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Marilina Ross estará en el homenaje a "La Tregua"

Miércoles 10 de marzo de 2004 - La Capital

Marilina Ross estará en el homenaje a "La tregua"

La actriz y cantautora ratificó que estará presente en el Festival de Cine en el tributo al filme de Sergio Renán. Además, analizó su carrera y su relación con Mar del Plata.

Por: GABRIEL IMPARATO

Son casi las cuatro de la mañana del domingo y atrás quedó el concierto especial que la intérprete brindó en "El Condado" para celebrar su cumple número 61 con sus fans, una celebración que arrancó casi con los mismos bloopers de sonido que Charly en Cosquín, aunque con distinto desenlace. Ubicada en su camarín y con excelente predisposición, la actriz intuye el motivo de la nota, y confirma que estará en Mar del Plata cuando el lunes 15 de marzo se rinda tributo especial a "La tregua", uno de los más esperados homenajes en el Festival Internacional de Cine.

-En el próximo Festival de cine se le va a rendir homenaje al filme "La tregua". ¿Cómo recordás aquella película?

-Sí, tal cual, voy a estar, voy a ir a Mar del Plata. El momento de aquella película fue hermoso, fue un "festival" de actuaciones, ves lo que es el trabajo... Nosotros ensayamos esa película como si fuera para teatro, la ensayamos fuera de los sets y decorados, después nos adaptábamos un poquito a la realidad del ámbito nuevo, pero nosotros por dentro sabíamos todo lo que nos estaba pasando. Es un grado de conciencia distinta, antes se trabajaba de otra manera, el trabajo del actor pasa por otros lados, no es una linda cara y un buen tono una cosa sorprendente. Es otra cosa.

-En su momento "La tregua" peleó por el Oscar...

-Y sí, fue muy fuerte, no sé si teníamos expectativas de ganar, supongo que Sergio (Renán) más que nada, el hacedor de eso fue él, nosotros fuimos sus títeres.

-Tu personaje no era protagónico pero resultó muy querido y entrañable.

-Un papel muy lindo, lo recuerdo con mucho cariño. La escena con la Picchio es maravillosa, y la escena con los recuerdos de la madre muerta en el desván con Héctor Alterio, son dos escenas muy lindas.

-Vas a Mar del Plata donde se almacenan excelentes momentos de tu trabajo...

-Tengo el recuerdo más bello, que es cuando estrené "Soles". Lo hice aquí en Capital y después lo monté para hacerlo todos los días en el teatro Diagonal; estuve todo el verano, día tras día con los dedos quebrados, enyesada la mano, y seguíamos con infinidad de público en cada función. Fue algo bellísimo.

Lo musical

-Después de un fuerte problema de salud, volviste con un show de cumpleaños, que, para variar, tuvo alguna sorpresa en el audio. ¿Siempre emociones fuertes, no?

-Sí, como las que pasé en el comienzo, no te puedo contar, pero bueno, en esto hay que sobreponerse, la vida es una carrera de obstáculos y siempre te ponen el palito un poquito más arriba, tenés que saltar cada vez más alto. La vida creo que es eso. Este show fue muy lindo, casi como una carrera de obstáculos pero pudimos llegar felices todos.

-¿Este concierto marca tu retorno a la música?

-En Capital, pero en la provincia estuve haciendo conciertos. Ahora voy a Santa Fe, por ejemplo. Lo que pasa es que no trasciende pero estoy haciendo conciertos.

-¿En lo discográfico tenés algo preparado en carpeta?

-No, eso no, no tengo ni el proyecto ni las ganas ni canciones compuestas, ni nada. Creo que no habrá más discos.

-¿Qué cosa te llama la atención de tu carrera sobre los nuevos espectadores?

-Bueno, me sorprendió mucho cuando fui a ver a Leo García que con su público de quince años cante mis canciones con arreglos nuevos. Me sorprendió muchísimo, sobre todo cuando Leo me dijo que Spinetta y yo éramos sus referentes, dije "¿qué está diciendo?". Sé que viene incluyendo temas míos en sus shows y ahora va a grabar alguno... una cosa así me alucina.
Cuando veo que chicos muy jovencitos saben mis canciones, como la primera que compuse, "Estado de ánimo" es en verdad emocionante y muy fuerte.

-¿Cómo viviste el reencuentro con la TV en este miniretorno de "Piel Naranja"?

-Muy contenta por reencontrarme con Alberto (Migré), con sus temas, sus libros y sus historias, que siempre me apasionan.
Pero poco feliz por cómo se trabaja hoy en día, y no lo digo por la gente con la que trabajé sino por el estilo y la forma que tiene la tevé actual, o será que yo no estoy muy acostumbrada a trabajar así, es todo como muy frío, muy distante de la emoción, muy mecánico y cortado, no te da tiempo a meterte en nada.


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota.

Marilina y Arnaldo André en la tapa de la Revista TV Guía

Marilina y Arnaldo André en la tapa de la Revista TV Guía del 20 al 26 de Agosto de 1975, publicitando la telenovela "Piel Naranja".




Muchas Gracias Aníbal por esta imagen.

Piel Naranja años después...

“Piel Naranja años después...” es la continuación de la clásica telenovela “Piel naranja”, emitida por Canal 13 en 1975. La realización de esta saga tuvo lugar en el marco del reality show “Ser una estrella Luxstar”, auspiciado por la marca de jabón, en el cual se seleccionaba un actor o actriz entre los concursantes, que luego tendría un papel protagónico en una tira del Canal, junto a figuras de primer nivel. La ganadora fue Carla Pandolfi, tras haber sido seleccionada por un jurado que, entre otros, integraba el propio Alberto Migré. Para este rodaje se contó entre el elenco estable, con algunas figuras que participaron de la telenovela original, entre ellos cabe mencionar a Arnaldo André, Pablo Codevila y China Zorrilla. Los actores que especialmente se sumaron a la propuesta fueron Leonor Benedetto y Diego Olivera.
Esta saga retoma el trágico final de la telenovela original en que Juan Manuel Alinari y Clara Romero son asesinados por Joaquín Salazbau, que muere de un infarto minutos después. Sin embargo, Juan Manuel no murió, sino que pudo sobrevivir a la tragedia. Pero jamás superó los impactantes recuerdos de su amor por Clara y la amenaza que implicaba el fantasma de Joaquín.
Luego de 28 años, Juan Manuel es dueño de uno de los mejores viveros de la zona de Escobar, llamado significativamente “Rohaihú”. Allí, él trata de aislarse ya que descree de sus posibilidades de enamorarse de otra mujer que no sea Clara, cuya imagen lo atormenta diariamente. Sin embargo, intenta una extraña pero intensa historia de amor con su vecina Serena Santamarina, quien trata de superar el dolor de la muerte de su esposo, el millonario Amílcar Sandoval. Pero Facundo “El Potro” (hijo de su ex marido) regresa de París junto a su mujer y se interpondrá al encuentro de Serena y Juan Manuel.
Entretanto, Doña Elena, madre de Clara, busca al ex amante de su hija ya que le reprocha el haberla hecho embarcar en una aventura que le costó la vida e intentará vengarse utilizando a Serena como instrumento.
En el último episodio, de los 4 que se emitieron, estuvo presente Marilina Ross, quien junto a Arnaldo André protagonizó la historia original. Éste contó con innumerables flashbacks que interpolaban el presente de Juan Manuel Alinari, con los recuerdos de su amor por Clara Romero. Hacia el final del capítulo, entra al vivero la nueva vecina, Cristina Colomer, y Juan Manuel cree reconocer en ella una voz y una mirada que parecen hacerlo revivir, le recuerda tanto a su amada Clara...
“Piel Naranja años después...” fue la última participación de Alberto Migré en la televisión argentina antes de su fallecimiento en 2006 y es, hasta la fecha, la última intervención de Marilina Ross en una miniserie.



Escenas del último capítulo




Elenco:

Arnaldo André ..... Juan Manuel Alinari
Leonor Benedetto ..... Serena Santamarino
Diego Olivera ..... Facundo “El Potro”
Carla Pandolfi ..... Abril Agrelo, esposa de Facundo “El Potro” (Ganadora Luxstar)
China Zorrilla ..... Doña Elena
Pablo Codevila
Marilina Ross ..... Cristina Colomer
Mercedes Funes ..... Nilda
Jorge García Marino ..... Villafañe
Daniela Katz ..... (Finalista Luxstar)
Anabela Blanco ..... (Finalista Luxstar)

Ficha Técnica:

Basada en libros originales de Alberto Migré
Colaboración autoral: Nora Mazzitelli
Dirección: Diego Suárez
Asistente de Dirección: Marcelo Suárez
Producción: S. Borensztein, A. Borensztein, D. Guebel, M. Pergolini
Post Producción: Maxi Ezzaouí
Producción Ejecutiva: Susana Rudni
Dirección de Arte: Karina Kreth, Verónica Geraige
Dirección de Fotografía: Leandro Martínez
Dirección de Contenidos: Ricardo Pichetto
Edición: Mariano Tomiozzo, Juan Pablo Dibitonto
Equipo de producción: Fabiana Giordano, Vanina Martorilli, Marcela Luznik
Diseño de post producción: Paula Gigliotti, Florencia Yeannoteguy
Jefe Técnico: Marcelo Quiroga
Operador de sonido: Nicolás Inza
Ambientación: Paula Mysyna, Anita Repetto
Vestuario: Alicia y Estela Flores
Maquillaje: Andy Sanzo
Duración: 4 episodios
Emitido durante el mes de Enero de 2004 los días Sábados a las 23.00 hs por Canal 13, Televisión Argentina.




