Marilina en "El mundo de Antonio Gasalla"
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Marilina Ross: veinte años de vida musical
Marilina Ross: veinte años de vida musical
Marilina Ross había editado no hace mucho su sexto y penúltimo disco "Mis hijos naturales", nombre alegórico dado a los frutos de su fantasía. Hoy aparece con su séptimo registro grabado, "Conectándome" -un intento más por llegar al ser humano para hacerlo reflexionar sobre su condición- coincidentemente con esta actuación que forma parte del mencionado ciclo de recitales en el Coliseo.
Marilina también tomó contacto con sus seguidores y conquistó nuevos oyentes en julio pasado, con su espectáculo "Por un nuevo ser", basado en propuestas filosóficas apócrifas, pero imbuidas de un espíritu humanista, pacifista y altruista.
- No apoyo nada que sea sectario. Asumo lo que me conmueve, para aprender a ser humana. Cuando llegó a mis manos ese escrito (que congeniaba con mis canciones) no supe de dónde venía, ni quise sacar partido. No acostumbro a levantar banderas. Del texto, me cautivó la idea de unificación. Y eso prendió entre los jóvenes. Estuvimos casi dos meses con Mahler (en el teatro Adán). No pensé que tanta gente iba a concurrir dispuesta para escuchar esto, cuando mi presentación era el anti-show, con velas y sahumerios.
Marilina: testigo de su tiempo
Por pura coquetería Marilina esconde la picardía de su mirada tras sus anteojos oscuros. A cambio, ella nos regala su sonrisa juvenil, la misma que ha cautivado a cinéfilos y espectadores.
De todos modos nos queda la certeza de que, detrás de la belleza de ese rostro, vive una persona inteligente, cálida, dueña de una coherencia poco común en el mundo de la canción popular y un compromiso real con su época.
Marilina no ha dejado de ofrecer recitales "más normales" para dar a conocer sus últimas obras.
- Todavía conservo el recuerdo del recital que ofrecí en abril en Barrancas de Belgrano ante doce mil personas, dice con un guiño perturbador. Es hermoso trabajar en un gran espacio donde se reúnen los más diversos estratos sociales y edades. Todos los artistas populares debieran hacer esto, porque la gente se siente feliz al tomar contacto con la obra de uno. Me acuerdo que hubo un corte de luz por un rato. Nadie se movió. Todos esperaron. Allí se producía una ligazón por puro sentimiento.
No obstante admite que ella prefiere lo teatral. Le gusta armar un espectáculo donde todo, desde las luces hasta las canciones, diga algo.
El nuevo disco de Marilina -cuyos temas cantará en el recital del Coliseo- contiene, por ejemplo, la contrapartida de aquello que sostuvimos con total naturalidad por mucho tiempo, cuando jugábamos al "Antón pirulero".
Me di cuenta de lo pernicioso de ese juego como sinónimo del "sálvese quien pueda" y de la anti solidaridad. Para eso escribí "Un inocente juego". La otra canción nueva se llama "Adictos" y trata de la adicción a la televisión, expresada en la atadura a una pantalla, en el encierro, el sillón, el rol de mero espectador, el vivir vidas ajenas, el tomar modelos for-export, el ver con naturalidad la guerra y los amores novela. También escribí "Che, grandulón", dedicada al ser humano viejo, con ínfulas de triunfador, y "Somos parte de lo mismo", para recordar que los seres humanos nos necesitamos mutuamente.
Los caminos interiores
Marilina confiesa que estas canciones son fruto del acopio de experiencias y que su propósito es transmitírselas al prójimo.
- ¿Hubo un cambio de temática?
- Mi cambio empezó en España los últimos años del 70, con el dolor de no vivir en mi país. Primero emprendí un viaje interior hasta descubrir que "aunque no lo veamos/el sol siempre está". Después recorrí el camino de la duda. Esto me permitió convencerme de que no me importaba la fama ni el dinero, sino solamente volver a mi país. Así regresé en el 80 a morirme de hambre, prohibida, cantando en algún pub y escribiendo nuevas canciones. Quise comunicar lo que me había pasado. Había emprendido un camino contrario al aconsejado: actriz-dinero-fama-poder.
