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Si comentan qué bien maquillada está, no es un buen trabajo

Del libro "Luz, cámara, memoria. Una historia social del cine argentino", de Fernando Ferreyra (Corregidor, 1995)

El cine suele ser muy cruel. La cámara revela si el actor miente o transmite. Uno lo siente con la cámara y como espectador. A mí me motiva un actor al que le creo, el que tiene verdad.

Entrevista a César de Combi

"Si comentan qué bien maquillada está, no es un buen trabajo"

De estirpe de maquilladores, César de Combi ha maquillado desde Mirtha Legrand hasta Eva Perón. En 1990 cumplió 50 años con el cine argentino. Porteño, ingenioso artesano, hasta artistas de Hollywood se asombraron con sus técnicas de improvisación. Fue el primer maquillador de Canal 7, consolidó uno de los trabajos más aplaudidos de la historia de la televisión: la caracterización de Narciso Ibañez Menta en la versión de El fantasma de la Ópera.

Por: ABEL LANGER

Si bien hice películas muy importantes, La Raulito fue una de las que me dio más satisfacciones. Cuando uno ve una persona que está maquillada para una filmación, advierte efectivamente que ha sido maquillada para una película. Maquillada en función de la parte técnica. Es decir, según el celuloide, el tipo de filmación. Lo que ocurre es que después, en la pantalla, no se nota el maquillaje.

Sin embargo, La Raulito se filmaba con cámara oculta, en la calle. Entonces nadie debía darse cuenta que era una actriz. Cuando se trata de algo así me baso en lo natural. En ese caso, la verdadera Raulito estaba presa en el hospicio de mujeres. La gente de la producción me había dicho "andá, es buena tipa, pero lo que pasa es que por ahí te insulta, te pelea, y por ahí no, te besa". Pero como teníamos que filmar una secuencia, que era el hospicio, en el Hospital Alvear, tenía que maquillar a la gente como si fueran internados. Para no pecar y hacer una cosa que no fuera lo lógico, fui al hospicio. Recorrí todo y cuando voy a salir -había tres o cuatro escalones- veo un chico con la camiseta de Boca, pantaloncito, mirando para arriba hacia una ventana. Decía "ahora van a hacer una película mía, la de la Raulito". Subí los escalones, me puse de frente y le pregunté ¿decime vos sos Raulito?. Me dijo que sí. ¿Y vos sabés que yo soy el maquillador?, le dije. Ahí empezamos a charlar. Estuvo maravillosamente. De las cosas que me contó se podían hacer veinte películas. Mientras ella me hablaba yo estudiaba todo su físico, para ver si pescaba algo de mujer. Y nada, en absoluto. Tenía el pelo mal cortado, la nariz medio torcida, una cicatriz en la ceja. Cuando llegó el momento de preparar el maquillaje, lo hice. Hicimos las pruebas y daban perfectas. Le dije a Marilina que tenía que cortarse el pelo muy cortito, lo mismo las uñas. "Me lo corto en la peluquería", me contestó. No, le dije. "Esos chicos no se cortan en la peluquería, se cortan entre ellos. Yo te tengo que destrozar el pelo, cortártelo muy mal. Vos tenés la ventaja que, mientras te crezca, te ponés una peluca". No le gustó mucho pero lo hizo. Se lo corté de espalda para no hacerlo como en la peluquería. Lo mismo con las uñas: "Esos chicos no se las cortan, se las comen". Le destrocé las uñas a Marilina. ¿Por qué? Porque yo puedo hacer el mejor maquillaje del mundo, y si me olvido de un detalle de la mano, y se la pone un actor en la cara, se nota. A Marilina le puse hasta lagañas. Le estropeaba los dientes con un material especial que se pone entre las piezas. Le quedaban como cariados. En la oreja le ponía suciedad. Íbamos a filmar a Retiro, y después que la maquillaba arrastraba a Marilina por el suelo para que se ensuciara. En ese momento no le gustaba mucho, pero hoy es el día en que todavía me lo agradece.

En La Raulito preparamos el tema del maquillaje dos meses antes. No se debía notar el maquillaje porque toda la película se filmó con cámara oculta.

Habían hecho un armatoste que decía Obras Sanitarias de la Nación. Lo ponían en el medio de la calle y adentro estaba el cameraman. Filmábamos en Constitución, y Marilina con el nene -que en verdad era una nena y la acompañaba a todos lados- estaba con chicos reales. Los que vivían en la estación. A propósito de esta situación hay anécdotas sensacionales. Una vez, uno de esos chicos no recibió propina cuando abrió la puerta del auto. Entonces Marilina le golpeó la puerta. El chofer le dijo "pibe, vení". Y cuando Marilina metió la cabeza adentro del auto, le encajó una trompada. Marilina se la tuvo que comer.