Muchas Gracias Julián por sumar este video y María por digitalizarlo.

Escena final de Piel Naranja

Clarita y Juan Manuel ya estaban en el Paraguay dispuestos a vivir, de una vez por todas, su historia de amor. Lejos de Joaquín, Clara ya era la Sra. Alinari, sin embargo un final inesperado los aguardaba...




Muchas Gracias Silvina por compartir este video!!

Quereme... tengo frío

Quereme... tengo frío
(Elsa Jascalevich - Marilina Ross)


Una tarde, un té frío, una espera
y esta casa buscando tu presencia.
Te espero entre los discos, los libros y la radio.
Te espero como siempre te he esperado.

Quereme... como la tierra quiere al agua
quereme... como en el mar esa mañana
quereme... que las disculpas se han perdido
como perdida estoy sin vos y tengo frío.

Vuelvo a calentar agua, suena un timbre
pero otras manos, otras puertas abren.
Volando en tu recuerdo, de pronto me dí cuenta
que el agua se ha enfriado ya bastante.

Quereme... mis pasos van por la vereda
quereme... sé que tu casa queda cerca
quereme... hay una luz en tu ventana
pero tu sombra está, mi amor, acompañada.

... mis pasos van por la vereda
... sé que mi casa queda cerca
... hay una luz en mi ventana
pero mi sombra está, mi amor, desamparada.




Este tema fue la cortina musical de la telenovela Piel Naranja emitida por Canal 13 en 1975.


Además fue registrado por los siguientes artistas:

Lissette en el LP "Quiéreme" de 1976 con el título "Quiéreme... tengo frío".
Sandra Mihanovich en el LP "Hagamos el amor" de 1983.
Virginia Innocenti en el CD "En agua negra" de 2006.
Miranda! en el CD "Quereme!" de 2006.

Piel Naranja

Piel Naranja, telenovela de Alberto Migré, fue estrenada en el mes de marzo de 1975 por Canal 13. La temporada, que consistió en 32 capítulos, se transmitió todos los viernes de ese año a las 21.30 hs, con gran éxito de público.



Dirección: Carlos Berterreix
Guión: Alberto Migré

Cortina Musical:

Quereme... tengo frío (Elsa Jascalevich - Marilina Ross)
Aquel estado de ánimo (Marilina Ross)



Reparto:

Clara .... Marilina Ross
Juan Manuel .... Arnaldo André
Joaquín .... Raúl Rossi
Elena .... China Zorrilla
Quelo .... Raúl Taibo
Marilí .... María Valenzuela
Amparo .... Paquita Más
Luciano .... José María Langlais
Asunción .... Martha Gamm
Mitaí .... Pablo Codevilla
Angélica .... Elena Lucena
Yolanda .... Haydeé Padilla
Clotilde .... Noemí Del Castillo
Benjamín .... Antuco Telesca
Cristina .... Fernanda Mistral
Sra. Matienzo .... Blanca Lagrotta
Otilia .... Margarita Luro




SÍNTESIS ARGUMENTAL

Por: ALBERTO MIGRÉ

En Buenos Aires época actual, Joaquín Salas Bau tiene entre 48 y 50 años. Es un hombre singular y posesivo. Un niño terrible. Un hombrón celoso de sus afectos, dominante, apasionado, generoso para los suyos mientras los suyos compartan lo que él les brinda, a su lado. Propietario de una tienda de cierta categoría en un barrio tradicional (como Almagro o Flores) ha vivido siempre de su trabajo y su esfuerzo.

Se casó sin gran amor, próximo a los 30 años y de ese matrimonio tuvo dos hijos: Marcelo y María Lidia (Quelo y Marilí). Hace tiempo su primera esposa falleció. Hoy, los hijos tienen entre 18 y 20 años. Son impetuosos como el padre, rebeldes, prototipos de la generación actual. A veces equivocados, pero no malos tipos.

Joaquín ocupa un departamento importante en la misma zona de la tienda, a pocas cuadras. Atesoró una fortuna, en base a lucha y sacrificios. Ha vuelto a casarse en segundas nupcias con Clara Romero, mucho más joven que él, hija de una ex-empleada de su tienda. (Clara es la protagonista femenina, tiene aspecto de chiquilina. Joaquín la ama desmedidamente). Es consciente de la tremenda diferencia de edad. Daría su vida por Clara. No sabría vivir sin ella, pero tampoco con ella. La llama su nena. La ahoga, tratándola por momentos como a la menor de sus hijas y exigiéndole aún más que a sus hijos verdaderos. Aquéllos tienen rebeldías que a Clara no le permite.




En el departamento de Joaquín conviven éste con sus dos hijos, Clara y doña Amparo, mujer dominante, mayor y madre de Don Joaquín. También Clotilde, mucama de absoluta confianza, y doña Elena, la madre de Clarita. En el piso de abajo, en un departamento exactamente igual, también propiedad de don Joaquín, reside la abuela Angélica, madre de su primera esposa y con la que mantiene una relación afectuosa. Angélica y Amparo no han perdonado a Joaquín este segundo casamiento. De la descripción familiar puede deducirse el extraño clima que se vive en ambas casas.

Años atrás, 2 ó 3 aproximadamente, cuando Joaquín regaló a Clara un automóvil para su cumpleaños, en viaje a Mar del Plata para estrenarlo sufrieron un accidente grave del que Clara resultó ilesa, con apenas algunas heridas sin importancia, pero que a Joaquín lo anuló psíquicamente. Para todo el mundo, Clara es la culpable de ese accidente. Se la acusa por su inexperiencia como volante. Ignoran todos ellos, que la cargosa impertinencia de Joaquín la obligó a hacer la maniobra que desató el drama.

Atendido por Luciano, gran amigo y médico de confianza de la familia, Joaquín tarda en reponerse de la crisis física y moral. Éste le hace entender que tan grave como ese accidente es su temperamento déspota y absolutista. Sus celos, su forma tan especial de copiar a los seres que lo rodean. Pero ni consejos ni medicina ni los tratamientos que inicia sin la voluntad de concluirlos, modifican a este singular neurótico, que promete cambiar a partir del día de mañana para convertirse en un hombre más amplio, menos absorbente. Él maneja desde el dinero, hasta los menúes que deben prepararse en la cocina. Muchas veces cocina él mismo, negándole capacidad a la servidumbre y compra desde la fruta hasta el café, porque considera que consigue mejor mercadería y a mejores precios. Sin ser un canalla, es un insoportable, un enfermo incurable.



A través de su hijastra Marilí, pizpireta, supermoderna, frívola y pícara, Clara toma conocimiento de la existencia de Juan Manuel Alinari (protagonista masculino). Siempre hay un compañero de facultad de Marilí, como noviecito de turno, molestando por teléfono, o una noviecita de Marcelo, alarmando a don Joaquín que pretende tener en un puño la juventud de los hijos. Los muchachos, en cambio, son muy compinches de Clarita, a quien quieren a su modo. Especialmente "cuando les conviene", ya sea para conseguir un regalo, dinero o un permiso.

Juan Manuel Alinari no es estudiante. Tiene entre 27 y 28 años. Marilí lo conoce luego de una revuelta aparentemente feminista de su club estudiantil. Una gresca con los muchachos frente a los cuales se sienten desplazadas las chicas. Se arma una batahola y Juan Manuel rescata de una paliza a Marilí, metiéndola en su camioneta. Es un hombre cabal. Propietario de un modesto supermercado, también por Almagro. Es paraguayo y tiene a cargo a su familia: madre y tres hermanas, dos de ellas aún en Asunción. Lucha denodadamente por reunir a todos en Buenos Aires. La madre, dominante, ve en ese hijo la esperanza de progresar, de obtener todo lo que siempre les faltó. Mitaí es otro personaje importante, un dependiente de 18 años que Juan Manuel tiene a su cargo en el supermercado.

Marilí se deslumbra en principio con el accidente a través del cual conoce a Juan Manuel. Luego, se cansa de él sin dejar de reconocer que en cierta forma le atrae su personalidad, su piel, su sonrisa, su sexo. Pero es un "bueno"... un "aburrido" para su modo de entender los primeros escarceos sentimentales.

Absurdamente, para quitárselo de encima, le miente diciéndole como suya la vida de Clara. Le hace creer que está casada con un hombre mayor e insoportable (su padre). Tanto miente y complica las cosas que Juan Manuel se intriga y trata de conocer a la familia de Marilí. Por temor de que todo se descubra y Joaquín la castigue, Marilí suplica ayuda a Clara. Clara conocerá, por fin, a Juan Manuel. Ocurrirá entonces, desde el primer momento, una atracción, una simpatía, una admiración, una ternura, un deslumbramiento que ambos se niegan pero es evidente. La gestación de un amor tan doloroso como imposible y prohibido. El resto, como en toda telenovela, son encuentros y desencuentros.


Según el criterio de Joaquín, lo que Dios ha unido el hombre no debe separarlo. Jamás permitirá a Clara separarse de él. Clara sabe cuanto le debe: todo. Joaquín ha sido en cierto modo como su padre. En cambio, ella es la sonrisa, la ternura en un hogar que aceptó como suyo. Faltando ella todo se desmoronaría.

Por su parte, la madre de Juan Manuel teme que su hijo lo abandone todo para unirse a una mujer con los compromisos de Clara. Y teme a una venganza de Joaquín.