Marilina compone sus baladas para reflejar historias. En este último trabajo el ritmo pop asoma de la mano de Ángel Mahler, junto a Oscar Kreimer en saxos, Alejandro Seoane en guitarra y algunas cuerdas de la Camerata Bariloche. En este caso para intentar un ritmo vivaldiano, que en el disco tiene sonido holofónico (ese invento del argentino Hugo Zucarelli).
Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota!!
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Un álbum con fotos, un fresco profesional
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"La Nena" cumplió los 25
Marilina Ross festejó alborozada un cuarto de siglo en el mundo del espectáculo. Actriz o cantante, siempre el éxito
"LA NENA" CUMPLIÓ LOS 25
“Veinte años no es nada/ que febril la mirada/ errante en las sombras/ te busca y te nombra...” Para Marilina ya son veinticinco años cumplidos con un único y gran amor: el espectáculo. Y la recordada y querida "Nena" aún mantiene febril la mirada, que con todas las luces del éxito la busca y la nombra. Y entonces rememorando una vez más las estrofas de Gardel y Lepera podemos permitirnos afirmar que para ella "veinticinco años no son nada". Para algunos continuará siendo "la Nena", el papel que con tanta ternura desempeñara junto a un actor como Osvaldo Miranda, y para los más jóvenes será la cantante que transmite constantemente en cada una de sus canciones un mensaje de amor y paz.
Y al cumplirse tantos años de un compromiso con la gente, con la música, y en definitiva con la vida, no se trata de hacer un balance, un control de cuentas, sino simplemente de sentir esas pequeñas emociones que hacen a una mujer como Marilina Ross.
"Yo no puedo explicar este fenómeno que se da entre el público y yo. Simplemente siento que voy pariendo canciones que tienen que ver con las cosas que a ellos y a mí nos pasan diariamente. Yo rescato ante todo al ser humano, y para esto me presento sin disfraces, sin caretas; podría decir que voy por la vida en carne viva. Y mi objetivo en este largo camino es llegar a esa lucecita que siempre nos marca, no es, como en otros tantos casos, una perseguida estatuilla..."

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Marilina, o el equilibrio
Marilina, o el equilibrio
Ante un teatro Coliseo completo, Marilina Ross se presentó el viernes, en el marco del ciclo "Los Grandes". Con dirección musical de Ángel Mahler, Ross repasó sus veinticinco años con la canción y ofreció sus últimos temas. Con enorme sencillez y calidez su espectáculo es un canto esperanzado, dos horas de dinámico afecto.
Marilina Ross, ante su regreso; el viernes emocionó a todos sus seguidores en el teatro Coliseo.Como una voz amiga que se acerca a la gente con una carga enorme de afecto, Marilina Ross sigue conectándose con el público (nunca mejor puesto el nombre a un disco suyo), a través de su bagaje de canciones, que llevan a la final conclusión que la economía de recursos puede no estar reñida con la capacidad ni mucho menos con el asombro.
El recital del viernes, ante un Coliseo casi completo, proyectó otra vez esa imagen de cantautora singular que, sobre una base de melodías simples y de letras también diáfanas, de gran poder de comunicación, (tal su lógica y transparencia), se las arregla para cantar con su voz chiquita y describir una visión del mundo en la cual existe la posibilidad de mejora, el horizonte seguro, la certeza de la redención a través de valores permanentes como la sinceridad y el genuino amor.
Marilina (responsable de la puesta en escena y de la dirección), se las arregló para hacer una rápida cabalgata de sus veinticinco años con la canción, en donde un baúl casi mágico, un arcón de los recuerdos, sirvió como excusa escénica para hilar los temas y dar sentido totalizador al espectáculo, que fue armado respetando escrupulosamente la cronología.
