre fue su fuerte. Tanto, que nunca quiso decir la edad. Es su gran misterio". Con una mano en el bolsillo, él sale con pelota dominada: "Te la digo, 85 pirulos". Cara de duda. Dos horas y media después, y después de haber repasado quinientos temas, el hombre vuelve al punto con tres documentos personales: "Leé fuerte. ¿Qué dice ahí? ¿No dice 3 de noviembre de 1915? Soy coqueto, pero a vos no te puedo mentir". Entre Osvaldo Miranda y Marilina Ross todas las cartas parecen estar echadas. Enhorabuena.

Pasaron 35 años desde aquella noche de 1965 en la que empezaron a darle forma a una de las duplas legendarias de la TV: en el rol del padre bonachón y la hija traviesa, hicieron de La nena un éxito que se estiró en continuado hasta 1970, con un rating inusual para un sábado a las 21. Y como el paso del tiempo suele tender alguna trampa, ahora ella le ajusta la corbata y le sirve el té con leche... al nene del 2000.

Hay cariño en el ambiente. Mucha palmadita, beso en la frente, abrazos, devolución de sentimientos. El dueño de casa —un tres dormitorios con enorme living, baño y cocina, en pleno Congreso— la agarra de la mano y se la lleva a un cuarto para mostrarle que una de sus fotos más queridas la tiene a ella en primer plano, en épocas de la histórica telecomedia de Canal 13. A Marilina se le entibia el corazón, manda otro beso y van...

Sentados en los mullidos sillones de don Osvaldo, le ponen palabras a un camino que empezaron a recorrer juntos en los 60 y que ahora volvió a reunirlos en un escenario, cuando a la cantante de este dúo se le ocurrió convocar a sus afectos en el teatro Avenida para echar la vista atrás, evocar y cantar. Referente clave en su vida, Miranda fue de la partida. Y ante la ovación, bailaron al compás de Soñar y nada más, de Ivo Pelay y Francisco Canaro.

"Tuvo que venir cinco noches y no se amilanó... él no falla", piropea la nena que supo sacarle canas verdes al Gerónimo Reyes de ficción. "Pensé que era sólo un jueves y fui. Al final, me la pasé acostándome de madrugada, como cuando era pibe. Pero, para mí, estar con ella es una fiesta. Con sólo mirarnos ya nos entendemos... nos conocemos de memoria", sintetiza el fanático de Atlanta, que entre sus jugadores favoritos cita a la dupla atacante del 58, Roque y Zubeldía.

En este encuentro de primavera, Marilina escucha más de lo que habla. Claro, la voz de la experiencia copa la parada. El hombre tiene anécdotas de todos los colores, de todas las épocas, de todos los grandes. Como si fuera uno de esos humoristas que a partir de una palabra equis tiene un chiste para contar, él oye "sombrero" y se sale con algo de Elías Alippi. Se cita Tokio y habla de Aníbal Troilo. De Enrique Muiño. De Francisco Petrone.

Para sumarlo a la lista de grandes, Marilina también tiene algo para decir de Miranda: "Espero que no te enojes con lo que voy a confesar, a propósito de lo de tu edad. Un día teníamos que ir a Montevideo para grabar unas escenas. Como había que pasar por Migraciones, todos dijimos que ahí nos ibamos a enterar de sus años. ¿Sabés qué hizo el tipo? Dijo dénme todos los documentos, que yo les hago el trámite".

Lejos de enojarse, él pone cara de sí, es cierto y admite que "siempre quise aparentar menos y lucir bien, por una cuestión de venganza: cuando yo era muchacho, vi por Corrientes a un galán de la compañía de Camila Quiroga que caminaba elegantísimo con sombrero, paraguas y perramus. El ganaba 1.000 pesos, cuando el sueldo del presidente era de 600. Y yo, por esa época, le pagaba a mi sastre una cuota mensual de 10 para tener a fin de año un traje por 120. Me hacía uno azul, uno gris, uno marrón, y al cuarto año, un sobretodo... Y siempre dije que, cuando pudiera, iba a vestirme como ese galán. Y aquí me ven". Claro que entre aquel jovencito que fue y este luchador que es pasó mucha agua bajo el puente.

Ross: Osvaldo tiene dos cosas maravillosas. Bah, tiene varias, pero me gusta todo lo que dice y todo lo que calla. Y el hecho de que no se la crea.

Miranda: Nunca me engrupió el éxito. Y eso que hice Mi cuñado, Tropicana Club, Boeing Boeing. A 14 años de mi retiro la gente me grita "maestro, ídolo". Pero también, el otro día, el florista me preguntó: "¿Qué pasa viejo, no laburás más?". A esos son los que hay que escuchar. Si hay gente que no sabe ni quién es uno.