Planteo fundamental: ¿por salvar las apariencias o un amor equivocado es preferible una mentira? ¿Qué derechos les corresponden a dos seres que, como Clara y Juan Manuel, se encuentran en la vida demasiado tarde?

Piel Naranja, tiene un trágico desenlace. Tras intentar la felicidad huyendo juntos, Clara y Juan Manuel son sorprendidos por Joaquín. Éste, cegado por su gran amor, el verdadero como él lo llama, los mata. Pero no sobrevive a esa muerte. Ante el horror de lo que hizo, víctima de crisis cada vez mayores, a pocos pasos de su pretendida Justicia, muere también víctima de un ataque.

Esto ocurre en las secuencias finales de una historia manejada con adultez, ternura, encanto y dueña de una amplia gama de personajes y situaciones, que abarcan casi todas las facetas humanas.

Escena de la telenovela



Clarita interpreta "Quereme... tengo frío"





Fotos: Christian, desde el rinconcito
Videos: Marilina y Silvina
Tipeo del texto: Silvina

Tengo 32 años, no tengo hijos y estoy sola

15 de enero de 1976 - Gente y la actualidad N° 547, Año 10

LAS CONFESIONES DE MARILINA ROSS:

"TENGO 32 AÑOS, NO TENGO HIJOS Y ESTOY SOLA"

El título lo dice todo: ésta es una confesión fervorosa, la radiografía íntima de una mujer. Esa mujer tuvo, en 1975, muchísimos éxitos profesionales. Aquí no habla de eso. Habla de su vida, de sus 32 años. Un balance apasionado y lúcido a la vez. Una mirada comprometida hacia adentro.


Por: NELLY LOERI
Fotos: EDUARDO FRÍAS

Múltiples Marilinas me reciben en su departamento de la calle Viamonte. Marilina-risa, Marilina-payaso, Marilina-nena, Marilina-Raulito, Marilina-fotos, claro, mientras Marilina-Marilina se sienta frente a mí y se me ofrece a las preguntas y al análisis sin contar con el apoyo de ningún personaje, sola y desprotegida, tal vez para demostrarme que es todas aquellas Marilinas y fundamentalmente otra más. Una mujer. Una mujer sola, dispuesta a intentar un complejo "strip-tease interior", ese en el que no van quedando en el camino ropas, sino ideas, sentimientos, fracasos, rabias, esperanzas. Radiografía. Fotografía de adentro, en definitiva. "Miro a esta persona parecida a mí/ treinta veces tratando de vivir", dice Marilina en una canción que se llama, justamente, "Fotos mías". Yo, ahora, le propongo que las miremos juntas.

- Una mujer de 32 años, plantada ante sí misma y ante los otros, ¿Cuál es el resultado de ese "enfrentamiento"?

- Los 30 años son, sin duda, una fecha clave. No para mí, en particular, sino para todo el mundo. Entonces, es común hacer un balance. Pesar lo que se quería y no se logró, lo que se tiene y no interesa, los 20 años que se fueron. Y eso produce una crisis, ya que no es posible no "darse por enterada" de que muchas cosas cambiaron.

- Hablame de esos cambios.

- A los 30, fundamentalmente, empecé a ser en todo yo misma. A los 20, estaba sometida a "lo que se debe hacer": mi familia esperaba que yo fuera una "nena perfecta", una niñita modelo. Entonces yo no tenía conciencia de las limitaciones que significaban esas exigencias; simplemente, las sufría. Después, bastante después, empecé a conocerme y aprendí que lo más importante no es hacer lo que todos dicen que se debe sino lo que a uno le hace bien.

- "Busqué la foto del bebé, mi nombre de mamá/ ampliada y a color quedó sin revelar", decías en "Fotos mías". ¿Por qué no está ese hijo, que parece ser tu mayor carencia?

- No sé... No existe ninguna dificultad física grave..., pero no está... Y yo siento la imperiosa necesidad de tenerlo. Podría decirte que porque es el mayor hecho creativo que uno puede realizar, pero más simplemente prefiero decirte que porque tengo muchas ganas de que esté conmigo. Sí, tenés razón, un hijo me obligaría a reorganizar mi vida. Pero puedo y quiero hacerlo.

- ¿Qué le darías a ese hijo?

- Fundamentalmente, armas para que pueda ser él mismo; para que sea capaz de elegir y para que, una vez que lo haya hecho, sepa respetar su elección. Es decir, para que luche para ser lo que quiera. En una palabra, trataría de darle libertad.

- El amor, la pareja, tus fracasos... "Dónde está mi príncipe, mamá/ Quiero que me venga a despertar...", has escrito...

- En esa canción, referida al "príncipe azul", ese de los cuentos, de las fotonovelas y de la televisión, quería mostrar que "el gran amor", ese con mayúscula, único y perfecto del que te hablan desde chica, no existe. El amor es algo más normal, más cotidiano y más difícil. Además, no hay "un" amor válido para todos. Cada uno encuentra una forma de amor... ¿Equivocarse? Es lo natural, lo real. Mis fracasos no me traumatizan porque he tomado conciencia, precisamente, de que aquel modelo ideal de amor es falso, irreal.

- Tu explicación es muy coherente. Pero supongo que en el momento en que el fracaso se da te duele, y empezás a preguntarte si no sos vos la responsable...

- Claro que me duele, pero en cuanto a las responsabilidades, generalmente, son "fifty- fifty". Yo sé que tengo fallas, pero quiero un hombre que me acepte tal cual soy, con todos mis defectos y con todos mis errores.

- En suma, no querés "inventar" otra Marilina, perfecta y encantadora, para gustar a un hombre, para seducirlo...

- ¡No, ni hablar! Yo no entro en eso de las trampas para gustar... Esas trampas suelen darse en una relación tradicional, en la que el hombre es que el lleva el dinero a casa y espera que su mujer sea tal como él quiere, porque eso forma parte de las reglas del juego. Yo trabajo y me mantengo, y esa independencia económica es el punto de partida de todo.

- ¿Eso es una ventaja o una dificultad para formar pareja?

- Y, en el fondo, yo creo que al hombre le cuesta bastante desprenderse del rol que desempeñó durante siglos...

- Y, en tu caso particular, puede sumarse a eso el problema de la lucha por el éxito, de la competencia...

- Te diré que en mi medio la competencia es feroz, que es la base de nuestra carrera. Para subsistir uno tiene que ser "genial". Además, no te olvides que tiene una doble y compleja dependencia: con el público y con una empresa que lo obliga a tener éxito porque si no no volverá a contratarlo.


"Los 30 años son, sin duda, una fecha clave", dice Marilina. "Es el momento de hacer balance, de sacar cuentas". Marilina lo ha hecho. Es en esencia la misma mujer, pero más madura.

- Además los intereses pueden no coincidir y complicar más aún la cosa...

- Mi objetivo es hacer trabajos en los que ambos coincidan, "La Raulito" es el que más quiero porque logra exactamente mi propósito: reflejar la realidad y comunicarme con todo tipo de público.

- ¿El teleteatro que hiciste entra dentro de esos objetivos?

- Mirá, yo tenía muchos prejuicios con respecto al teleteatro, pero ahora entiendo que la gente que trabaja y sufre bastante todos los días tiene derecho a distraerse. A mí el teleteatro me ha dado amor, el amor de mucha gente que me escribe, me llama... Yo creo que todos los prejuicios que existen con respecto a él se deben a quienes están molestos porque no pueden lograr una repercusión similar.

- En TV hiciste un espectacular en el que te mostraste vos, Marilina, sin personaje, cantando tus problemas, tus dudas, tus fracasos, asumiendo públicamente tu edad, tu madurez... ¿A qué necesidad respondió ese balance?

- A los 20 años uno tiene la vida por delante y mira sólo al futuro. A los 30, uno mira para adelante, pero también para atrás, y quizás por eso decidí juntar mis canciones que son, fundamentalmente, mis "estados de ánimo". En esa visión retrospectiva no me arrepiento de nada, porque lo que hice me llevó a ser la que ahora soy... Tal vez me gustaría volver a tener 20 años, pero con la experiencia de ahora.

- ¿Cómo ves la vejez?

- No la veo en sí misma sino como proximidad de la muerte y eso me angustia. Por eso trato de vivir intensamente cada momento...

- ¿Te asusta la decadencia física?

- Sí. Pero no creo que sea demasiado grave. Me importan más los valores interiores. Lo de afuera podés cambiarlo, mentir. Lo de adentro, no. Nunca me importó demasiado mi físico. A lo mejor porque nunca aparenté la edad que tenía...

- Es cierto, durante mucho tiempo se te identificó con "la nena", y tal vez a vos te gustaba que así fuera. Por eso llevabas siempre el pelo muy largo y vestías estilo adolescente.

- No fue algo hecho conscientemente. Yo sé que no soy una nena y no me comporto como tal... Además, el parecerlo me ha impedido hacer papeles en los que representara a mi generación... Volviendo a la vejez, ¿sabés cómo imagino la mía? En una casa de las afueras, rodeada de mis amigos, casi en comunidad, cantando, jugando a las cartas, leyendo...

"Me asusta la vejez, pero no creo que sea algo demasiado grave. El físico importa poco, a mí siempre me importó poco. Lo que vale, lo que me interesa, son los valores interiores".

- ¿Qué es lo que a los 32 años no tolerás en un hombre?

- La hipocresía; el que quiera mostrarse como no es realmente, el que no tenga coraje para vivir a fondo. Me gusta que sea un poquito inconsciente, que no razone demasiado, que viva hoy y aquí, que no trate de modificarme.