Otras veces, para cambiar las escenas que seguían, nos juntábamos en un bar a cinco cuadras de Constitución, todos desparramados para que nadie se diera cuenta. En una mesa, Marilina con Lautaro Murúa, que le daba las instrucciones. Después, por ejemplo, me sentaba yo con ella para hablar sobre el maquillaje. Un día Marilina estaba hablando con Lautaro, y en determinado momento dice "perdón, esperá un segundito, voy al baño". Y fue y se metió en el baño de mujeres. Fue el gallego, el mozo, y la sacó a patadas. Claro, para el mozo era un chico.

Nunca hubo una persona que se diera cuenta del maquillaje.

Pero lo más grande es lo siguiente. Las películas, se sabe, no se filman siempre en continuidad con el libro, se van aprovechando los lugares. La Raulito se empezó por el final. Cuando la Raulito rompe un vidrio en Necochea, roba una pelota y va por la playa corriendo hasta Mar del Plata. Primer día de filmación. Habíamos hecho pruebas y estaba todo fenómeno. Pero cuando fuimos a filmar, y Marilina estaba junto a los otros chicos, se notaba la diferencia. Al lado de los chicos reales se advertía la piel distinta. Le comenté a Lautaro y al iluminador, Miguel Rodríguez, que se notaba, que así no iba a dar. Era un problema. El maquillaje no daba la suciedad de esos chicos. Por más que se laven, no se les va. Están como percudidos. ¿Con qué maquillé, entonces, en toda la película? A ella le doblaba un poquito la nariz. Con un arito de corcho que le ponía adentro de la nariz. No era maquillaje. Hacía eso y le torcía la nariz. El tajo en la ceja lo hacía con látex, y era una cicatriz. ¿Qué es lo que me dio el percudido? Quemaba un corcho y le hacía unos manchones en la cara. Después me mojaba la mano y se la pasaba por toda la cara. Así me daba la sensación exacta.

Ese maquillaje me dio muchas satisfacciones. Embromaba a todo el equipo permanentemente. "No me quiten el corcho de la caja de maquillaje, que es importado".

Es el ingenio argentino. Es lo que explicaba Fernando Lamas a Esther Williams, cuando le comentaba lo que yo hacía. Le explicaba que De Combi no maquillaba con maquillaje. Fernando le decía a Esther que aquí se creaba.


Muchas Gracias Fernando por aportar esta nota y Silvina por tipearla.

Noche femenina en Parque Centenario

Domingo 22 de enero de 1995 - La Nación

Noche femenina en Parque Centenario

Recital de Silvina Garré y Marilina Ross al aire libre, en Parque Centenario.

Silvina Garré: Melodiosa simpatía (Foto de Rafael Yohai)

Por: DANIEL AMIANO

Hay familias felices en el parque. Termo en mano y reposeras son los elementos indispensables para relajarse un rato: los mayores, cerca del escenario, mientras los chicos disfrutan el verde y los juegos.

Mucha gente llegó anteanoche al Parque Centenario para escuchar a Silvina Garré y Marilina Ross, dos intérpretes que en los últimos tiempos tuvieron una actividad muy discreta en esta ciudad.

Canciones con todos

La encargada de abrir el fuego fue la rosarina Garré, quien con un top de cuero negro (del tamaño de un corpiño) y una mini del mismo color, más sus ojos de siempre, subió al escenario para recorrer algunos clásicos de su carrera solista.

La comunicación con el público es fluída, y la simpatía de Silvina ayuda para que la gente la acompañe en sus melodías conocidas como "En blanco y negro", "Quien quiera oír que oiga" y "Tréboles de cuatro hojas". Fue un show breve pero efectivo que culminó con Marilina Ross en el escenario para hacer a dúo "Se fuerza la máquina".

La gente entró en calor y brindó el aplauso más intenso de la noche.

Amor ecológico

Entonces Marilina quedó sobre el escenario para su show. Hace un buen tiempo que no se presenta en lugares grandes, a pesar de haber editado hace poco tiempo "De amor y de locuras", su último álbum.

El clima que crea es de mayor intimidad apenas comienza su set, con "Sin red", y se extiende hasta los últimos acordes de la noche.