Ross: Dale Osvaldito, no exageres.

Miranda: De verdad, te juro. Ayer, por la calle, un tipo me dijo "chau, Soriano".

Marilina le festeja todas las salidas. Es más, le da los pies para que se explaye con su repertorio. Y en la primera de cambio, el dandy le desparrama un piropo arriba del otro. "Esta ni sabe lo talentosa que es como actriz, le pasa el trapo a cualquiera. Cuando hacía Cosa juzgada yo le decía que era la más importante del elenco, y nunca me quiso creer. Es tan humilde como brillante. De todo lo que vi en mi vida, me quedo con tres grandes escenas: una de Pedro López Lagar, a Duilio Marzio haciendo de Borges y el monólogo de ella en La Raulito, que le abrió las puertas de España. Pero, bueno, ahora canta".

Ross: Vos no hables, que empezaste como cantante de tango.

Miranda: Sí, y así me fue. Una vez éramos dos cantores en un lugar. Yo cantaba dos tangos y él dos; él tres, yo dos; él cuatro, yo dos; 5 a 2, 6 a 2... me fui. Qué querés, el otro era Ángel Vargas.

Ross: ¡Gracias Ángel! Porque así te metiste en la atuación.

Miranda: En la actuación empecé de chiquito. Estaba en primero atrasado (una especie de segundo grado) y la maestra dijo que el que tuviera traje de gaucho recitaba a fin de año el verso del mate. "Yo tengo, señorita", le mandé. Y me aprendí de memoria eso de hoy la moda está por el té y el pobre mate se ve arrumbado en un rincón. La llamaron a mi mamá por el traje y mi mamá dijo "¿qué traje?". Pero me tuvieron que poner, porque era el único que sabía el versito....

Ross: Ah, ¿lo dijiste igual?

Miranda: De guardapolvito, pero lo dije.

Mientras su eterna cara angelical le hace frente al paso del tiempo, ella asegura que "así como nos divertimos ahora, lo hacíamos cuando estábamos en la tele. Esa fue la clave del éxito: había un clima de disfrute increíble. En mi casa yo era seriecita, pero llegaba al canal y me transformaba. Como si el papel de Margarita se me metiera en el cuerpo, hacía lío, inventaba historias ridículas para sostener mis llegadas tardes, me tentaba cada dos por tres. La alegría que teníamos y la química entre los tres (el tercero era Joe Rígoli, el novio de la nena) fue lo que trascendió. Y eso que yo estaba pasada de trabajo, porque hacía Cosa juzgada, cine y teatro. No me quería perder nada".

Pero un día de 1970, los dos coincidieron en proponer un final. A ella no le daban los tiempos. Y él es de los que piensan que "hay que bajarse antes de que la gente diga por fin. Mejor es que diga qué lástima". Y 26 años después hubo una remake con otros actores, pero no fue lo mismo.

De la versión moderna no opinan. Opinan de aquellos días sesentistas, en los que, seguramente, no imaginaban terminar 35 años después recordando viejas épocas. Con un tazón de té y un riquísimo budín de pan que preparó Marta (la empleada de don Osvaldo). Con mucha historia vivida. Con un reencuentro sobre tablas y un cariño a prueba de balas.

Él dice de ella

"En primer lugar, Marilina es la hija que nunca tuve. La adopté de entrada. Digamos que me compró. Con Amelia —su mujer, que murió en julio— siempre la sentimos como de la familia, porque tiene todo para quererla. Es buena, íntegra, laburadora, divertida, comprometida, tenaz, eficiente, generosa... De ella valoro el tesón: no se amilana ante nadie por nada del mundo. Se le presenta un obstáculo y sigue, tropieza y sigue, es frontal, no tiene miedo.

Algunas veces quizás no compartimos una idea, pero ella si cree en eso y lo pelea con fuertes convicciones hasta conseguir lo que busca, cueste lo que cueste. La admiro profundamente a esta nena. Además, abre el juego de los afectos. El otro día, su hermano Enrique, que casi no me conoce, me invitó a comer afuera y la pasamos bárbaro: comimos bien, tomamos mejor y después algún vivo nos movió la vereda".