- Quizá el estar tan poco dispuesta a hacer concesiones te dificulte la convivencia...

- Es posible, pero ya probé cambiar, ser menos exigente y no me sirvió. No quiero renunciar a mis necesidades por temor a quedarme sola, no quiero aceptar por comodidad lo menos malo, no quiero renunciar a mi individualidad. Quiero que cada uno en la pareja sea dueño de su vida. Mirá, esto se lo había escrito a Jorge: "Casi sin querer se olvida, casi sin querer se pierde. Casi sin querer se va el amor. Por eso te estoy queriendo casi sin querer. Jurarte eterno amor... no sé".

- ¿Cómo vivís tu soledad actual, como un fracaso?

- No, como un momento real por el que tengo que pasar. Siento que ahora necesito estar sola.

Sí, está sola. Definitivamente mujer, nunca más "nena", con algunas canas cruzando su pelo revuelto, con algunos surcos marcando su cara, con un poco de cansancio en la mirada. Está sola. Pero no se la ve desprotegida ni temerosa. Espera. Un amor (no "el gran amor"), un hijo. Sin dramatismos ni literaturas. Y mientras tanto vive, hoy y ahora, intensamente, sin mirar demasiado hacia atrás, sin aguardar demasiado del mañana. Vive y espera. Siendo ella misma. Sin trampas ni concesiones. Deseando que la quieran, simplemente, así, como es.


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!

Publicidad de Piel Naranja

Gráfica de la telenovela "Piel Naranja" de Alberto Migré publicada en el mes de noviembre de 1975.



Silvina aportó esta imagen. Muchas Gracias!!

Marilina Ross volverá a tener Piel Naranja

Diario Clarín, 20 de Enero de 2004

Marilina Ross volverá a tener Piel Naranja

De regreso, Clara. Luego de cinco años sin actuar,
Marilina Ross vuelve a la televisión, de la mano de Alberto Migré.

Si bien desde que comenzó la miniserie su figura aparece a través de los archivos en blanco y negro, en alguno de los dos capítulos que restan de Piel naranja, años después (sábado a las 23, por Canal 13), Marilina Ross retomará la actuación. Según la pluma de Alberto Migré -autor de la historia original, de 1975, y de esta suerte de continuación producida por Cuatro Cabezas-, la actriz y cantante volverá a ser Clara, el amor de Juan Manuel (Arnaldo André). Por ahora, ella asoma como viejos fantasmas (su personaje murió hace 28 años) del hombre que en esta miniserie tiene una relación amorosa con su vecina, Serena (interpretada por Leonor Benedeto). Luego de una participación en un especial de Alejandro Doria, Ross -que en mayo de 2002 sufrió un infarto- se había retirado de la ficción hace poco más de cinco años.

¡Meta vivir nomás!

21 de Agosto de 1975 – Revista Siete Días N° 407

LA HEROÍNA DE “LA RAULITO” VIVE SU GRAN MOMENTO: SE SIENTE EUFÓRICA, FELIZ Y EXPLOSIVA.

MARILINA ROSS: ¡META VIVIR NOMÁS!

Desde sus primerizos y triviales papeles televisivos hasta sus más recientes actuaciones, esa evolución modifica definitivamente su imagen de adolescente ingenua. Un camino que ahora, a los 32 años, la actriz rememora con Siete Días en un prolongado, sincero diálogo: aquí afloran sus opiniones sobre cine, televisión, política, feminismo y matrimonio.

“Quiero el cielo en la tierra -dice Marilina-, la tierra en su mejor forma, Quiero querer".

Por: NICOLÁS KASANZEW y ROBERTO VACCA

No parece ser el departamento de una estrella de cine; más bien se asemeja a un refugio bohemio, a un altillo de adolescentes. Cerca de la puerta, una guitarra custodia la escalera que lleva hacia el ambiente principal. Sobre una de sus paredes, flanqueando los escalones y a modo de singular pasamanos, una docena de fotos -como si se tratara de un muestrario de la cara mansa y expresiva de la dueña de casa- guía a los periodistas de Siete Días. Allí puede verse a Marilina Ross (32 años, protagonista del film La Raulito y del exitoso teleteatro Piel Naranja) haciendo muecas, guiñando un ojo, riendo, llorando, sacando la lengua.

La escalera desemboca en un amplio living, mezcla de biblioteca y sala de música. En un rincón dos guitarras más, un órgano eléctrico, un grabador, varias maracas y un par de castañuelas. En un mueble de madera están las obras completas de García Lorca, un Quijote encuadernado en cuero, varios ensayos sobre el oficio del actor, un ejemplar de El Don apacible con sus páginas plegadas sin guillotinar. "No soy muy lectora -se disculpó Marilina al comenzar el reportaje-; prefiero aprender escuchando, viendo, tocando. Las palabras limitan, no me alcanzan. Creo que se utilizan como defensa y a veces dificultan la verdadera comunicación".

Entre un libro de Ray Bradbury y El varón domado hay un yo-yo de plástico con su hilo roto. "Me lo regaló la verdadera Raulito -dijo-. Lo hizo para mi cumpleaños y me explicó que no pudo salir a la calle para comprarme algo mejor. Claro, ella está presa". Ese juguete, de algún modo, marcó los parámetros de la entrevista. Es que entre el presente y el pasado de la actriz media un largo trayecto, contradictorio y fecundo: el que va desde sus populares pero triviales actuaciones en cine y televisión -como Hotel alojamiento o el programa La nena- a costosas realizaciones personales, íntimas.

Marilina aceptó el juego. Habló de su personalidad y señaló cómo la fue desarrollando hasta convertirse, hoy, en una mujer totalmente distinta. Lo que sigue son sus respuestas textuales a un interrogatorio que no evitó, incluso, el tránsito por zonas difíciles: "Yo era bastante sectaria y si alguien no estaba de acuerdo con lo que pensaba, me negaba a dirigirle la palabra".

PRIMERO YO

Marilina toma el yo-yo y por momentos se queda pensativa, como si aún estuviera dentro de la Cárcel de Mujeres a la que, el día anterior al encuentro con la revista, concurrió a visitar a María Esther Duffau, la verdadera Raulito (entrevistada por Siete Días, ver número 396). "Estuvimos con Piero y Daniel Toro, cantando para las reclusas. Aprovechamos para festejar el cumpleaños de esa mujer que, aunque encerrada, tiene una libertad interior digna de admiración".

-¿La película puede ayudarle en algo a María Esther Duffau?

- Es posible que a raíz de ella, de que tanta gente haya visto La Raulito, se logre algún tipo de solución para este caso. Eso sería lo más gratificante que me pueda pasar en la vida. Demostraría que una película no sirve solamente para entretener, divertir o hacer llorar a la gente. Creo que si se consigue algo, sería fantástico, el premio más grande que yo pueda tener por mi trabajo en ese film.

-¿Te referís a la libertad de esa mujer?

-Sí. Ayer me dijeron que el juez está por pedir un indulto para ella.

-¿Sería entonces la primera vez que una película obtiene la excarcelación de una persona?

-No lo digamos, todavía. De ser así, sería histórico.

-¿Y María Esther lo sabe? ¿Vio la película?

-Estuve hablando mucho con ella. Y le pregunté a dónde iría en caso de ser liberada. Me dijo que no sabía muy bien qué hacer, pero que no veía mal la idea de radicarse en Claypole, un lugar de la provincia de Buenos Aires con pájaros, sol, árboles y mucho espacio para jugar al fútbol, su pasión. Ella vio la película en el cine Callao. Fue acompañada por el director de la Cárcel de Mujeres. Después me escribió una cartita muy tierna, muy humana. Entre muchas cosas lindísimas, me dice que ella piensa que la sociedad necesitaba una película así. Y la llama su película. Lo cual es rigurosamente cierto.

Marilina Ross no oculta -en su manera de hablar, en sus gestos, tampoco en su mirada vivaz y expresiva- que es una chica de barrio, muy porteña. "Nací en Liniers y mis viejos fueron los que me empujaron a esta profesión".

Aunque modificada por el estudio actoral y sus roles como profesional en cine y televisión, la personalidad de Marilina le delata como una muchacha de barrio. Frente a ella es fácil hablar en torno a imágenes comunes. Por eso surge el lunfardo como idioma compartido y el reportaje frecuenta hechos de la niñez, de cuando ella se asomaba al mundo desde una ventana ubicada al 200 de la calle Pola, muy cerca de la avenida General Paz.


-¿A qué se dedicaban tus padres?

-Nada que ver con nada. Mi papá era mozo de una confitería; mi mamá, mamá. Ellos me inscribieron en el Teatro Infantil Labardén cuando tenía ocho años.

-¿Cómo fue ese empujón? ¿Vos querías aprender teatro?

-Bueno... la nena era graciosa. Participaba en fiestitas, recitaba versitos y bailaba en puntas de pie.

-¿La nena quería eso?

- Y... a la nena eso la divertía mucho. Recuerdo que a la vuelta de casa vivía un pintor que tenía títeres y un tingladito. Yo me pasaba allí todas las tardes, haciendo teatro, improvisando. Pero fue antes del Labardén, cuando tenía tres o cuatro años. Desde entonces me gustó más eso que el estudio.

-¿El Labardén te ocupaba mucho tiempo, y por eso dejaste de estudiar?

-Sí. El Labardén me ocupaba toda la tarde. Cuando llegué a sexto grado, elegí no seguir estudiando. No lo lamenté nunca.