El repertorio fue avanzando a través de sus discos: Estados de ánimo, Soles, A mis queridos seres, Cruzando las grandes aguas, Mis hijos naturales y Conectándome. La intérprete, quien saca singular provecho de su garganta, que emite una voz maleable, pero de cortas posibilidades de juego, no ha variado en su modo de escribir piezas. Continúa privando en ellas cierta mixtura donde conviven la alegría, miedos y soledades, con un sello nostálgico marcado; el amor para Marilina va más hacia allá de lo obvio -la pareja-, encaminándose hacia alguna religiosidad, al recuerdo de su familia y al hombre común de la calle.
Casi todo el recital fue ocupado por sus temas de ayer, siendo el último sector el elegido para lo nuevo.
Cantó En este mismo momento, Adictos, “Eungenio” Salvador Dalí y la canción que da el nombre a la última placa. Una coloratura pop surge de la mano de Ángel Mahler, el tecladista que acompaña a Marilina aportando lo justo para el lucimiento de ésta, en un marco donde prima la palabra y lo musical se ubica en un segundo plano.
Quereme (tengo frío), Jesús, querido hermano, Basurero nuclear o Carta a papá completaron, por citar algunas canciones, la nómina del ayer de la baladista. Marilina suena como una canción amiga en un mundo desquiciado. Aporta buen gusto y equilibrio y esos dos elementos fueron apoyados por el correcto desempeño de Pablo Richeri (ingeniero de sonido), Carlos Juárez (operador de luces), Trentuno (efectos especiales) y Oscar Kreimer (músico invitado).
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El arcón de la memoria

Esta noche, y como parte del Ciclo de los Grandes que se está desarrollando en el teatro Coliseo, Marilina Ross recorrerá sus casi veinticinco años de historia, en un espectáculo que servirá como aperitivo para la presentación oficial de su reciente y séptima producción, bautizada CONECTANDOME.
"En el Coliseo el único elemento escenográfico será un arcón lleno de telaraña y de allí empezaré a sacar cosas y más cosas; será una recorrida por los casi veinticinco años que llevo componiendo. Es una especie de balance y despedida, porque promediando el recital volveré a meter todo eso dentro y, al tratar de levantarlo, me daré cuenta de que pesa demasiado. Y como no se puede andar cargando todo eso en la vida, me autoconvenceré en público de la necesidad de dejarle espacio a las cosas nuevas. Ese será el momento de algunas de las composiciones recientes". Las palabras de Marilina Ross apuntan, estrictamente, a lo que pasará esta noche en el teatro Coliseo, cuando su presencia contribuya a lo que dio en llamarse El ciclo de los grandes.
Su "séptimo hijo", como ella gusta llamar a Conectándome, la última placa que aparecerá a la venta en menos de una semana, tendrá, por otra parte, una presentación oficial que no será la de esta noche, sino que se desarrollará a fines de septiembre en el teatro Opera.
Este nuevo disco es, según la autora, bastante más moderno pero a la vez absolutamente variado. No se circunscribe a un ritmo sino a una sumatoria de ritmos y melodías donde la letra, como siempre, es lo que más importa. Cada tema es una conexión con algo especial, como Un inocente juego, que habla de eso "a lo que todos jugábamos de chicos sin darnos cuenta siquiera de lo que estábamos diciendo". Me refiero al Antón Pirulero, esa idea subyacente del sálvese quien pueda, aún pisándose la cabeza al de al lado y para el que, si encima no te ocupabas de vos, tenías una prenda, un castigo". La canción, que será el caballito de batalla en la difusión, propone -sobre el final- un cambio, un juego común, porque nunca la salida es individual".
Somos parte de lo mismo, segundo tema en la misma cara, es todavía más explícito: "Solo no podrás/ porque somos parte de lo mismo/ todos vamos evolucionando/ y seguimos transitando el camino/ hacia la luz total" Marilina pretende desarrollar aún más idea y acota que esa luz es la desmaterialización.