Ella dice de él

"Es mi gran maestro, en todo sentido. Ojo: jamás me dio cátedra ni me pasó recetas de vida, sino que me permitió aprender directamente desde su ejemplo. La mera observación me sirvió para elegir caminos. Cuando nos conocimos, yo era muy joven e inexperta, por lo que tomé de Osvaldo el respeto por la profesión, la elegancia del decir, el trato con todos los compañeros, desde el máximo protagonista al último tiracable. Con todos es igual. Con él entendí que no hace falta recurrir a frases o cosas soeces para hacer reir. Tiene todo un estilo. Básicamente, me inculcó el buen gusto fuera y dentro del trabajo. Y en lo personal, descubrí que es un ser muy entrañable, un referente afectivo muy fuerte para mí. Ya desde el vamos, allá en los 60, noté que tenía pasta de buen tipo. Y nunca me falló. Jamás. Si pudiera, lo tendría siempre a mano en mi mesita de luz".

Pasado

JUNTOS. Más allá de que se habían cruzado en El show de Rambler (1963), su vínculo fuerte nació junto con La nena (iba los sábados a las 21, por Canal 13). El entonces gerente de programación, Jorge Ignacio Vaillant, importó de los Estados Unidos la idea de la telecomedia familiar, que giraba en torno a un padre amiguero (Osvaldo Miranda), que se enloquecía con las aventuras de su hija Margarita (Marilina Ross). El tercero en discordia era Coquito (Joe Rígoli), que se sumó al elenco por sugerencia de Miranda: "Dije que llamaran a ese que tiene cara de salame... El que trabaja con Juan Carlos Thorry". Con dirección de María Inés Andrés y libretos de Salvador Ottobre —y agregados de don Osvaldo—, por el ciclo pasaron invitados como Ringo Bonavena, Carlos Perciavalle y Antonio Gasalla, entre otros.

Futuro

MARILINA ROSS. Organiza una gira por el interior para presentar su espectáculo musical Por arte de magia, que quizás también vuelva a montarlo en Buenos Aires (ya lo hizo en el Avenida). De la mano de varios artistas, en sus shows interpreta los temas de su último disco, Más que un sueño, en el que participan Sandra Mihanovich, Alberto Cortéz, Eladia Blázquez y recita Norma Aleandro. En febrero, Marilina cantará en la casa de Carlos Perciavalle, en Punta del Este.

OSVALDO MIRANDA. Aspira a ser el nuevo Presidente de la Asociación Argentina de Actores. Para las elecciones del lunes 27, va a la cabeza de la lista roja, que también integran Susana Rinaldi, Oscar Ferrigno y Aurora del Mar, entre otros. "Uno de mis objetivos principales pasa por salvar la obra social", promete el hombre.


Estoy orgullosa de no estar en cierta televisión

Jueves 29 de enero de 2004 – Revista Veintitrés

MARILINA ROSS, SU INTENSA VIDA Y SU FUGAZ REGRESO A LA PANTALLA CHICA CON PIEL NARANJA

“Estoy orgullosa de no estar en cierta televisión”

Hizo historia en TV con La Nena y en cine con La Raulito. Acompañó a Perón en su retorno de España. Sufrió censura y exilio. Se refugió en la música. Adora a Migré y sólo por él vuelve brevemente a una tele que ya no le gusta.



Por: JOSEFINA LICITRA

Marilina Ross no volvió del infarto. En mayo de 2002, un síncope y una angioplastia hicieron de Marilina otra mujer. Ya no canta (dice que le falta el aire, pero en realidad no tiene ganas), ya no actúa (buena parte de la televisión le desagrada) y pasa los días en su casa de Palermo Hollywood: una construcción antigua que conserva el aire verdadero que Palermo Hollywood le quitó a las cosas. Compró esta casa cuando estaba enamorada.

- Es hermosa, lástima la separación. Cuando es uno el que se queda, quedan también los recuerdos-, dice con la voz seca y reposada.

A Marilina le sobran recuerdos. Sólo por citar los que son públicos, está su protagónico en La nena (la telecomedia que, en los ’60, transformó su cara de ángel en un ícono de la televisión); su participación en Cosa Juzgada (una representación de casos policiales reales, hecha por el grupo Gente de Teatro de David Stivel); su composición en La Raulito, su exilio, su regreso, sus nueve discos. En el medio también está Piel naranja, el novelón que hizo con Arnaldo André en 1975, y que terminó hace dos décadas con un final que hizo llorar al país: Clara (Ross) y Juan Manuel (André) habían sido asesinados por el marido de ella.

Ahora, Alberto Migré decidió resucitar a Juan Manuel y hacer Piel naranja, años después: una continuación de cuatro capítulos, producida por Cuatro Cabezas, que termina el próximo sábado y que cuenta con una única aparición de Marilina Ross en televisión.

- Se supone que era una sorpresa para el público, pero Clarín habló de más. La vuelta de tuerca que le encontró Migré es muy linda y sorpresiva.

- En Piel Naranja hay una ganadora de reality. ¿Qué piensa de los programas como Lux Star, que son semilleros de “artistas”?