-¿No te perjudicó esa decisión?

-De ninguna manera. En realidad, desde que nací estuve haciendo buena letra. Me vi obligada a ser la primera en todo. Y me mantuve en esa tendencia, seguí sometida a ella hasta que decidí psicoanalizarme.

EL TELEVISOR Y OTRAS CUESTIONES

Marilina hace un brevísimo inventario de su trabajo. "Filmé un montón de películas, entre ellas El televisor, Primero yo, El ojo de la cerradura, Las pirañas y ¡Ufa con el sexo!, que no se llegó a estrenar. También actué en un espectáculo de café-concert, uno de los primeros que se hicieron en Buenos Aires. Estaba basado en una obra de Anton Chéjov. Después hice Solita y sola, un espectáculo donde se mezclaban el teatro, el circo y la pantomima. Y también, claro, La nena, un teleteatro que fue todo un éxito".

Quizás el recuerdo de Solita y sola despierta en ella la necesidad de tomar la guitarra. Con voz tierna, susurrante -ignorando la presencia de los periodistas y el ronroneo del grabador-, hilvana los versos de una canción inédita, que compuso para el actor Jorge Martínez, su compañero. Mientras afinaba la guitarra alcanzó a decir que "estas estrofas explican mejor que mil palabras mi opinión sobre cómo debe ser una pareja”. La letra, al pasar, aporta otras claves de su vida: "Casi sin querer, nací. Casi sin querer crecí... Me gustó tu risa fresca, niño grandulón... Casi sin querer me enamoré... Casi sin querer se olvida. Casi sin querer se pierde... Tal vez algún día nos sorprenda la vejez, muy juntos, casi sin querer".

-¿Cómo es tu relación con Jorge?

-Él es un tipo simple, sano, directo y honesto. Que no pretende ser más de lo que es. Que es muy cariñoso. Que me ofrece seguridad, pero seguridad afectiva.

-¿Se conocen desde La Raulito?

-No, desde un poco antes.

-¿Te modificó Jorge?

-No. Me modifiqué yo. Me abrí, me propuse vivir una nueva forma de pareja.

-¿En qué consiste eso?

-En vivir aquí y ahora. En no hacer planes a largo alcance; en decidir y hacer todo de acuerdo al momento. En conquistar la libertad de elegir cotidianamente. Yo sé que esto es muy difícil, pero a ambos, estamos seguros, nos sirve. Por ejemplo, puede ocurrir que un domingo, mi día libre, Jorge elija ir a la cancha, solo. Y yo lo entiendo. Esa es una forma de ser libre: no dejar de hacer cosas por el otro.

Pero esa libertad no se expresa solamente en el plano afectivo. Marilina da otro ejemplo, explica algo que para muchos marca una contradicción: su intervención en Piel naranja, el hecho de que hubiera aceptado trabajar para Alberto Migré, un autor a quien en otros tiempos, se negara siquiera a leer.

-¿Hacés Piel naranja por sus posibilidades económicas?

-No, y si quieren lo aclaro.

-Bueno...

-En esta profesión se necesita tener éxitos, estar arriba. Porque si no te convertís en nadie, y nadie te contrata. Y Migré es el hacedor de éxitos. Pero ésa no es la única causa. Yo tenía muchas ganas de hacer un trabajo en el cual me viera mucha gente.

-¿Vos qué rescatás de Piel Naranja?

-Debe tener algún valor porque no es casual que la vea tanta gente.

-¿Estás diciendo que el rating es índice de calidad artística?

-De calidad artística, no. Pero hay algo que quiero saber qué es.

-¿No lo averiguaste todavía?

- Creo que sí. Creo que Migré da en este momento lo que la gente necesita ver. Si no la gente pondría otro canal o se iría al cine, porque tiene posibilidades de elegir. Quizás el público está en un proceso distinto del mío, pero pienso que hay que saber acompañarlo. Creo que la gente, sola y por sus propios medios, está en condiciones de crecer. Al pueblo no hay que acercarse como maestro, no hay que enseñarle nada. Yo no quisiera terminar como un genio, encerrada en un sótano con diez intelectuales inteligentísimos mirando a Europa. Necesito hacer Piel naranja para comunicarme, para ponerme en contacto con los espectadores. Pero, cuidado: también hago La Raulito. En ese aspecto estoy convencida de que no podría haber trabajado en esa película si antes no hubiera hecho La nena o Cosa juzgada, en televisión.

-¿Cómo sentís el oficio del actor? ¿Cómo asumís esa contradicción?

-Diría que el actor es un obrero especializado. Y que los medios no están en sus manos, que difícilmente el actor pueda ser propietario de un canal, de una radio o de un teatro.

Vital y enérgica pero a la vez libre y cariñosa, la protagonista de La Raulito reconoce vivir la mejor etapa de su vida: “Sólo me falta tener un hijo”.

-Volviendo a Piel naranja, ¿cómo es tu relación con Migré?

-Él me había llamado muchas veces para que interpretara algunos papeles en sus teleteatros. Y yo siempre me negaba porque, lo digo sinceramente, no sabía valorarlo. Por eso les dije antes que era bastante sectaria. Con el tiempo descubrí que esa postura mía era falsa. Así como yo aprendí a ver mis cosas buenas y malas, en los demás percibo lo mismo. Ahora la gente trato de aceptarla tal cual es. Con Migré me pasaba eso, hasta que lo conocí. Nos sentamos en un café y hablamos durante horas. Es decir, nos conocimos. Migré me explicó que escribe para el actor o la actriz que trabaja con él. Al margen de eso nos comunicamos. Y percibí que Migré pone mucho amor en las cosas que elabora. Y ése es el secreto de su éxito.

-Puede ser. Pero también tiene oficio, es un profesional.

-No, no es solamente oficio. No es el autor que se sienta frente a una máquina de escribir y llena carillas para ganar plata, como hacen otros. Él pone su vida en eso. Y si necesita desarrollar una escena con sillones y el canal no los tiene, los compra él. Por ejemplo, pagó de su bolsillo la publicidad de Piel naranja en Paraguay.

-Sí, porque puede.

-De acuerdo, pero también podría optar por no hacerlo, quedarse con ese dinero. Hay quienes pueden y no lo hacen.

LETRA POR LETRA, EL ABECEDARIO

Sus cambios, las actitudes frente a los grandes temas de la vida, no solamente se circunscribieron a cuestiones profesionales y afectivas. Cuando se le advirtió que en su biblioteca tenía numerosos libros sobre la condición de la mujer y que tanto en Solita y sola como en La Raulito había declamado que "la mujer era más oprimida que el varón oprimido” o que “la mujer es el proletariado del proletariado”, Marilina aceptó explicar mejor sus credos, sus puntos de vista sobre aspectos sociales y políticos, incluyendo su visión retrospectiva sobre su participación en el famoso charter que trajo de regreso al general Juan Perón al país en noviembre de 1972.

-¿Sos feminista?

-Sostengo que la mujer tiene menos libertades que el hombre, que el que manda es él y que las leyes están hechas por los varones. Pero no soy feminista porque el problema, entiendo, no pasa por ahí. El de la mujer es uno más de los problemas de la sociedad actual. De un conjunto de cosas que deben ser modificadas. Yo soy peronista, eso lo saben todos, y creo que a través de ese movimiento político se puede evolucionar hacia mejores condiciones sociales.



-A propósito, ¿a quién representabas cuando participaste en el vuelo que trajo a Perón de su exilio?

-No fui representando a ningún sector en especial porque no soy ni política ni militante activa. Creo no equivocarme si digo que fui con intenciones de representar al pueblo. Pero no formalmente. Para adentro me sentía asumiendo esa representatividad. Pero eso era una cuestión personal.

-¿Qué pensás del momento actual?

-Sigo siendo peronista porque admiro al general Perón. Leo sus cosas, sus escritos antiguos, inclusive. Leo Cultura y Pueblo y lo considero una maravilla. Desde afuera me piden definiciones, que me inscriba en tal o cual sector. Yo no me siento ubicada en ninguno en especial. En ese sentido, estoy donde se instala el pueblo. Y el pueblo, las mayorías, no se inscriben en ningún sector en particular. El peronismo no es un partido político sino un movimiento nacional.

-¿Qué opinás de los partidos políticos?

-Estoy, obviamente, a favor. Siempre y cuando sean verdaderamente representativos. Pero si en vez de ser tres o cuatro son 18 mil estoy decididamente en contra. Porque así no se ayuda al país. Creo que los argentinos tenemos que juntarnos y aunar esfuerzos.

La actriz habla con franqueza y no elude referirse a lo que ella considera el mal del momento: la atomización, la sectarización. Aunque advierte que no es amante de las definiciones tajantes: "Pregúntenme cómo estoy y qué me pasa. No me pidan opiniones concretas", dice. A pesar de ello y respecto a su posición política del país, apeló a una parábola: "En este momento tan confuso, todo está tan dividido que si uno no es A, tiene que ser B. No se puede ser AB, tampoco A más B. Esto es lo terrible que nos está pasando. Y yo soy ABCDJH... hasta la Z".

Marilina no oculta que está pasando uno de los mejores momentos de su vida. "Hice la película que siempre quise hacer; tengo una buena pareja, estoy enamorada y trabajo en un programa exitoso".

-¿Tu preocupación por el país no empaña un poco esa felicidad?