No hay cambios notables. Ella está entre la nueva era y el amor al prójimo y a uno mismo, a través de melodías que parecen reiterarse pero que no obstante su público gusta reflexionar nuevamente. Noche de mujeres y amores en el parque. La gente, agradecida.


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!

Reencuentro


1995 – Revista Viva, Diario Clarín

Marilina Ross y La Raulito

Reencuentro


Hace 20 años Marilina Ross interpretaba para el cine un personaje que ella juzga como el mejor de su carrera como actriz: "La Raulito". La película estaba inspirada en la vida de María Esther Duffau, un ser marginal que nació mujer pero que sobrevivió en la calle como hombre. Fue entonces cuando ambas se conocieron y arrimaron sus vidas distantes. Hoy, cuando ya pasaron dos décadas de aquel éxito cinematográfico, Viva las reunió una vez más. Pero ellas nunca dejaron de hacerlo: se hicieron amigas y siempre estuvieron en contacto. Después de todo, a partir de esa película y cada una a su manera, comprendieron que había otras formas de recibir y dar amor.

Por siempre amigas. Saben todo la una de la otra. Marilina no se quedó en la anécdota de haber interpretado a un personaje marginal. Ni la Raulito con todos los casetes que tiene de su ídola. Nunca se perdieron de vista. El día del estreno de la película, la Raulito le regaló a Marilina una cartita que todavía guarda. Y Marilina le mandó otra, desde el exilio, contándole que estaban filmando "La Raulito en libertad", la segunda parte, que se estrenó en 1985. Con la vuelta de Marilina al país y su nueva carrera de cantautora, la Raulito fue a varios de sus recitales. El 26 de julio pasado la Raulito cumplió 62 años. Marilina se los festejó en un bodegón de Palermo, con una torta en forma de cancha de fútbol. Ahora siguen en contacto por teléfono. "El otro día la llamé al Rawson para saber cómo estaba, y ella terminó levantándome el ánimo a mí. 'No te entregues, Marilina', me pedía". Y las dos se emocionan.


Así eran sus vidas a mediados de la década del 60: tardes de tevé con mucho ráting para una, frecuentes noches de bastones largos para la otra. Navegaban por mares opuestos, incompatibles. Una era la estrella en ascenso de la pantalla chica; la otra, una marginal con domicilio intermitente en la calle, la cárcel o un hospicio. Hasta que un día sus naves se entrelazaron y empezaron a detenerse en los puertos más insosprechados. Desde entonces, ninguna de las dos volvió a ser la misma. Y en algún punto, hasta mezclaron sus aguas.

Aunque Marilina Ross y "la Raulito" no se conocerían personalmente sino hasta el verano de 1974, varios años antes una ya sabía de la otra. Desde el televisor a válvula instalado en la sala de alguna prisión, María Esther Duffau -la verdadera Raulito-, miraba cómo "La Nena" con cara de eterna adolescente le hacía de las suyas a su papá Osvaldo Miranda. Marilina Ross, por su parte, empezaba a sentir que la ropa de nena empezaba a quedarle chica y sospechaba que había otros talles más grandes que podían calzar en su sed de actriz comprometida: la historia de aquella muchacha con vida de muchacho de la que había escuchado hablar, podía ser un buen punto de partida.

Después de cinco años de éxito casi sin sudor que protagonizó en el viejo Canal 13 con "La Nena", entre 1965 y 1970, Marilina quería transpirar en serio. Otro programa mítico dirigido por David Stivel, "Cosa juzgada", le abrió las puertas de la madurez. Fue durante ese ciclo cuando la escritora Martha Mercader comentó el caso de una mujer que vestía y jugaba al fútbol como un hombre, con veintidós fugas seguidas por encierros en cárceles y cotolengos, más algunos intentos de suicidio. Esa historia cruda y casi anónima fue la semilla que hicieron germinar Juan Carlos Gené y David Stivel para el argumento de uno de los capítulos de "Cosa Juzgada". Corría el año 1969 y la actriz que se probó la piel de "La Raulito" fue, claro, Marilina. "Desde entonces -cuenta hoy la cantautora mientras le da un mordisco a su sándwich de crudo y queso-, no dejé de decir que quería hacer 'La Raulito' en cine."