-¿Artistas? ¡Un artista es otra cosa! Si querés hacer un trabajo digno tenés que estudiar mucho y tener los ojos muy abiertos en la vida, para luego poder pintarla.

- ¿Y cómo espectadora, le gusta esta nueva Piel Naranja?

- Me encanta, adoro a Migré. Es más: también me tragué Piel naranja, el original, hace dos años por Volver. Felizmente, mi mala memoria hace que me hubiera olvidado todo.

Marilina y Arnaldo André, en Piel Naranja versión 1975

Todo lo que no está en su memoria, está en sus carpetas. Las fans le regalan biblioratos llenos de recortes: fotos viejas, notas adulonas, producciones estilo Caras en versión años ’60: “Marilina Ross y Emilio Alfaro (su marido de entonces) disfrutan del esquí en el Tigre”. Marilina hojea las notas y se ríe: una risa como una tos suave.

- ¿Vive de recuerdos?

- No, porque no me alcanzaría la vida. Ahora vivo el aquí y ahora. Leo a Osho.

- ¿Y eso qué quiere decir?

- Que busco las respuestas en mí. También leo a Chopra y a Krishnamurti… No es de ahora: empecé en los ‘70. Buscaba en los libros lo que no encontré en la política: justicia social. Pero después vino el Proceso y empecé a preguntarme si la respuesta había que buscarla afuera o adentro, en cada uno.

- ¿Entonces ya dejó de ser peronista?

- Nooo, menos ahora. Me gusta lo que está pasando con Kirchner. En todo América Latina estamos viviendo un momento histórico en el que podrían cumplirse muchos de los deseos del General.

- ¿Es cierto que estuvo en chárter que lo trajo de regreso?

- Sí. Yo estaba haciendo teatro, me disloqué un hombro y me enyesaron. Se suspendió la obra. Ahí supe que buscaban gente de la cultura que pudiera ir. Y dije: “Yo puedo. Total, con este yeso imposible trabajar.”

- ¿Qué sintió dentro del avión?

- Que estaba metida en la tapa de un cuaderno Rivadavia. Era testigo de un hecho histórico. Yo soñaba con la vuelta de Perón. Pensaba que era la solución de todo. El pasaje me lo pagué yo, porque nunca pertenecí a ninguna cosa orgánica. Yo, por ejemplo, hacía trabajo en villas, pero no adoctrinamiento. Era hacer arte, darles lo que ni ellos sabían que existía. En los ’70, los artistas éramos muy molestos para ciertos grupos.

- ¿De cuántas maneras le manifestaron que usted era molesta?

- Me prohibieron. Los programas, de golpe, me dejaban afuera sin explicaciones. “No vengas porque se rompió una cámara”, esas excusas. No me podían nombrar. Finalmente me llegó un papelito, como a tanta gente, que decía: “O abandonan el país o serán ejecutados en el lugar donde se los encuentre”.

"Una terapeuta me contó que logró sacar a un pibe del autismo con una frase de Puerto Pollensa: 'Pánico porque me rechazarás'. Eso es eterno, es lo que más feliz me hace"

A pesar de las amenazas, Marilina hizo La Raulito en 1974 y recién se fue a España en 1976. Allá, por esa película, recibió el Fotogramas de Plata a mejor protagónico: un premio que disputó con Jack Nicholson, Al Pacino, Liv Ullman y Dustin Hoffman. La Raulito le abrió las puertas del cine en Europa: hizo cuatro películas, pudo haber hecho carrera. Pero no. Ella sentía que se moría.

- Entre morirme allá de pena y morirme acá a balazos, preferí morirme acá. Era llanto tras llanto, así que en el ’81 volví y dije: “Que sea lo que Dios quiera. Si sobreviví a La Raulito, bien puedo sobrevivir a esto.”

- ¿Por qué “sobrevivió” a La Raulito?

- Porque la filmé en las calles de Buenos Aires amenazada de muerte. Fueron dos meses de rodaje en los que no me reconocía ni mi madre.

- ¿Fuera del rodaje usted seguía con el personaje?

- Sí. Mi analista me llegó a preguntar cuánto faltaba para terminar la filmación. Si entraba a un bar a buscar un sándwich para comer, me gritaban: “¡Roñoso, rajá de acá!”. No podía ir ni al baño, no me paraban los taxis. Una vez estaba sentada en un umbral, esperando para que me filmaran, y salió un portero y me dio una patada en el culo. Es increíble cómo pasé de ser Marilina Ross, una privilegiada a la que le decían “pase por acá”, a ser nadie. Y sólo por estar sucia y mal vestida.