-Sí, por supuesto. Eso es algo que nos tiñe a todos, de eso no se salva nadie. Pero también es cierto que si una está mejor consigo misma puede ver con más claridad lo que pasa alrededor y puede aceptar la realidad de una mejor manera.



-¿Tratás de separar el trabajo de tu vida privada?

-Yo creo que el actor es un obrero especializado, como ya dije. Pero a mí, a veces, se me mezclan los roles. Creo que es inevitable. Cuando hice La Raulito asumí ese personaje en mi casa, con mi mamá, con mis amigos y con la gente de la calle. En mi caso siempre el personaje le gana a la actriz. Y termina invadida por él. Eso me pasó con La Raulito y también en otros papeles. Aunque, por ahora, la señora Clarita (en Piel naranja) no me invadió.

-¿Hay momentos en que te sentís "solita y sola"?

-Sí, muchos. Pero no puedo dedicarme a la soledad porque me muero. Yo viví grandes soledades. Y hubo instantes en que necesité tocar fondo. Y en esos momentos no pude hacer nada como actriz.

-¿Es en esos momentos cuando escribís canciones?

-Cuando me pasa algo, cuando siento cosas, agarro la guitarra y le meto a la música. A veces, a partir de la melodía, nace una canción. Otras, es al revés. Estoy por sacar un disco con media docena de canciones.

-¿Qué buscás con ellas?

La pregunta queda flotando. Como respuesta, Marilina se acerca a su grabador y lo hace funcionar. El living se llena con su voz. Una tras otra las letras explican los diversos estados de ánimo que la inspiraron. Hay una canción para cada uno de ellos, aunque todas tienen un ingrediente común: la ternura, el mundo, la esperanza. "Creo en el hombre -dice-; quiero que el cielo sea la Tierra, la Tierra en su mejor forma. Creo que Dios está en todos. Quiero querer. La música es una de las cosas que más amo. Busco el canto porque las palabras solas, a veces, no alcanzan.”

Pero Marilina Ross -o mejor dicho, María Celina Parrondo-, busca otras cosas. Al final de la charla, mientras los periodistas abandonaban su living y miraban por última vez la pequeña galería de fotos donde ella saca la lengua, llora, ríe y hace muecas, la actriz, a modo de despedida, confesó: "Solamente me falta tener un hijo".

Entonces, cuando sus visitantes se iban y esperaban el ascensor, pudo escucharse esta canción:

Te estoy esperando,
no demores mucho,
porque hay tantas cosas
que hacer, en el mundo
...........

Yo sé que te esperan dolores y penas,
que vivir es duro y se es feliz apenas.
Pero con tu ayuda y la de otros más,
haremos que al fin se pueda respirar.
Despierte mi niño, despierte mi sol,
despierte pedazo de mi corazón.


Fernando de Rosario compartió esta nota. Muchas Gracias Fer!!!

Marilina Ross - Primera Parte

Enero de 1981 – Revista Humor N° 50

En España anduvo de "Parranda". Y ahora, en la Argentina

MARILINA ROSS



Reportaje de MONA MONCALVILLO
Fotos de EDUARDO GROSSMAN

Si algo le faltaba era probarse afuera. Recorrer caminos en otro país, dar rienda suelta a su espíritu de transhumante, cerrar en España un eslabón que habían abierto sus padres y desafiar la soledad, en un medio desconocido, diferente. En casi cinco años de ausencia no fue feliz, perdió la sonrisa, sufrió mucho, acrecentó la nostalgia y le brotaron inseguridades. Pese a que realizió una actividad intensa y destacada, no creció. Según dice, se estancó.

Para consolidar su identidad, desperdigada, Marilina Ross volvió. Con algunos rulos más, 37 años, una cara todavía aniñada y nuevas canciones. Las canta, con su guitarra a cuestas, donde puede, tratando de reflejar su vida y andanzas, sin mayores pretensiones.

En este nuevo derrotero pasa sus días... por ahora.

Su ductilidad actoral la llevó, en veinte años de actividad, a recrear disímiles y complejos personajes de cine, teatro y televisión. Su patética interpretación de "La Raulito"; la terneza de "La Nena"; los recursos expresivos que gastó en "Solita y Sola", "El Rehén" o "Cosa juzgada", conformaron una acabada actriz, tan versátil que hasta fue capaz de salir airosa en un teleteatro de Migré...

Quebrando su proclamada necesidad de hablar cada vez menos para no bloquear sentimientos y pidiendo cada vez más afectos, Marilina Ross cerró su casi pesadilla española hablándonos, precisamente, de España, sus seis películas, los artistas, su casa, el "destape" y algunas coincidencias mágicas... Contrariamente a lo que ella cree, todo eso no la estancó. Sí, en cambio, la afirmó, acrecentando su necesidad de dar y darse, pese a todo... Los seres sensibles, aún ante el dolor, no detienen su crecimiento.


-Hace muy poco dijiste que con tus canciones estás haciendo el reportaje de tu vida. ¿Te cuesta tener que hacer un reportaje ahora, sin música y sin solemnidades?

-Mirá, siempre me costó hacer reportajes, siempre... Porque, entre otras cosas, no tengo mucha facilidad de palabra y, además, los reportajes tienden a detener algo, lo que se dice aparece como algo definitivo. Una contestación es una contestación y queda para siempre, no se toma como una cosa de ese momento. Y a mí, lo que siempre me interesa es el aquí y ahora, lo que pienso en este momento... Pero no quiere decir que dentro de diez minutos piense lo opuesto. Me suele ocurrir... Y como un reportaje se congela y queda para toda la eternidad... Sucede que ahora leo los reportajes míos y veo las pavadas que decía antes y me da vergüenza... pero bueno, correspondía a ese momento y nada está estático, afortunadamente; de lo contrario uno está muerto.

-37 años de edad y 20 de oficio en cine, teatro y televisión... ¿Podés hacer un balance?

-Sí, sí se puede... desde muy chiquitita me encontré en esto de la actuación, antes de darme cuenta y antes de quererlo inclusive. A los tres años ya estaba arriba de un escenario bailando, "porque la nena era graciosa"... Un pintor que vivía a la vuelta de mi casa les dijo a mis padres que me hicieran estudiar algo que tuviera que ver con la actuación, porque me pasaba las tardes jugando con títeres que hacía este pintor, Sanguinetti, un viejito paralítico. Había construido un tinglado, y yo hacía todos los personajes, actuaba, hacía voces, improvisaba..., él me descubrió condiciones para el arte. A los seis años me metieron en el teatro infantil Labardén, y estuve allí hasta los 15, estudiando y representando. Hice de todo, canté, bailé, actué... Pero no sé cuando quise ser actriz, y creo que en realidad no quise nunca ser actriz. No me disgustaba, pero sí creo que la música me apasiona más y le hubiera dedicado más tiempo... Si el tiempo que le dediqué a la actriz se lo hubiera dedicado a la música, habría sido más feliz. Es algo muy difícil de explicar, pero me emociono más cuando tengo que ver con la música que cuando tengo que ver con la actriz...

-¿Cantando o componiendo?

-Cantando no, porque la voz no me da, o desafino; tampoco sé tocar muy bien, pero sí componiendo. Y en algunos momentos cantando, cuando todo me sale bien, soy mucho más feliz que actuando...

-¿Y por qué no lo hiciste?

-Porque ya era tarde. Me puse a estudiar música pero no tenía paciencia y ya no era tiempo, me acordé tarde... Después de los treinta el tiempo se acorta...

-Volvamos al balance...

-Bueno, en teatro con el grupo de Stivel hicimos cosas importantes y lo que más me gustó fue "¿A qué jugamos?", una obra de Gorostiza, y fuera del grupo "Solita y Sola", un espectáculo unipersonal que me encantó. En cine, esto es clarísimo, mi mejor película, lejos, fue y es "La Raulito"... Yo soy muy exigente, de pronto rescato escenas de otras películas, pero no un trabajo totalizador. El único fue "La Raulito"; después un poco de "La Tregua", un poquito de las películas que hice en España; de las seis que hice valoro un cachito de una y otro de otra, nada más. Y en televisión, el ciclo de "Cosa juzgada", ahí hubo muchas cosas buenas... Pero es difícil sacar una conclusión final... No sé.

-¿No aflojaste en tus convicciones cuando aceptaste hacer el teleteatro "Piel Naranja"?

-Acepté "Piel Naranja" porque ya había hecho "La Raulito"; no se había estrenado todavía pero ya estaba... Me sentí muy bien haciendo "Piel Naranja" aunque siempre me había negado a hacer trabajos de ese estilo, novelones... Los miraba desde arriba y pensaba "¿cómo voy a hacer esas porquerías?". Pero fue un error, en ese momento lo entendí, lo hice y me sentí muy bien. Al teleteatro lo consideraba como un género menor, lo menospreciaba, y el error está en que siempre se puede hacer bien un trabajo. Quizá no tan bien como otros que tienen otra estructura están mejor armados, con más tiempo, personajes mejor definidos, pero yo tuve momentos en "Piel Naranja" que recuerdo como buenos, incluso creativos. Había un pasaje escrito por Migré, con mis canciones, donde la protagonista estaba muy sola, muy desesperada, y se ponía en un altillo, con la guitarra, a componer; era una escena muy suelta, porque él escribía prácticamente la parte izquierda del guión, lo que pasaba por la cabeza del personaje, y el resto lo dejaba a mi criterio... Recuerdo que en ese momento fue muy creativo, muy ligado a mis canciones, era lindo... Creo que todo sirve, depende del criterio con que se lo encara... Antes yo era muy prejuiciosa, y me di cuenta a tiempo. Pero te decía que como ya había hecho "La Raulito", donde la cuota de exigencias por hacer cosas interesantes, con prestigiosos autores, ya la había cubierto, me dije "¿por qué no llegar al gran público ahora?"