Mientras Marilina crecía -"La Nena" ya era una señora casada con el actor Emilio Alfaro, un matrimonio que casi arañó la década-, la Raulito no sabía cómo frenar su descenso a los infiernos. El mismo día que ella nació, el 26 de julio de 1933 en el hospital Tornú de Villa Urquiza, su madre moría de tuberculosis. A los seis años, un padre alcohólico la internó en el Preventorio Rocca porque no tenía con qué mantenerla. A los diez empezó a escapar. "Como al gorrión, a mí me tiraba la calle", dice la Raulito con acento cayengue. Y fue en la calle que entendió que ser un varoncito era mucho menos peligroso que ser una nena. Con su nueva identidad se convirtió en un clásico "chico de la calle". Y fue en un potrero de barrio donde la vio Armando Bo, que la llamó para su película "Pelota de trapo". La barra de pibes que se juntó para el filme le puso Raulito. Pero a la par de sus múltiples oficios -lustrabotas, changarín, repartidor de carne-, se sucedía un circuito que fue, durante años, siempre el mismo: de la cárcel a algún instituto neuropsiquiátrico, otra escapada y de vuelta a empezar.

Cuando los '60 quedaron atrás, Marilina seguía con ganas de meter su vida de actriz en esa otra vida que la intrigaba hasta la obsesión. Después de años de insistencias, logró que la historia de la Raulito fuera escrita para la pantalla grande. A Marilina solo le faltaba conocer frente a frente el rostro verdadero de su historia de ficción. "Lautaro Murúa, el director de la película, no quería que conociera a la Raulito -recuerda hoy la actriz-. Bah, no necesitaba que la copiara." Pero la ansiedad pudo más. "Y me fui a verla al Hospital Moyano, donde estaba internada, con una radio de regalo." La acompañó Jorge Martínez, que tenía un papel en la película y que además era su pareja por esos años. La última conocida, porque después de "La Raulito", Marilina cambiaría hasta su manera de sentir el amor.

"Fue lo más logrado que hice como actriz", dice hoy Marilina Ross cuando juzga su trabajo en "La Raulito".

Hoy no tienen dudas que ese encuentro las marcó para siempre. "No imaginaba que podía existir alguien que hubiera vivido todo lo que había vivido la Raulito, y estuviera allí encerrada -dice Marilina-. Ese día fue impresionante. Yo sentí mucha ternura... Fue un flechazo, ¿no, Raulito?

Y la Raulito le contesta que sí. Son las siete de la tarde en la confitería de la Bombonera. Las dos están sentadas en una mesa tomando Coca-Cola y fumando los 'Gitanes' de Marilina. Pelo cortito teñido de rubio, la cara maquillada para las fotos y enfundada en un equipo de gimnasia de tela brillante azul y amarillo, la Raulito se desespera por contarle a Marilina cómo va Boca, por mostrarle los baños limpios del "club-Boca-Juniors-es-un-sentimiento" -así le dice-, y ponerla al tanto de cómo vive en el hogar Rawson, su casa desde hace un par de años. Está más flaca que unos meses atrás. "Es que hace quince días estoy a sopa, Marilina. Me tienen que operar la vesícula y no puedo comer nada. Cada semana me dicen: 'La que viene te operamos'. Recién cuando explote se van a dar cuenta que es demasiado tarde."



La Raulito habla segura y da la impresión de que nunca dio el brazo a torcer. Como cuando el mozo de un bar le negó un sandwich aunque ella tenía plata para pagarlo. Rompió vidrios e hizo estallar los potes de mayonesa contra las paredes del bar. O el día que le puso llave a la puerta del despacho del juez Ledesma, con juez adentro y todo... "para que supiera lo que es estar encerrado", interrumpe Marilina que sabe la anécdota.

Con el flequillo sobre los ojos, Marilina escucha atenta todo lo que cuenta la Raulito y comprende. Filmando su historia, conoció esos capítulos de desprecios y malos tratos. "Una vez, vestida como la Raulito, me senté en un bar y pedí un tostado. El mozo me atajó: '¡Salí de acá, roñoso!'. Me enfurecí y me dije, ma sí, que se enteren que estamos filmando. '¡Yo soy Marilina Ross y tengo plata para pagar!', le grité. Pero rotosa como iba, ni mi madre me reconocía. Además tenía que ir al baño de los hombres, como ella, porque en el de mujeres me sacaban a los gritos. "Casi termina a las piñas con un par de chicos de la calle, que a esta altura eran sus pares, y hasta padeció algo de lo que la Raulito siempre se cuidó. "De andar sucia y metida en cualquier lugar, pesqué una ladilla -explica Marilina-. Pero no entiendo cómo el simple hecho de estar mal vestida puede convertirte en una porquería a la que se puede maltratar. Por eso la entiendo a la Raulito."