- ¿Y por qué no se bañaba después de grabar?

- Porque quería ser La Raulito las 24 horas. En esa época tenía un novio que estaba furioso. El pobre no sabía qué hacer conmigo. No podía dormir en la almohada de plumas y me quedaba dormida en los umbrales. Un horror. Mi compañero hasta me puso un sobrenombre: El Sore.

- ¿Ahora tiene novedades de la Raulito original?

- Todo el tiempo. En su cumpleaños le llevo una torta con los jugadores de Boca. Más de una vez ella me dio ánimo a mí.

- ¿Cuándo fue la última?

- Cuando pasó lo del corazón. Y el día que murió mi madre cayó en casa por primera vez, de casualidad. No sabía que mi mamá estaba mal. Cuando llegó, yo acababa de venir de la Chacarita.

Su padre, Enrique Parrondo, fue mozo. Su madre, Jesusa Lazaun Ross, fue ama de casa y la responsable de que Marilina se dedicara al arte. A los ocho años la llevó a clases de actuación: desde entonces estuvo en la compañía de Luisa Vehil, integró el grupo Gente de Teatro de Stivel, y se transformó en joven celebridad con La nena.


Con Osvaldo Miranda, en La nena.

- Todas las notas de los ’60 tienen el título “Ya no soy una nena”. ¿Estaba harta del personaje?

- Muy harta. La nena se levantó por mí. Al quinto año dije: “No lo hago más”, y eso que tenía contrato por diez años. Largué en pleno éxito, con cuarenta puntos de rating. Hasta me ofrecían el doble de plata, pero yo no quería morirme siendo “la nena”.

- ¿Cómo vivió la aparición de las primeras arrugas?

- Con felicidad. Yo nunca podía hacer personajes de mi edad, que tuvieran que ver con mi pensamiento. En algún momento la vejez me dio mucho miedo, pero no ahora. No me siento una señora de sesenta. Me siento muy vital, aún cuando pasé por momentos de mucha angustia, sobre todo después del infarto.

- ¿La angustió enterarse de que a usted también le va a llegar…?

-Eso por un lado. Y por otro, la limitación de la libertad. Siempre hice lo que quise y ahora no puedo. Tengo que estar cuidándome de todo. Yo adoraba el jamón crudo y nunca más pude comerlo, tampoco milanesas, que era mi plato preferido. Y encima este enfisema que me trae conflictos porque ahora no me da el aire…

- ¿Por eso desde hace tres años que no saca un disco?

-Sí. No creo que saque más discos ni que componga más. No tengo nada nuevo para decir. Ahora me voy a dedicar a hacer videos. O quizás vuelva a actuar… lo que no quiero es estar en televisión sólo por estar ahí. Es más: estoy orgullosa de no estar en cierta televisión, con tantos programas de chimentos y poco espacio para los actores.


Y como La Raulito.

-¿Qué cosas suyas cree que quedaron en la gente?

-La Raulito va a quedar. Puerto Pollensa también. Una terapeuta me contó que logró sacar a un pibe del autismo con una frase de Puerto Pollensa: “Pánico por que me rechazaras”. Y eso es eterno, es lo que más feliz me hace.

-Muchas lesbianas tomaron esa canción como una bandera personal. ¿Qué le parece?

-Odio que sea una bandera, porque eso sería una limitación. Puerto Pollensa habla de amor. Nunca pretendió ser un emblema gay. Es sólo un tema que habla de mi historia, porque me enamoré en Puerto Pollensa, en Palma de Mayorca. Todos mis temas siempre hablaron de mí, de cosas que me marcaron con fuego.

-¿Alguna vez hizo una canción contando lo del chárter?

-No. Lo más cercano es “La chacarera del Nunca más”, que retoma muchas ideas del General. Me acuerdo que me dieron una medallita de recuerdo por haber participado del chárter. Y yo encima la perdí, en un programa de Badía: me robaron una bolsa con mis recuerdos más valiosos.

-¿Qué más había en la bolsa?

-Un cuaderno escrito por la Raulito, de puño y letra. La foto de Luisa Vehil, que me dedicó cuando yo tenía 17 años, cuando recién empezaba, hablando de que yo tenía futuro. El libro de Carlos Mugica, una foto de Evita, el I-ching que me traje de España… Pero bueno. El I-ching era fácil de reponer.

Entrevista a Marilina Ross - Primera parte

21 de febrero de 2004 - Leedor.com

Marilina Ross En el Leedor.com

Repasando su vida artística en Argentina y España, en el Cine y la TV, Fernando Varea entrevista a la actriz y cantante Marilina Ross a propósito del próximo estreno del film argentino Manekenk .