-¿Podés juzgar tu trabajo, o a vos misma?

-Yo soy una insegura del diablo, nunca estoy convencida de lo que hago y siempre pienso que todo se puede hacer mejor, todo. Creo que había crecido mucho hasta el momento de "La Raulito"; ahí se produce como un parate dentro mío, acentuado por mi ida a España, dado que en España no hubo nada que me hiciera crecer artísticamente. Digamos que mi carrera, hacia adentro -no hacia afuera- iba in crescendo. Yo sentía que todo iba bien; sabía, apenas pasados los treinta, que me había alimentado, que tenía todo adentro y era momento de sacar... Sin embargo fue precisamente ahí, donde se produjo la quiebra; me voy y se me desmorona todo, se me cae todo. Vuelven las inseguridades, la desvalorización... Creo que esta vuelta es un poco para buscar mi identidad, todo lo que dejé en un momento, y reencontrarme conmigo misma; estuve muy perdida en España...

-¿Qué dejaste en España y qué trajiste?

-Dejé mi bohardilla, que es lo que más extraño; había logrado construir mi casa en el Madrid viejo, inventada de las ruinas. Con mis manos hice las paredes, las columnas, techos de vidrio, un jardín en el último piso, una chimenea, las vigas, hasta el techo abohardillado. Algo así como el sitio que siempre quise tener; lo había hecho, pero en Madrid... Dejé también muchos amigos, pero que se reconquistan en cualquier momento; algunos ya se están reconquistando. Dejé un clima de libertad que fue muy gratificante. Como país, dejé en España un país que quiero y algo así como la conclusión de la historia de mis padres, como lo cuento en una canción. Dos españoles que una vez vinieron aquí, muy jóvenes, y dejaron todo su pasado en el aire, inconcluso... Yo, de alguna forma fui a atar esos cabos y a terminar la historia de ellos, de la mía, que me corresponde... Sentí que cerraba un ciclo, que cerraba la posible herencia genético-espiritual con mis padres y los ancestros. Y creo que la cerré. Si ahora vuelvo, ya voy a ser yo, no voy a cubrir otras carencias, soy yo entera la que vuelve...

-En lo artístico creo que dejaste más de lo que trajiste...

-Dejé el cariño de la gente. Y sí, artísticamente allá no sentí que estuviera creciendo nunca, al contrario... La forma de trabajo es muy distinta, la gente es toda desconocida, a mí me es muy difícil entregar sentimientos a gente que muy formalmente de dice "mucho gusto encantada". Esto es un compromiso de amor; si no tenés un "rollo", como dicen ellos, me es muy difícil comprometerme afectivamente con un trabajo. Además los trabajos que hice me eran ajenos; generalmente hacía de española y yo no sé qué fue la guerra civil. Cómo voy a poder representar una gallega dura, áspera, perdida en los dolores de esa guerra...

-¿Cómo fueron tus seis películas en España?

-La primera se llamaba "Parranda". Mi apellido es Parrondo y mi padre es de Asturias; la película se filmó en Asturias, casi muy cerca del pueblo de mi padre..., todo muy mágico, y yo fui contratada desde aquí para hacerla. Mi llegada a España también fue mágica; es muy raro que una película argentina triunfe afuera, y que justo triunfara "La Raulito" en España, y estuviera un año y medio en la sala de estreno de Madrid, es bastante inusitado. En ese momento yo hacía aquí "El gran soñador" y me llovían proyectos, pero tenía algunas dificultades. De ahí que la cosa estaba bastante clara, me tenía que ir. Y me fui. Llegué allá, y a la semana ya filmaba "Parranda", una excelente película que pasó sin pena ni gloria, pero nunca me explicaré bien por qué. La historia era maravillosa del poeta gallego Blanco Amor, actuada por los mejores: José Luis Gómez, José Sacristán, Antonio Ferrandis, Fernando Fernán Gómez y dirigida por Gonzalo Suárez, que es un buen director de la nueva camada. Me tocó hacer de una loquita que vivía sola, entre las montañas de carbón de Asturias, con muñecas que decía que eran sus hijas, con cunas hechas con cajones de manzana; tres forajidos (los tres protagonistas), pasaban por allí y la vejaban, no físicamente, sino que se metían en ese mundo de ella, donde hasta tenía un cementerio propio para enterrar a sus muñecas, un mundo muy mágico y loco... Después hice "La Raulito en Libertad", también dirigida y con libro de Lautaro Murúa; fue fallida, hizo agua por muchos lados... Yo la hice por enamoramiento con el personaje, a pesar de que había muchas cosas que no me convencían; porque tenía ganas de hacer un personaje argentino, que hablara en argentino, porque hablando con la "c" y con la "z" era muy difícil para mí encontrar una verdad; también porque me iban a pagar muy bien y porque se suponía que iba a ser exitosa. Falló todo. No fue éxito, se estrenó, fatalmente, en un mal momento; mi arreglo económico fue desastroso, terminé sin cobrar un peso... Fue todo mal, pero me sentí muy bien haciendo ese personaje. Yo contabilizo un poco las cosas por cómo me sentí. Me sentí bien o mal, y de acuerdo a eso me sirve o no me sirve...

continúa en la Segunda Parte.

Fernando de Rosario compartió esta nota. Muchas Gracias!!!

No me importa lo que digan

1975 – Revista Antena

Marilina Ross

“No me importa lo que digan”


Nos encontramos en la puerta del Canal 13. Y decidimos tomar café en un barcito que dista a cincuenta metros. Pocos segundos de marcha, pensarán ustedes. Sí, eso sería lo normal. Pero en estos momentos Marilina Ross se halla en su punto más alto de popularidad. Y entonces caminar esos escasos metros nos llevó varios minutos. Porque Marilina debió firmar innumerable cantidad de autógrafos. Luego, ya en la charla, nos habló de ello. Y de todo lo que hace a su tarea artística. También, un pequeño comentario, muy significativo, a propósito de su vida sentimental. Ésta es una síntesis de lo conversado.

* "Mucha gente piensa que he dado marcha atrás en mis conceptos artísticos. Y por eso se oyen algunos comentarios desfavorables por mi participación en "Piel Naranja". No me importa lo que digan, no voy a entrar en polémicas. Simplemente lamento su error. Porque yo nunca dije lo que ellos creen haber escuchado. Si hace falta vuelvo a aclarar que yo sólo estoy contra los programas para elites, eso no me interesa. Un actor debe trabajar para todos. Cuidando, sí, la calidad. Y yo creo que el programa de Migré alcanza esos objetivos: es un autor talentoso, que sabe bien lo que quiere. Y por eso me siento feliz de participar en el ciclo."



* "Vivo la etapa más feliz de mi vida... Me siento bien... Y no me preguntés más. No me gusta hablar sobre mi vida privada. Siempre fui igual. Imaginá el resto."

* "Espero con toda ansiedad el estreno de "La Raulito". Creo que es una gran película. Y de ello habla su selección para el próximo Festival de Moscú."

* "Es muy posible que en julio viaje a España, para presentar un disco que grabé con producción de Piero. Varios temas de ese LP me pertenecen. De realizar el viaje voy a tener que grabar varios capítulos del teleteatro."


* "Por el momento no tengo planes para hacer teatro. No sé, no siento la necesidad por ahora. Debe ser porque estuve quince años sin descanso sobre los escenarios. Tengo varias ofertas para volver con "Solita y Sola", que fue un gran éxito de café-concert, pero por el momento voy a continuar con mi idea: un largo descanso."


Esta nota la compartió Danny de Toronto, Canadá. Muchas Gracias Danny!!!

Estoy orgullosa de no estar en cierta televisión

Jueves 29 de enero de 2004 – Revista Veintitrés

MARILINA ROSS, SU INTENSA VIDA Y SU FUGAZ REGRESO A LA PANTALLA CHICA CON PIEL NARANJA

“Estoy orgullosa de no estar en cierta televisión”

Hizo historia en TV con La Nena y en cine con La Raulito. Acompañó a Perón en su retorno de España. Sufrió censura y exilio. Se refugió en la música. Adora a Migré y sólo por él vuelve brevemente a una tele que ya no le gusta.



Por: JOSEFINA LICITRA

Marilina Ross no volvió del infarto. En mayo de 2002, un síncope y una angioplastia hicieron de Marilina otra mujer. Ya no canta (dice que le falta el aire, pero en realidad no tiene ganas), ya no actúa (buena parte de la televisión le desagrada) y pasa los días en su casa de Palermo Hollywood: una construcción antigua que conserva el aire verdadero que Palermo Hollywood le quitó a las cosas. Compró esta casa cuando estaba enamorada.

- Es hermosa, lástima la separación. Cuando es uno el que se queda, quedan también los recuerdos-, dice con la voz seca y reposada.

A Marilina le sobran recuerdos. Sólo por citar los que son públicos, está su protagónico en La nena (la telecomedia que, en los ’60, transformó su cara de ángel en un ícono de la televisión); su participación en Cosa Juzgada (una representación de casos policiales reales, hecha por el grupo Gente de Teatro de David Stivel); su composición en La Raulito, su exilio, su regreso, sus nueve discos. En el medio también está Piel naranja, el novelón que hizo con Arnaldo André en 1975, y que terminó hace dos décadas con un final que hizo llorar al país: Clara (Ross) y Juan Manuel (André) habían sido asesinados por el marido de ella.