Marilina reconoce que cuando dejó de ser la Raulito, ya era otra. "De ser la niña mimada, la bien tratada y exitosa, pasé al anonimato, a pegar piñas y a recibirlas. Mi analista preguntaba cuándo termina la filmación", recuerda. La película se estrenó en 1975, el mismo año en que la actriz se codeó con otro éxito de su carrera, el protagónico en la telenovela "Piel naranja", de Alberto Migré. La cortina musical de ese ciclo llevaba la voz de Marilina en las estrofas de "Quereme, tengo frío", una tema que la catapultó como cantautora. Pero sobre el cielo argentino -el mismo cielo que en 1972 atravesó el charter que trajo de regreso al país a Juan Domingo Perón, y en el que también viajó Marilina-, corrían oscuros nubarrones que luego amordazaron su voz: empezó a ser censurada y en 1976 eligió el camino del exilio con proa a España.

Para María Esther Duffau, la Raulito, las cosas también cambiaron. Solo que en vez de encontrarse con quien realmente quería ser, descubrió que por primera vez podía ser alguien. Empezaron a hacerle notas en los medios. Las autoridades de turno le prestaban más atención a su destino desbocado. Hoy, a los 62 años, está aprendiendo a sumar y restar con su maestra Rosita en el club Boca Juniors; le "manguea" al presidente del club y al ministro Cavallo para comprar comida y estufas; se bajonea cuando pierde Boca; abraza fuerte y lagrimea por ahí cuando se siente sola.

Tal vez la pantalla de cine fue milagrera. Después de estrenada la película, la Raulito no volvió a ninguna cárcel. Marilina cuenta que los médicos se empezaron a preocupar más por su caso. "Descubrieron que era alguien. Ella siempre había sido la persona maravillosa que es -dice Marilina, los ojos brillantes-. Sólo que los demás, no lo habían notado."

Marilina Ross recuerda sus éxitos y vuelve a ser actriz

Domingo 11 de junio de 1995 – Diario Crónica

MARILINA ROSS RECUERDA ÉXITOS Y VUELVE A SER ACTRIZ

La cantante Marilina Ross acaba de reeditar dos importantes discos de su carrera: su primera producción, “Estados de ánimo” (1974) y “Soles” (1982), la más exitosa de todas las que creó.

Además adelantó que retomará su carrera de actriz: “Después de mucho tiempo voy a volver al cine para una película de Alejandro Doria, lo que marcaría mi regreso como actriz después de “La Raulito”.

Desde 1992, cuando grabó su último compacto “De amor y de locuras”, Ross realizó presentaciones en el ciclo “Clásicos populares” del Teatro Municipal General San Martín y ofreció una serie de conciertos recreando clásicos tangos de la guardia vieja en el pub La Casona del Conde de Palermo.

“La gente de la distribuidora insistió en reeditar estos dos hijitos míos que tantas satisfacciones me dieron, como ‘Estados de ánimo’, mi primer disco y ‘Soles’, que marcó un momento especial de mi carrera”, expresó la cantante.

“Pasaron muchos años desde el ’74 hasta el ’82, cuando pude volver a grabar. Por eso, éstos son los discos más queridos e inolvidables de mi vida”, explicó la cantautora. Según Marilina “si bien algunos temas se quedaron en el tiempo, sobre todo en cuanto a las historias y los textos, otros mantienen su vigencia, como ‘Escaleras mecánicas’, ‘Pasaje de ida’ o ‘Casi sin querer’”, subrayó.

En la versión original “Estados de ánimo” contó con los arreglos y la dirección musical de Oscar Cardozo Ocampo; canciones como “Quereme tengo frío”, “Voy a hablar de mi amante” y “Fotos mías” marcaron el comienzo de Marilina Ross como compositora.

La cantante comentó que, por el momento no está en sus planes grabar un nuevo material: “En principio porque el trabajo que me llevó hacer “De amor y de locuras” me agotó”.

Con más de 20 años de trayectoria, la cantante aseguró: “El paso del tiempo me hizo ver ese gran circo que significa hacer un disco nuevo, y quiero analizar muy bien los pasos a seguir”.

“Estamos viviendo un fin de siglo muy precipitado, muy shopping, donde lo único que vale es lo que se cotiza en bolsa” –opinó la autora de “Puerto Pollensa”-.