Marilina Ross

Por: FERNANDO VAREA

Desde Tita Merello o Libertad Lamarque hasta Soledad, Natalia Oreiro o Leticia Brédice, muchos son los ejemplos –en la historia del espectáculo en nuestro país- de figuras femeninas que alternaron la canción y la actuación.

El caso de Marilina Ross, sin embargo, es particularmente curioso: después de haber probado sobradamente su talento como actriz, de haber conseguido la aprobación del público y de los críticos, de concretar proyectos ambiciosos y personales, e incluso de trascender fuera de nuestro país, decidió desarrollar exclusivamente su vocación de cantautora.

Atrás quedaba una agitada trayectoria en televisión (exitosos programas como "Yo soy porteño", "La nena" y "Piel naranja" debieron buena parte de su repercusión al carisma y la calidad de la actriz) y en teatro (en lo que va de su debut profesional junto a Luisa Vehil en "Ana de los milagros", en 1961, hasta "El gran soñador", con Luis Fischer Quintana, en 1976), incluyendo una recordada incursión en el café concert (el unipersonal "Solita y sola", en 1972). Quedaban, también, sus notables participaciones secundarias en varias películas de los años sesenta, en Los herederos (por la que fue premiada por la Asociación de Cronistas Cinematográficos) y en La tregua (por la que también fue ternada, aunque el enrarecido clima político en 1974 impidió que los premios llegaran a conocerse), y, definitivamente, su consagración como protagonista de La Raulito (por la que fue premiada en España y en los festivales de Panamá y de Cartagena).

Cuando la justicia autorizó el estreno de Piedra libre (después de haber sido prohibida apenas instaurada la dictadura militar), Marilina Ross ya estaba en España, donde profesionalmente se le abrían puertas, mientras aquí se le cerraban. En aquél país realizó un par de programas especiales de TV, una versión teatral de "Panorama desde el puente", y filmó seis películas: la primera, haciendo una "participación especial", cumpliendo el rol femenino más importante; las otras, como protagonista. Por esos trabajos recibió premios y estímulos diversos: una escena suya en Al servicio de la mujer española, por ejemplo, fue la única aplaudida durante el Festival de San Sebastián de 1978. En un reportaje de esos años, declaraba: "Mi objetivo en la vida es ser actriz. Es lo que creo que hago mejor en esta vida". De vuelta en nuestro país tras casi cinco años de forzoso y dolorido alejamiento, en 1981 pudo participar de la obra de Tadeuz Rozewicz "Boda blanca", pero sufrió amenazas, mientras seguía imposibilitada de trabajar en cine y televisión. Presentándose como cantante en pequeños reductos pudo ponerse en contacto con el público. Cuando retornó la democracia, el éxito obtenido con sus canciones la llevó, decididamente, a desviar su carrera al terreno de la música. Recién en 1998 aceptó volver a trabajar como actriz en un programa especial de TV dirigido por Alejandro Doria, y otra vez fue general el entusiasmo del periodismo especializado al juzgar su labor. Después se sumaron otras esporádicas incursiones en la actuación (por ejemplo en radioteatros).

Con Manekenk retorna al cine, de la mano del documentalista Juan Schröeder.





ENTREVISTA A MARILINA ROSS

Por: Fernando Varea

- En los años 60 cumpliste roles secundarios con directores importantes: Ayala, Torre Nilsson, Lucas Demare, el español Luis García Berlanga. Me gustaría saber qué recuerdos conservás sobre todo de Ayala, con quien filmaste dos películas, y de la experiencia de "Las pirañas" con García Berlanga.

- Con Ayala fue mi primer trabajo con responsabilidad, la película Primero yo, la primera difícil. Aunque la primera en realidad fue El televisor, era un personaje que estaba muy cercano a mí, una piba adolescente divertida, digamos que tenía mucho más que ver conmigo en ese momento. Pero lo de Primero yo, que era toda una complejidad de personajes y de relaciones, violación de por medio (hasta entonces yo no había mostrado más que una sonrisa)... Me daba muchísima vergüenza esa escena con Alberto de Mendoza. Fue lo primero difícil que me tocó hacer en cine, pero de su mano fue bastante más fácil, porque era un tipo muy cálido, muy "padrazo". Y conmigo más, porque yo era una niña casi.

- ¿Y de García Berlanga?

- Con García Berlanga no fue muy placentero porque él no estaba nada bien. A él no le gustaba, estaba muy descontento con toda la producción argentina, muy descontento. Se lo veía que no tenía ganas de hacerlo, que cumplía. Y eso yo lo vi de entrada. Entonces era difícil. Te digo: en una escena, en el doblaje, él se dormía, le daba igual... (imitándolo) "Bueno, venga, ya, ya ¿ya está? Ya está, venga, la próxima" (se ríe)

- ¿Volviste a verlo cuando estuviste en España?