Ahora, Alberto Migré decidió resucitar a Juan Manuel y hacer Piel naranja, años después: una continuación de cuatro capítulos, producida por Cuatro Cabezas, que termina el próximo sábado y que cuenta con una única aparición de Marilina Ross en televisión.

- Se supone que era una sorpresa para el público, pero Clarín habló de más. La vuelta de tuerca que le encontró Migré es muy linda y sorpresiva.

- En Piel Naranja hay una ganadora de reality. ¿Qué piensa de los programas como Lux Star, que son semilleros de “artistas”?

-¿Artistas? ¡Un artista es otra cosa! Si querés hacer un trabajo digno tenés que estudiar mucho y tener los ojos muy abiertos en la vida, para luego poder pintarla.

- ¿Y cómo espectadora, le gusta esta nueva Piel Naranja?

- Me encanta, adoro a Migré. Es más: también me tragué Piel naranja, el original, hace dos años por Volver. Felizmente, mi mala memoria hace que me hubiera olvidado todo.

Marilina y Arnaldo André, en Piel Naranja versión 1975

Todo lo que no está en su memoria, está en sus carpetas. Las fans le regalan biblioratos llenos de recortes: fotos viejas, notas adulonas, producciones estilo Caras en versión años ’60: “Marilina Ross y Emilio Alfaro (su marido de entonces) disfrutan del esquí en el Tigre”. Marilina hojea las notas y se ríe: una risa como una tos suave.

- ¿Vive de recuerdos?

- No, porque no me alcanzaría la vida. Ahora vivo el aquí y ahora. Leo a Osho.

- ¿Y eso qué quiere decir?

- Que busco las respuestas en mí. También leo a Chopra y a Krishnamurti… No es de ahora: empecé en los ‘70. Buscaba en los libros lo que no encontré en la política: justicia social. Pero después vino el Proceso y empecé a preguntarme si la respuesta había que buscarla afuera o adentro, en cada uno.

- ¿Entonces ya dejó de ser peronista?

- Nooo, menos ahora. Me gusta lo que está pasando con Kirchner. En todo América Latina estamos viviendo un momento histórico en el que podrían cumplirse muchos de los deseos del General.

- ¿Es cierto que estuvo en chárter que lo trajo de regreso?

- Sí. Yo estaba haciendo teatro, me disloqué un hombro y me enyesaron. Se suspendió la obra. Ahí supe que buscaban gente de la cultura que pudiera ir. Y dije: “Yo puedo. Total, con este yeso imposible trabajar.”

- ¿Qué sintió dentro del avión?

- Que estaba metida en la tapa de un cuaderno Rivadavia. Era testigo de un hecho histórico. Yo soñaba con la vuelta de Perón. Pensaba que era la solución de todo. El pasaje me lo pagué yo, porque nunca pertenecí a ninguna cosa orgánica. Yo, por ejemplo, hacía trabajo en villas, pero no adoctrinamiento. Era hacer arte, darles lo que ni ellos sabían que existía. En los ’70, los artistas éramos muy molestos para ciertos grupos.

- ¿De cuántas maneras le manifestaron que usted era molesta?

- Me prohibieron. Los programas, de golpe, me dejaban afuera sin explicaciones. “No vengas porque se rompió una cámara”, esas excusas. No me podían nombrar. Finalmente me llegó un papelito, como a tanta gente, que decía: “O abandonan el país o serán ejecutados en el lugar donde se los encuentre”.

"Una terapeuta me contó que logró sacar a un pibe del autismo con una frase de Puerto Pollensa: 'Pánico porque me rechazarás'. Eso es eterno, es lo que más feliz me hace"

A pesar de las amenazas, Marilina hizo La Raulito en 1974 y recién se fue a España en 1976. Allá, por esa película, recibió el Fotogramas de Plata a mejor protagónico: un premio que disputó con Jack Nicholson, Al Pacino, Liv Ullman y Dustin Hoffman. La Raulito le abrió las puertas del cine en Europa: hizo cuatro películas, pudo haber hecho carrera. Pero no. Ella sentía que se moría.

- Entre morirme allá de pena y morirme acá a balazos, preferí morirme acá. Era llanto tras llanto, así que en el ’81 volví y dije: “Que sea lo que Dios quiera. Si sobreviví a La Raulito, bien puedo sobrevivir a esto.”

- ¿Por qué “sobrevivió” a La Raulito?

- Porque la filmé en las calles de Buenos Aires amenazada de muerte. Fueron dos meses de rodaje en los que no me reconocía ni mi madre.

- ¿Fuera del rodaje usted seguía con el personaje?

- Sí. Mi analista me llegó a preguntar cuánto faltaba para terminar la filmación. Si entraba a un bar a buscar un sándwich para comer, me gritaban: “¡Roñoso, rajá de acá!”. No podía ir ni al baño, no me paraban los taxis. Una vez estaba sentada en un umbral, esperando para que me filmaran, y salió un portero y me dio una patada en el culo. Es increíble cómo pasé de ser Marilina Ross, una privilegiada a la que le decían “pase por acá”, a ser nadie. Y sólo por estar sucia y mal vestida.

- ¿Y por qué no se bañaba después de grabar?

- Porque quería ser La Raulito las 24 horas. En esa época tenía un novio que estaba furioso. El pobre no sabía qué hacer conmigo. No podía dormir en la almohada de plumas y me quedaba dormida en los umbrales. Un horror. Mi compañero hasta me puso un sobrenombre: El Sore.

- ¿Ahora tiene novedades de la Raulito original?

- Todo el tiempo. En su cumpleaños le llevo una torta con los jugadores de Boca. Más de una vez ella me dio ánimo a mí.

- ¿Cuándo fue la última?

- Cuando pasó lo del corazón. Y el día que murió mi madre cayó en casa por primera vez, de casualidad. No sabía que mi mamá estaba mal. Cuando llegó, yo acababa de venir de la Chacarita.

Su padre, Enrique Parrondo, fue mozo. Su madre, Jesusa Lazaun Ross, fue ama de casa y la responsable de que Marilina se dedicara al arte. A los ocho años la llevó a clases de actuación: desde entonces estuvo en la compañía de Luisa Vehil, integró el grupo Gente de Teatro de Stivel, y se transformó en joven celebridad con La nena.


Con Osvaldo Miranda, en La nena.

- Todas las notas de los ’60 tienen el título “Ya no soy una nena”. ¿Estaba harta del personaje?

- Muy harta. La nena se levantó por mí. Al quinto año dije: “No lo hago más”, y eso que tenía contrato por diez años. Largué en pleno éxito, con cuarenta puntos de rating. Hasta me ofrecían el doble de plata, pero yo no quería morirme siendo “la nena”.

- ¿Cómo vivió la aparición de las primeras arrugas?

- Con felicidad. Yo nunca podía hacer personajes de mi edad, que tuvieran que ver con mi pensamiento. En algún momento la vejez me dio mucho miedo, pero no ahora. No me siento una señora de sesenta. Me siento muy vital, aún cuando pasé por momentos de mucha angustia, sobre todo después del infarto.

- ¿La angustió enterarse de que a usted también le va a llegar…?

-Eso por un lado. Y por otro, la limitación de la libertad. Siempre hice lo que quise y ahora no puedo. Tengo que estar cuidándome de todo. Yo adoraba el jamón crudo y nunca más pude comerlo, tampoco milanesas, que era mi plato preferido. Y encima este enfisema que me trae conflictos porque ahora no me da el aire…

- ¿Por eso desde hace tres años que no saca un disco?

-Sí. No creo que saque más discos ni que componga más. No tengo nada nuevo para decir. Ahora me voy a dedicar a hacer videos. O quizás vuelva a actuar… lo que no quiero es estar en televisión sólo por estar ahí. Es más: estoy orgullosa de no estar en cierta televisión, con tantos programas de chimentos y poco espacio para los actores.


Y como La Raulito.

-¿Qué cosas suyas cree que quedaron en la gente?

-La Raulito va a quedar. Puerto Pollensa también. Una terapeuta me contó que logró sacar a un pibe del autismo con una frase de Puerto Pollensa: “Pánico por que me rechazaras”. Y eso es eterno, es lo que más feliz me hace.

-Muchas lesbianas tomaron esa canción como una bandera personal. ¿Qué le parece?

-Odio que sea una bandera, porque eso sería una limitación. Puerto Pollensa habla de amor. Nunca pretendió ser un emblema gay. Es sólo un tema que habla de mi historia, porque me enamoré en Puerto Pollensa, en Palma de Mayorca. Todos mis temas siempre hablaron de mí, de cosas que me marcaron con fuego.

-¿Alguna vez hizo una canción contando lo del chárter?

-No. Lo más cercano es “La chacarera del Nunca más”, que retoma muchas ideas del General. Me acuerdo que me dieron una medallita de recuerdo por haber participado del chárter. Y yo encima la perdí, en un programa de Badía: me robaron una bolsa con mis recuerdos más valiosos.

-¿Qué más había en la bolsa?

-Un cuaderno escrito por la Raulito, de puño y letra. La foto de Luisa Vehil, que me dedicó cuando yo tenía 17 años, cuando recién empezaba, hablando de que yo tenía futuro. El libro de Carlos Mugica, una foto de Evita, el I-ching que me traje de España… Pero bueno. El I-ching era fácil de reponer.