Desde el rinconcito, esta nota la compartió Christian. Muchas Gracias Chris!!!

Marilina canta el tango

Sábado 22 de abril de 1995 – Clarín Espectáculos, Artes & Estilos

MARILINA CANTA EL TANGO

Pasados los 50 años, Marilina Ross piensa en volver al cine, se hizo un lifting y se anima a abordar el género musical que más la emociona, simplemente para darse un gusto.

No será la primera vez que Marilina Ross se le atreva al tango: el público, dice, siempre le pide "Balada para un loco".

Por: PATRICIA VELTRI

“Voy a hacer una travesura” se ataja Marilina Ross antes de hablar del recital de tangos que prepara para esta noche. Si bien no será la primera vez que su público la vea interpretar este género, la novedad es que no incluirá ninguno de los temas de su repertorio. “La idea surgió porque no me gusta encasillarme: cuando era actriz, me largué a cantar; cuando cantaba temas de otros me puse a componer. Me siento incómoda con los límites”, cuenta en un restaurante de Palermo Viejo, vecino a su casa, mientras alterna un sorbo de agua mineral con una pitada a su cigarrillo rubio.

Jura que sus reuniones con amigos siempre terminan con ella entonando un tango acompañada por la guitarra porque “me produce emoción. Es con lo que más me encuentro. Y eso se me debe notar porque en los recitales la gente me pide que cante alguno, sobre todo Balada para un loco”.

A poco de cumplirse 20 años del estreno de La Raulito, la película que la consagró como actriz, Marilina estudia un proyecto de Alejandro Doria para volver al cine con un protagónico. “Todavía no quiero contar nada. Pero confieso que la cuestión me inquieta un poco. Mi último trabajo como actriz en la Argentina fue en el ’75 (después lo hizo en España donde estuvo exiliada). Espero que esto sea como con la bicicleta: una vez que uno aprende, no se olvida más.”

Cruzada la barrera de los 50, quien fue rotulada como La nena incluso mucho tiempo después de haber terminado ese éxito televisivo de los 60, se miró al espejo un día el año pasado y decidió hacerse un lifting. Pero aclara: “No tengo ninguna historia con el paso del tiempo sobre mi cuerpo. Me saqué la papada porque me molestaba pero las arrugas alrededor de los ojos las sigo teniendo. En relación a la vejez sí le tengo miedo a estar mal de la cabeza y a las enfermedades que te hacen depender de los demás”.

Acerca de la experiencia tanguera que hará en la Casona del Conde de Palermo, Marilina no da títulos porque dice que no tiene nada programado: “Voy a hacer tangos contemporáneos acompañada por José Colángelo. Insisto, es una travesura. Me voy a dar el gusto y después veo. Por ahí lo sigo haciendo o por ahí, nunca más”.


Desde el rinconcito hacia el mundo, esta nota la compartió Christian. Muchas Gracias Chris!!

1995 MARIA CANTA EL TANGO

María canta el tango
Recital inédito en La Casona del Conde



01 - Las cuarenta (Francisco Gorrindo - Roberto Grela)
02 - El corazón al sur (Eladia Blázquez)
03 - Yuyo verde (Homero Expósito - Domingo Federico)
04 - Cautivo (Luis Rubistein - Egidio Pittaluga)
05 - Nada (Horacio Sanguinetti - José Dames)
06 - Soledad (Carlos Gardel - Alfredo Lepera)
07 - Los mareados (Enrique Cadícamo - Juan Carlos Cobián)
08 - Che, bandoneón (Homero Manzi - Aníbal Troilo)
09 - Qué vachaché (Enrique Santos Discépolo)
10 - Discepolín (Homero Manzi - Aníbal Troilo)
11 - Tormenta (Enrique Santos Discépolo)
12 - A un semejante (Eladia Blázquez)

Descargar el disco


Contiene fotos del recital

Fotos de María canta el tango

En 1995 Marilina realizó el recital "María canta el tango" en la Casona del Conde de Palermo. La acompañaban José Colángelo en piano y Cacho Giannini en bandoneón. Las siguientes fotos pertenecen a ese recital. En la primera de ellas se la ve de espaldas junto a Giannini. Por el gran éxito de público, entre los que se encontraba Carlos Carella, Marilina tuvo que agregar una función además de la que había programado para el día 22 de abril.



Las fotos las compartió L. Canaves. Muchas Gracias!!

La información sobre el recital se la debemos a la memoria de Rinconcito. Muchas Gracias, Chris!!