- Lo vi en España, sí. Pero en un bar, así nomás nos saludamos, no mucho más.

- En esos años tenía mucho éxito "La nena" ¿nunca se pensó en llevarla al cine?

- Y sí, de hecho se hizo. Como yo dije que no, se armó un lío (se ríe)... Tuvieron que hacerlo con otra actriz, y ya pasó a llamarse de otra manera, y se encontraron con muchos líos porque yo no quería hacer "La nena" para toda la vida. No quería quedarme en eso.

- Justamente, finalizando la década, comienza el trabajo con Gente de Teatro. La experiencia en cine con el grupo, "Los herederos" ¿te dejó conforme?

- Y claro, porque eso fue distinto, porque a partir que formamos el grupo Gente de Teatro éramos nosotros mismos los productores, los que elegíamos todo: qué hacer, con quién, cuándo y con qué producción... Teníamos reuniones de grupo, éramos nuestra propia productora. Sí, sí, además se trabajaba muy bien porque compartíamos todo, prácticamente convivíamos, nos llevábamos muy bien todos.

- Justamente, hablando de que compartían tantas cosas e incluso tenían objetivos comunes...

- Matrimonios inclusive...

- Claro... Digo: en materia política, en una época donde se discutía mucho de política ¿no había discusiones fuertes entre ustedes?

- Se hablaba de política, por supuesto, había distintas opiniones también, pero se respetaban. De hecho, en el fondo, el objetivo era el mismo. Tal vez, como siempre, eran distintas maneras para llegar al mismo objetivo, ésas eran las diferencias. Pero buscábamos todos... no sé, una... una justicia un poquito más grande... Justicia social, me refiero.




- Con respecto al padre Carlos Mugica, de quien fuiste amiga, me gustaría saber si le gustaba el cine, si había visto alguna de tus películas, si tenía predilección por alguna de tus canciones...

- Cuando se iba de la villa, lo que le gustaba mucho era jugar al tenis. Jugaba muy bien al tenis y al fútbol. No mucho más te digo, no recuerdo haber hablado de ... (piensa) No era un cinéfilo, para nada. No...

- ¿Y de lo que cantabas?

- Yo en aquél momento no cantaba prácticamente.

- Cuando ibas a cantar a la villa, digo.

- Claro, pero eran canciones relativas al momento político, y yo iba con un grupo, que se llamaba la José Podestá, pero es como otra cosa porque eso lo hacíamos en los sindicatos, en las calles, en cualquier lado, y a la villa de Mugica fuimos una vez, nada más. Mi amistad con Carlos iba por otro lado. Yo iba a estar allí porque quería estar cerca de la gente.

- La pregunta que te voy a hacer a lo mejor te va a traer un mal recuerdo: cuando murió él ¿cómo te enteraste?

- (La expresión de su cara demuestra que, efectivamente, le trajo un mal recuerdo) Por televisión... Estaba viendo televisión y de repente escucho "Acribillaron a Carlos Mugica", y que estaba en el hospital Santoyani. Todo lo que recuerdo es que me levanté, paré el primer taxi y dije "Al hospital Santoyani", que no tenía ni idea de dónde quedaba... De allí ya no me acuerdo más nada. Me contaron los demás qué hice, con quién estuve, porque se me borró todo. Fue tal el shock... Me contaron los demás que me vieron parada en la esquina llorando no sé cuánto tiempo...

- Hace relativamente poco, cuando te preguntaron qué quedaba del peronismo de los años 73/74, dijiste "Creo que ya no queda nada. Las películas de Favio quedan, y no mucho más" (1). Me llamó la atención que destacaras algo cinematográfico.

- No me refería a "las películas", me refería a esta última producción de Favio sobre el peronismo, Perón, sinfonía del sentimiento, que no pudo llegar a la gente, mirá qué curioso. Preguntémonos todos por qué.

- ¿Cómo ha sido tu relación con Favio, tu amistad con él?

- No tengo, no somos amigos. Sí somos cordiales compañeros, pero no particularmente amigos.

- ¿Nunca te propuso participar en alguna de sus películas?

- No, no... Compartimos el charter, eso sí.

- Un recuerdo de dos películas que estuvieron prohibidas: "Ufa con el sexo" y "Los años infames".