Hace mucho tiempo...
"Componer para mí siempre fue un hobby, porque vivía de mi trabajo de actriz. Lo hacía sin ninguna expectativa, y tenía mucho miedo de sacarlo, miedo a que no quisieran a mis hijitos como yo los quiero".
Allá por el '65 se ocupó de las canciones del primer café concert de la Argentina, el Café Teatro Studio. Un año más tarde, bajo el sello Trova -que más tarde quebró- la Ross largó un primer simple que, "no vendió ni un surco". En el '68 volvió a probar y no pasó nada "y me mandé a guardar, pero seguí componiendo". En el '74 su amigo Piero la conminó a grabar un L.P. con todo lo que tenía archivado, y un año más tarde apareció Estados de ánimo, con un exitoso debut gracias a Alberto Migré, quien utilizó el tema Quereme, tengo frío como el leit motiv de su novela Piel Naranja. "Justo cuando la cosa empezaba a funcionar vinieron el golpe militar y otros tantos años de espera. Exilio en España y recién en el '82 volví a grabar Soles, gracias -entre comillas- a la guerra de Malvinas. Fue espantoso pero real. Les faltaba material argentino porque el inglés no se podía escuchar y entonces un día los tres sellos para los que yo estaba terminantemente prohibida me vinieron a pedir que grabara".
Marilina, que desde chiquita se considera "samaritana", piensa seguir cantando hasta que le dé voz. "La comunicación no se va a cortar. No puedo dejar de fumar, así que la garganta no me durará mucho, pero no importa, seguiré componiendo y cantarán otros que tengan mejor voz. La cosa es seguir dando".
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La música ante todo
Más de veinte años de vocación... y devoción
El viernes a las 22, en el Coliseo, en el "Ciclo de los grandes", Marilina Ross festejará y pasará revista a sus 20 años con la música, acompañada por el tecladista Ángel Mahler. La cifra es aleatoria: hace 23 años que grabó su primer disco, con sus musicalizaciones de poemas de Paco Urondo y Elsa Jascalevich, pero venía componiendo desde mucho antes. Actriz por imposición familiar y presión social, Marilina asegura que su vocación siempre fue la música; no se considera cantante, pero afirma que "nadie va a contar mi historia mejor que yo".
Por: SIBILA CAMPS
-Veinticinco años atrás, ¿qué te llevaba a expresarte en parte actuando y en parte cantando?
-En principio fue la música lo que más me gustaba; por eso tomaba poesías y trataba de ponerles música, no confiaba en lo que yo podía decir. Pero la música estuvo siempre, desde chiquita.
Creo que fui actriz, al principio porque mis padres querían que lo fuera; después, porque la sociedad "me enseñó" que lo importante era tener fama y tener dinero. Cuando me pregunté qué quería ser, ya era actriz (entré al Labardén a los 8 años). No era una vocación, mi vocación era la música. Si hubiera podido elegir, habría estudiado música... que no estudié nunca. Toda la energía estaba puesta en la actriz, y la música quedaba para los ratos libres, el hobby era tomar la guitarra y ver qué salía.
-¿Qué tipo de poetas elegías para musicalizar?
-Primero trataba de sacar los temas que me gustaban. Así empecé a hacerme amiga de la guitarra: con cuatro tonos era capaz de trasportar cualquier canción. Cuando intenté hacer una letra, me salió bastante fea y apelé a los que sabían hacerlas mejor. Y hubo un momento en que empecé a tener confianza en mí; creo que fue cuando compuse Canción de cuna para despertar a un hijo, en el '67 o '68.
-¿Qué fue lo que hizo que te sintieras más segura?
-Seguí trabajando con Cristina Banegas, con quien hice bastantes canciones, entre ellas Carta a papá, El hacedor, Voy a hablar de mi amante, Pasaje de ida, Fotos mías. Luego empecé a valorarme yo, a adquirir más seguridad, me fui permitiendo más cosas.