- De Los años infames lo gracioso, lo tragicómico digamos, es que le mandaron al director, (Alejandro) Doria, que esa película no se podía estrenar mientras estuviera yo, y otros... (confirma) no, pero yo... Entonces, como la producción dijo "La estrenamos igual, la tenemos que estrenar", recortaron mi personaje, lo sacaron de toda la película y dejó de existir directamente, y se estrenó. Cosa bastante loca...


- El trabajo de los actores en "La tregua" fue unánimemente elogiado. ¿Cómo trabajó Renán para lograr justamente esos resultados?

- Ensayamos, ensayamos como si fuera teatro. Pero ensayamos antes de empezar a filmar, y ya teníamos mucho conocimiento de cómo iban a ser las escenas. Nada quedó librado al azar. Te diría que hubo ajustes de acuerdo a los decorados, pero nos sabíamos muy bien todos lo que íbamos a hacer.


Notas

(1) "-¿Compartís algo, todavía, con quienes fueron tus compañeros de lucha de otra época; como los que te acompañaron en el famoso charter que trajo a Perón en el 73? - En primer lugar, quedan pocos vivos. Además, era tan surtido aquél peronismo al que yo aposté... que creo que ya no queda nada. Las películas de Favio, quedan; y no mucho más" (Clarín, 7/8/2002)

Fuente: Leedor.com

continúa en la Segunda Parte.

Marilina Ross y Osvaldo Miranda en "La Nena"

"La nena", pionera

Miércoles 25 de mayo de 2005 - La Nación

"La nena", pionera


Por: MARCELO STILETANO

Ahora que parece afirmarse una suerte de "sitcom a la argentina", versión local de la clásica comedia de situaciones que reina como género en Estados Unidos y poco menos que identifica a la ficción en la TV más poderosa del mundo, no está de más retroceder en el tiempo y recordar que cuatro décadas atrás, nuestra pantalla chica llevó adelante en este terreno un modelo que para muchos todavía es insuperable y es capaz de resistir a la perfección el paso de los años.

Nacida en 1965 por iniciativa de Jorge Ignacio Vaillant, uno de los "cubanos" de aquella camada encabezada por Goar Mestre que ayudó a definir la identidad de Canal 13, "La nena" se convirtió en un verdadero ejemplo de sitcom made in Argentina, muchísimo tiempo antes de que algunos "descubrieran" el género entre nosotros gracias al éxito de la versión local de "La niñera" y a las adaptaciones de "Casados con hijos" y "Quién es el jefe".

El canal Volver, en los últimos años, se encargó de recuperar en parte aquella comedia en la que Osvaldo Miranda encarnaba a Jerónimo Reyes, el sufrido padre de Margarita, la "nena" en cuestión, resuelta a hacerle la vida imposible con la inocencia y el desparpajo que entregaba el fresco rostro de Marilina Ross. El triángulo protagónico se cerraba con el candoroso Coquito, logradísima composición de un Joe Rígoli perfecto.

"Cada libro se preparaba con dos semanas de anticipación. Ensayábamos tres días y producíamos otros tantos para un programa de media hora." Así describía en el libro "Estamos en el aire" María Inés Andrés, productora y directora del ciclo, el proceso de elaboración de cada episodio de "La nena", en donde también dejaban su invalorable aporte veteranos como Lalo Hartich y Amalia Bernabé.

A fuerza de personajes al cual más tierno y entrañable, con un exacto timing para el remate humorístico y situaciones que apostaban a la inteligencia y el humor transparente -remedios ideales para combatir cualquier ataque de ordinariez o vulgaridad- "La nena" quedó en la historia como uno de los programas más mencionados por todos quienes se animan a revisar lo mejor de nuestra historia televisiva.


* * *

Que quede claro: "La niñera" fue una producción de alto nivel entre las comedias televisivas de los últimos tiempos y abrió la puerta para la posibilidad de creer en una mirada propia y local para el "modelo sitcom", hoy continuado con "Casados con hijos" y "Quién es el jefe", menores en valía, pero con el favor del público intacto en el rating.

Pero todos están todavía lejos de "La nena", cuyos responsables decidieron, cinco años después del debut y cuando todavía gozaban de una popularidad indiscutida, encarar la despedida para evitar, como dijo una vez Miranda, todo desgaste innecesario. "Es preferible -recuerda el actor en una cita recogida en el libro «TV manía», de Luis María Hermida y Valeria Satas- que la gente diga: «¡Qué lástima que terminó!» y no «¡por fin se acabó ese programa!»." Esta frase debe haberse escuchado muy seguido cuando Canal 9, en los años 90, ensayó una muy floja remake, con Rodolfo Ranni y Valeria Britos, de un ciclo que sigue dejando en la memoria de quienes lo vieron el más grato de los recuerdos.


Fuente: La Nación