-¿Qué tiene de egoísta y qué de generoso el cantautor, teniendo en cuenta que por lo general interpreta únicamente sus propias composiciones?
-Un cantautor no es básicamente cantante. No es mi caso, mi fuerte no es cantar. Yo no puedo tomarme el atrevimiento de cantar un tema ajeno y pretender hacerlo bien. Cuando hago temas ajenos (en mis discos siempre hay alguno) es porque llegaron a conmoverme de una forma muy profunda. Danza, por ejemplo, es un tema de Ivano Fossatti que a mí me hizo mucho bien cuando estaba en España; y todo eso que a mí me sirvió cuando lo escuché y lo cantaba en mi casa para salir del pozo, sentí que era necesario que ayudara a los demás; me sentía como una especie de intermediaria. En eso creo que no hay egoísmo.
Por lo demás, entre otras cosas tengo mi limitación vocal, no abarco más que una octava; entonces no tengo más remedio que hacer solo mis propias canciones, y en una tesitura bastante reducida. Pero en el fondo, creo que no pasa por ahí; pienso que tengo algo que decir, y que quiero decirlo.
-Interpretar implica actuar, en tanto es jugarse por un concepto, por un significado. El cantautor puede pasar a actuar situaciones diferentes, pero no esencias diferentes.
-¿Esas esencias se fueron modificando en estos 25 años?
-Hay muchas canciones que me han quedado viejas. En alguna he hablado del amor como de una propiedad privada, de algo que me pertenece, y ya no vivo el amor como una persona que está a mi servicio. Tengo una visión menos terrenal; puedo ver las mismas cosas desde un sitio un poquito más elevado, y donde el árbol tapa menos el bosque.
-¿Hay temas que te piden y ya no querés cantar más?
-Sí, y los canta la gente. A veces me canso de decir siempre lo mismo. No quiero que se mecanice, que me ocurra como cuando era actriz, que tenía que repetir todas las noches la misma letra, pues llegaba un momento en que no creía en lo que decía. Sigo cuidando y respetando mucho a la canción.
-Para eso estarían las canciones nuevas; para decir lo mismo con otras palabras.
-Claro.
-Es decir lo mismo con otras palabras, más allá de la maduración que pueda alcanzar cualquier creador, puede ser tomado como un símbolo de coherencia, o como un símbolo de reiteración. ¿Cómo lo ves en tu propio caso?
-Me costó muchísimo juntar el material del nuevo disco. Inclusive tuve una crisis: pensé que no tenía nada más que decir y que no compondría más. Y después de la crisis aparecía la lucecita que me decía "Bueno, pero también se puede hablar de esto otro", y ya no tanto desde mí. Me puse más en observadora, a ver qué pasaba a mi alrededor. Por eso el nuevo disco se llama Conectándome... con las plantas, con los que se conectan, con lo viejo, con lo nuevo, con lo que hay que cambiar, con lo divino, y con ustedes, con los demás.
-No contestaste la pregunta.
-Es que no es nada fácil, y la estoy pensando. En este disco tengo una canción aparentemente de amor, pero desde la antiheroína, algo que no había hecho nunca; hay otro tema, Adictos, que habla de los adictos al televisor; Este dolor es un bolero; Veranito de invierno es barroco, con la Camerata Bariloche; hay un tango reo, antiguo, varios pops y solo dos baladas, no me repito.
-¿Dónde encontrás vos la coherencia?
-Dentro de esa incoherencia de géneros musicales, quiero que haya coherencia en lo que se dice, y que lo que se diga tenga el envoltorio musical necesario. La coherencia está en el hecho de que la vida es tan rica e inagotable, que nunca van a terminar de aparecer cosas por las cuales cantar, ya sean positivas o negativas. Nada está quieto, nunca nada es igual. Entonces es difícil repetirse.
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